Riesgos de estar en todo

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¿Se percata de que la pequeña luz roja del teléfono celular titila sin cesar, mientras sus manos se encuentran en el volante, a la vez que gira una curva en la carretera? ¿O se encuentra trabajando en un informe que debe entregar en unos minutos, a la par que habla por teléfono, mientras observa que ha recibido un correo que lleva días esperando? ¿La ansiedad, la presión o las dos anteriores juntas se apoderan de usted, sus pensamientos y su accionar?

Estas situaciones y emociones son las que suelen ocurrir cada día a quienes se someten al multitasking (en español, múltiples tareas), como respuesta a las altas demandas laborales de hoy día. Es decir, a la realización de varias actividades de forma simultánea, todas diferentes entre sí, en las que se puede hacer un uso cerebral de gran nivel.

Según el neurocirujano José Neira, miembro de la Asociación Panameña de Neurología y Neurocirugía, al realizar un multitasking, se está utilizando todo el hemisferio calculador, es decir, el dominante; aquel que tiene que ver con lo abstracto, como la música, el dibujo y la imaginación, “ya que en dicho hemisferio, en su parte calculadora del temperamento, es donde todo se planifica”.

ORIGEN

“Es una capacidad adaptativa que los seres humanos han empezado a desarrollar a partir de este interés por lo electrónico. Es una visualización rápida, con movimientos de manos y actividades tanto motrices como visuales”, explica el psicólogo Ricardo López, decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Panamá, quien asegura que hay personas con estas habilidades en términos de inteligencias múltiples y que pueden sostener su atención en diferentes frentes.

La psicóloga especialista en educación, Inés Riba Navarro, asocia la aparición de esta actividad con la llegada de la industria de la ingeniería computacional, y “se refiere al procesamiento simultáneo de información. ´¿Quién no ha estado expuesto a tener que realizar varias tareas a la vez?´ Pensemos en el ama de casa, que a la vez que cocina, trapea y arregla el cuarto de los niños; le da de comer al perro y enciende la lavadora, riega las plantas y saca la basura. O la maestra, que al mismo tiempo que desarrolla su plan de matemáticas, atiende diversos estilos de aprendizaje y conductas tan variadas en un aula. O un piloto de avión que debe estar tomando en cuenta tantas variables para llevar a término un vuelo”.

Hay oficios en los que el multitasking es imperativo. López enumera a los “controladores de tráfico aéreo, que sostienen la atención en distintas actividades al mismo tiempo, o capitanes de barco o de avión, donde se realizan actividades de precisión en medio del riesgo; pero es recomendable que las jornadas de trabajo sean más cortas y el descanso prolongado”.

Sin embargo, la psiquiatra Juana Herrera, del Instituto Nacional de Salud Mental del Ministerio de Salud, añade áreas laborales en las que esta actividad puede perjudicar: la medicina, en especial las áreas quirúrgicas y de urgencias, “donde se trabaja contra el tiempo”; las ejecutivas y periodísticas.

CUANDO LAS COSAS SE COMPLICAN

“Hay factores importantes a señalar en cuanto al multitasking”, afirma Herrera. “Hacer varias cosas sin terminar ninguna podrá generar en el individuo estados de malestar, frustración, intranquilidad e insatisfacción personal, indistintamente de aquellos que tienen la habilidad de realizarlas como de los que no”.

“Con la demanda en el ambiente hoy día, debemos rendir más para cumplir con las prioridades profesionales, así como con las personales. Al hacer múltiples tareas y no priorizar, se generará una gran cantidad de estrés y de ansiedad”, explica la psiquiatra.

Para confirmar lo señalado, un estudio publicado en 2011 por la Universidad de Stanford, Estados Unidos (EU), revela que aquellos que realizan multitasking disminuyen sus capacidades de rendimiento.

“La vida nos exige hacer muchísimas cosas y tenerlas listas. El trabajo a presión, sin una distribución adecuada del tiempo, con los años afectará la salud física y mental. Desmejorará la calidad de vida y aparecerán síndromes afectivos, como la depresión, la ansiedad y agotamiento por exceso de trabajo, lo que deteriorará la salud física y mental”, afirma López.

Entre los síntomas de deterioro físico se encuentran el exceso de sudoración y malestar estomacal, “ya que los cambios neuroquímicos a nivel cerebral generan estados ansiosos”, explica Herrera. “La ansiedad, como componente fundamental del estrés, responde a un cambio neuroquímico de neurotransmisores como la dopamina y la adrenalina, las que son segregadas por glándulas suprarrenales. El estrés sostenido causará daños a nivel corporal, ocasionando enfermedades físicas, como gastritis y trastornos de ansiedad; hipertensiones arteriales y un posible prolapso de válvula mitral, lo que propicia que el corazón lata más rápido”.

PONER UN LÍMITE

En este tema, que va más allá del consejo de “tranquilizar y tomar las cosas con calma”, si no se aprenden técnicas para manejar estos estados de ansiedad, se desencadenarán estados de irritabilidad, cambios bruscos de ánimo, ira, intranquilidad y respuestas corporales y emocionales.

“Para mantener un equilibrio frente a la necesidad de estar activo en el trabajo, es importante enumerar lo que no se puede dejar de hacer”, recomienda Herrera. “Hacer primero lo más importante y urgente. Eso nos ayuda a manejar el tema del estrés y la ansiedad desgastante”.

“Existen otras fases de la vida, como la familia, los amigos y la personal. Hay que hacer un alto, porque se llega a olvidar compromisos como los familiares, y se cumple con el trabajo en función de sacrificar”, expresa Herrera.

JÓVENES

Ricardo López asegura que “a partir de la aparición de los últimos años de la era electrónica moderna, los niños de hoy día se están criando en un ambiente que facilita el multitasking. Tienen una capacidad fluida e intelectual de mantener la atención. Es una cuestión de cambio en las conductas a través de generaciones. Los adultos se sorprenden con lo que un niño puede hacer con las manos, posee mucha más habilidad con los dedos que personas de otras generaciones, y, al mismo tiempo, está viendo, escribiendo y escuchando”.

Riba Navarro coincide en que los cerebros de las últimas generaciones están más capacitados para ser entrenados en el multitasking, pues se ven invadidos por una multiplicidad de estímulos, entre juegos electrónicos, internet, celulares, etc. “Así como para patinar, bailar o practicar algún deporte, hay que gatear y caminar primero, es de suma importancia enseñar al niño a concentrarse en una actividad a la vez y luego al terminar pasar a otra. En otras palabras, ejercitar y lograr perfeccionar las tareas básicas para luego combinarlas”.

“Los jóvenes tienen una ventaja que nosotros no tuvimos, pero a la vez también se presentan desventajas”, previene Herrera. “Ventaja: tienen todo su conocimiento a flor de piel al acceder rápidamente a la información. Desventajas: pueden llegar a acceder a información de la que no están todavía formados mentalmente, donde gente perversa se aprovechar por medio de las redes sociales. A pesar de que tienen una mayor comunicación con la gente, el contacto directo se pierde, como la comunicación personal, afectiva y directa. Se pueden desgastar mucho, llegando a tener un mal rendimiento o dormir mal. Los padres deben tener cuidado sobre lo que proveen y dar límites”.

Para eso, “es imperativo conocer las capacidades individuales y el funcionamiento del cerebro del joven para enfocar la atención y seleccionar estímulos según intereses o prioridades. Para un adolescente que se siente en la capacidad de atender varias tareas al mismo tiempo, hay que supervisar de cerca qué tan bueno es su desempeño en cada una. Evidentemente, las condiciones socioculturales empujan al adolescente y adulto joven a enfrentarse a diversas tareas simultáneamente; el cómo lo logre es otra incógnita”, asevera Riba Navarro.

MÁS QUE BAJAR EL RITMO

Si bien la solución más lógica a cómo remediar lo que provoca el multitasking es bajar el ritmo o tomar una decisión a la vez, esto puede que no sea suficiente. Existen alternativas para soportar el estrés y salvar la estabilidad del sistema nervioso saturado, debido a las múltiples actividades que exige el instante.

Esta solución se encontraría en la meditación, la que en estos últimos años ha obtenido más seguidores y aceptación por parte de la comunidad científica.

Un estudio realizado por los doctores David Levy y Jacob Wobbrock, de la Universidad de Washington (EU), publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, sugiere que meditar reduce el estrés, mejora la concentración y, por derivación, favorece el desempeño del multitasking.

En este experimento participaron tres grupos de 12 a 15 responsables de recursos humanos de algunas empresas. En el primero, recibieron una capacitación basada en la meditación para la atención de ocho semanas. A la vez, los miembros del segundo grupo hicieron un curso de relajación. Y el tercer grupo no hizo nada.

Todos los participantes fueron sometidos al multitasking, como el uso continuo y múltiple de correo electrónico, agenda, mensajes instantáneos, teléfonos y sistemas office.

El grupo que había practicado meditación reportó niveles más bajos de estrés durante el multitasking, a diferencia de los participantes del grupo que hizo la relajación y los del grupo de control.

“Esta actividad de meditación es insólita en el sentido de que intenta aumentar las capacidades humanas, no a través de la tecnología, sino debido a la tecnología, mediante la demanda continua de competencias tecnológicas que se nos exigen y nuestra necesidad de hacer frente a tales requerimientos”, explica Wobbrock sobre los resultados.

“Estos primeros resultados son alentadores para nosotros. La evidencia científica señala que ciertas formas de meditación aumentan la concentración y reducen la depresión y el estrés emotivo. Sin embargo, hasta ahora ha habido poca evidencia directa de que la meditación pueda ofrecer tales beneficios para aquellos que están bajo tensión o en ambientes de alta intensidad de informaciones”, añade Levy.

Con respecto a estas posibilidades de escape, los expertos panameños consideran que no hay que realizar actividades grandiosas para mantener la salud. “Leer, meditar, relajarse y actividad física son cosas que podemos hacer para bajar el estrés, ya que no se trata de vivir por vivir, sino de vivir bien y con calidad”, resalta Juana Herrera.

“No importa el camino a escoger, sino tomar conciencia del porqué se existe y se vive, y qué es lo que hace a uno verdaderamente feliz. Estoy de acuerdo con la elección que se tome de forma autorreflexiva para tratar de mejorar la calidad de vida: meditación, yoga, relajación y psicoterapia. También actividades en los empleos a nivel de desarrollo humano, social, institucional y de organismo, donde se desarrollen programas para mejorar la calidad de vida de los empleados. Es un trabajo que hay que iniciar para mejorar la calidad de vida de las personas”, dice López.

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