RAÍCES: El concepto de identidad nacional

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El concepto de identidad nacional es fundamentalmente una construcción cultural. ¿Qué es el panameño? Aparte de ser un gentilicio respetable, resulta difícil adelantar una definición completa, abarcadora y definitiva. Parte dicho concepto de una interpretación histórica para imaginar el destino de una sociedad como nación.

Desde Justo Arosemena en su utopía geográfica y transitista del Estado Federal de Panamá de 1855, hasta Patricia Pizzurno en 2010 ha transcurrido más de un siglo y medio de reflexión sobre la identidad panameña, con solo algunos momentos verdaderamente relevantes.

En el concepto de identidad nacional los orígenes son importantes y así lo comprendieron los intelectuales más destacados.

El problema principal es que Panamá alberga una sociedad de orígenes geográficos, raciales y culturales muy variados y con una conciencia relativamente reciente y moderada de su unidad, con un pueblo que hasta 1900 era pequeño, analfabeta al 85%, de apenas 300 mil habitantes, que vivían dispersos, aislados y en gran parte desconectados entre sí y que todavía, hoy, parecen dudar en imaginar un porvenir conjunto, tal como aparece en recientes reivindicaciones de etnia mediante ideas más bien de inspiración anglosajona.

Durante todo el siglo XX quizás el elemento aglutinante de una forma de conciencia nacional fue la lucha para solucionar el defecto fundacional de la República como un protectorado estadounidense, con la Zona del Canal en el corazón del istmo, que creaba otra realidad geográfica, cultural y anímica, que denuncian de manera desgarradora las novelas de Joaquín Beleño. Situación que, resuelta gracias a los Tratados Torrijos-Carter de 1977, nos ha dejado en cierta forma huérfanos de motivación unitaria y abiertos a la disgregación.

En el siglo XX, el tema del origen fue esencial, llega hasta la literatura y desborda en las ciencias sociales. Octavio Méndez Pereira en su novela sobre Vasco Núñez de Balboa plantea varios mitos originales del siglo XVI, mientras que Hernán Porras intenta una interpretación sociológica y Ricaurte Soler una más bien dialéctica de corte marxista sobre nuestra indentidad; Diego Domínguez Caballero y Ricardo Arias Calderón lo hacen desde la vertiente filosófica cristiana.

Hoy, Ana Elena Porras en su Cultura de la Interoceanidad, de 2005 y Patricia Pizzurno en sus Memorias e imaginarios de identidad y raza en Panamá siglos XIX y XX, de 2010, desde sus orillas antropológica la primera e histórica la segunda, ofrecen nuevos y valiosos elementos de reflexión al diminuto mundillo intelectual panameño. En las tres ediciones de La Población del Istmo de Panamá del siglo XVI al siglo XX (1979 a 1998), pude plantear, mediante un método de investigación geohistórico, también elementos que pudieran contribuir a examinar mejor, con base en datos históricos y geográficos, el tema de la identidad panameña.

En 1965 Rodrigo Miró Grimaldo en su célebre ensayo Integración y Tolerancia, los Modos de Panamá, trata de explicar por la moderación panameña nuestra singularidad.

Existen, además, dos grandes corrientes que resumen la dicotomía entre los que fundamentaban la identidad panameña en la región de tránsito, su gente variopinta y su manera de ser, cosmopolita, tolerante, abierta al mundo y dedicada a los intercambios comerciales y humanos, y la región rural, el interior del país más agrario e hispánico aunque mítico, de mayor dignidad y esfuerzo, del mundo de El Orejano de Belisario Porras Barahona, elevado, desde la década de 1930 por un panameñismo folclórico a la categoría ejemplar. Ahora se añade el “otro”, el “invisible”, de grupos históricamente oprimidos, urbanos y rurales, de las etnias indígenas y de grupos de origen más africano.

Habría, así, varias formas de intentar explicar la realidad de un pueblo y de una nación en construcción permanente de una identidad aún múltiple, que tiene dificultades para imaginarse más solidario y con un destino común que trascienda la historia y la geografía, producto de tantos encuentros y desencuentros entre gentes diferentes que por razones variadas se hallaron, en diversos momentos del pasado, en el istmo agreste y tropical, puerta activa y solitaria entre los dos grandes océanos.

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