Varitas mágicas para padres

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Nancy*, de niña, no recuerda haber recibido un abrazo de su mamá ni de su papá. De la boca de ninguno brotó hacia su hija la frase “te quiero mucho”. Mucho menos le dijeron alguna vez que se sentían orgullosos de ella.

“Éramos muchos hermanos, siempre estaban ocupados”, dice esta mujer que pidió reserva de su nombre. De adolescente pensó que esa carencia de afecto no le haría falta, pero ahora de adulta, al ser madre, ha tenido dificultades para expresarle cariño a sus propios hijos.

Este escenario puede ser insólito para muchos, pero otros se podrán sentir identificados al haber experimentado ese vacío emocional siendo pequeños.

Como la crianza es un asunto que no ha sido analizado científicamente en Panamá, las psicólogas panameñas Anilena Mejía y Paola Blaizes –bajo la supervisión de Rachel Calam, de la Universidad de Manchester (Inglaterra) y de Matthew Sanders, de la Universidad de Queensland (Australia)– se animaron a hacer una investigación sobre este tema.

De hecho, una revisión realizada en 2012 sugiere que solo existen ocho estudios de este tipo en países en vías de desarrollo (ninguno fue realizado en Centroamérica), por lo que es el primero en la región.

Las investigadoras, que presentaron el proyecto en octubre pasado en el XIV Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología, encontraron que algunos padres de la muestra desconocían que tenían que darle afecto a sus hijos y que no contaban con estrategias adecuadas para la buena crianza.

La literatura científica evidencia que uno de los factores que protegen a los niños de incurrir en el futuro en actos delictivos es la crianza saludable, explica Mejía, líder de la investigación, quien estudia un doctorado en Psicología Clínica en la Universidad de Manchester por una beca de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

LA INVESTIGACIÓN

El estudio Previendo dificultades emocionales y conductuales en niños de países de bajo y mediano ingreso a través de la diseminación de evidencia basada en programas para padres utilizó una muestra de 108 padres que fueron reclutados a través de escuelas oficiales.

El trabajo de campo empezó en abril pasado y finalizó este noviembre.

Los padres “fueron reclutados en las comunidades de San Joaquín (Escuela Ascanio Villalaz), Pedregal (Escuela Cirilo Martínez), Juan Díaz (Escuela Ernesto T. Lefevre), 24 de Diciembre (Escuela Emperatriz Taboada), Mañanitas (Escuela Génesis) y San Antonio (Escuela Pedro J. Ameglio)”.

Mejía cuenta que la mayoría de los participantes es de bajos recursos (71% tiene un ingreso familiar por debajo de $300), la mayoría es madre (86%), unidas (79%) y no terminaron la secundaria (59%).

Al momento de ser reclutados, los padres y los maestros reportaban situaciones con sus niños que consideraban difíciles de manejar, por ejemplo, apatía al estudio, peleas con hermanos o compañeros, mentiras y berrinches.

Durante el proyecto se le ofreció a la mitad de los participantes una sesión grupal sobre cómo manejar la desobediencia, pues la otra mitad fue utilizada como grupo control, es decir, de comparación.

Se les ofrecieron estrategias de crianza derivadas del programa para padres “Triple P”, creado en la Universidad de Queensland.

En palabras de Mejía, un programa para padres intenta ser una guía para modificar el comportamiento de los niños.

“Esta sesión de entrenamiento duró dos horas, fue realizada en grupos de ocho padres y facilitada por psicólogos clínicos entrenados. Tomaron lugar dentro de las escuelas oficiales del Ministerio de Educación. Los padres recibieron dos llamados telefónicos de seguimiento y un libro de autoayuda Triple P, al cual podían volver en caso de que se les olvidara alguna estrategia”.

Entre los temas discutidos durante el entrenamiento y en los llamados telefónicos fueron cómo dar afecto a los niños, cómo involucrarlos en actividades estimulantes, cómo manejar el mal comportamiento y cómo reforzar el comportamiento deseado, cuenta Mejía.

“Los padres realizaron ejercicios prácticos y compartieron sus experiencias con otros padres. Uno de los principios básicos de Triple P es promover la autorregulación en los padres. Esto quiere decir, lograr que los padres desarrollen estrategias y conocimientos para convertirse en solucionadores de sus propios problemas en vez de generar una dependencia al programa”.

Aquellos que recibieron el programa fueron comparados con quienes no lo recibieron. Los resultados demuestran que dos semanas después de recibir el programa de crianza Triple P, los niños de los padres que participaron redujeron significativamente sus dificultades de comportamiento, en comparación con el grupo control. Así mismo, los padres también disminuyeron su nivel de estrés y aumentaron su confianza parental (confianza como padres).

ESTRATEGIAS

Una crianza positiva es una crianza en la que el niño se siente seguro con sus padres. El niño debe sentir que hay una relación con comunicación y amor. “En términos más psicológicos, para que haya una crianza positiva tiene que haber afecto por parte de los padres; ese es uno de los principios que enseñamos en el programa. También tiene que haber límites. El papá tiene que saber estrategias para controlar el comportamiento negativo de sus hijos y para reforzar las cosas que el niño hace bien”.

La psicóloga Blaizes, que toma una maestría en psicología clínica en la Universidad de Panamá, menciona que una de las estrategias a tomar con los niños es la de “tiempo fuera”, con la que se le coloca en una esquina o mirando a la pared como castigo tras haber desobedecido.

Otra estrategia que recomienda es la tabla de conducta con todos los días de la semana. En la misma se pueden usar estrellitas o ganchos. Si el niño se porta bien, la cantidad de estrellas o ganchos aumenta a medida que avance la semana.

“Si se porta mal, no tendrá estrellitas. Al final de la semana se hace un reencuentro de cómo le fue. Así, si el niño hizo la tarea se le pone una estrellita; la idea es que reciba una motivación”, dice.

Durante el estudio, anota Mejía, observaron que lo que menos hacían los padres era felicitar a sus hijos cuando sacaban una buena calificación, por ejemplo. “Eso parece tan natural, pero a muchas mamás se les olvida. Eso es lo que llamamos ´reforzar las conductas positivas´, para que estas aumenten y sean cada vez más frecuentes”.

La base de la buena crianza descansa en demostrar el afecto, recalca.

“En el programa decimos que es importante , al menos, cinco minutos al día se le dedique tiempo de calidad al niño. Esto implica jugar y conversar con él, mirarlo a los ojos, pero esos cinco minutos son para el niño. El afecto es clave”, dice.

Las investigadoras enviarán los resultados finales del proyecto en enero próximo a la revista Bulletin of The World Health Organization, de la Organización Mundial de la Salud, para que evalúen su contenido y contemplen su publicación.

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