Virus de la descriminación

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A una de cada 10 personas que viven con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en el mundo se les niega un empleo.

Así mismo, a uno de cada siete individuos VIH positivos no se le ofreció un servicio de salud.

Cerca de 40 ciudades y territorios registran en la entrada o durante la estadía de personas que viven con el virus.

Casi 80 ciudades en el planeta enjuician las relaciones entre personas del mismo sexo.

Estos son algunos de los escenarios de discriminación que actualmente aqueja la vida de las personas VIH positivas que divulga la campaña “Cero discriminación”, de Onusida, en el marco del Día Mundial de la lucha contra el VIH, celebrado hoy 1 de diciembre.

LOS EFECTOS DEL ESTIGMA

El médico César Núñez, director regional de Onusida para América Latina, afirma que se escogió el tema de no más estigma en las personas que viven con VIH porque en este momento, en esta región en particular, la discriminación es probablemente la barrera más importante para acceder a servicios de prevención que permitan reducir las nuevas infecciones por el VIH y al tratamiento para disminuir las muertes relacionadas con el sida.

“Tenemos los medios para acabar con el sida, pero tenemos que hacer frente a las barreras sociales que limitan el diagnóstico temprano del VIH y la expansión de la cobertura a tratamiento antirretroviral”, dice.

Para el doctor Orlando Quintero, director ejecutivo de Probidsida, el temor a infectarse con el virus–que hasta septiembre de 2012 ha afectado a 13 mil 264 personas en el país– es el “monstruo de la discriminación”, que crece como producto de la ignorancia.

El estigma afecta la intimidad de las personas incrementando su vulnerabilidad a la infección por el VIH, recalca Núñez. “Cuando las personas son discriminadas en función de su estado serológico, orientación sexual, o identidad sexual, son marginadas y excluidas socialmente (...) Las personas que sufren el estigma y la discriminación reportan efectos negativos en su calidad de vida como pueden ser la pérdida de ingresos, el aislamiento de las comunidades y grupos de pertenencia (incluida su familia) y la incapacidad de participar como miembros productivos en la sociedad”.

De acuerdo a resultados de encuestas realizadas utilizando el Índice de Estigma y Discriminación de las Personas que Viven con el VIH, los casos de estigma y la discriminación tienen costos psicológicos profundos, dando lugar a sentimientos de culpa, vergüenza y pensamientos suicidas, explica el doctor Núñez.

Dicho documento refleja que cuatro indicadores que son evidencia clara de las formas en que el estigma se manifiesta, se camufla y se naturaliza en los contextos de interacción de las personas que viven con VIH son las murmuraciones, agresiones verbales, agresiones físicas y manipulación afectiva, añade el doctor Núñez.

Pese a esto, se ha logrado cierta reducción de la discriminación, dirigida hacia las personas que viven con el VIH (si se compara con los primeros días de la epidemia) y hacia las poblaciones clave en mayor riesgo frente al VIH, coinciden tanto Núñez como Quintero.

DERECHO

Fortalecer los mecanismos para monitorear y asegurar el acceso a los servicios de salud a las personas que viven con VIH es prioritario, si se toma en cuenta que esto es un aspecto que “requiere mayor atención en la revisión de las leyes relacionadas con el VIH en Panamá, incluyendo el Código Penal y varios decretos ejecutivos”, afirma Núñez.

El doctor Orlando Quintero, director ejecutivo de Probidsida, recalca que aunque ha disminuido la discriminación en Panamá al buscar atención de salud, todavía está presente, pues actualmente se registran casos de pacientes que al comunicarle al personal de salud que es VIH positivo, este último se lo dice a otro funcionario, y “automáticamente todos se enteran, y empiezan a referirse al paciente como ´persona que está con VIH´ o ´persona que está con sida´, haciendo que no lo vean igual que los otros pacientes”.

Aunque pareciera contraproducente, aquellos que conocen perfectamente cómo puede ocurrir la infección con VIH, son los que más tienden a discriminar, señala el doctor Quintero, haciendo referencia a que una pasada investigación realizada en el istmo arrojó que la mayor discriminación de VIH ocurre en los centros de salud.

EL VIH NO INCAPACITA

En Panamá aún algunas empresas le solicitan a sus candidatos que se hagan exámenes de laboratorio, entre ellos la prueba de VIH, lo cual está “terminantemente prohibido”, anuncia Quintero.

Se puede dar otro escenario más complicado, pues pueden pedirle al candidato que se dirija a determinado laboratorio en el que le harán exámenes generales de salud, y sin su consentimiento le toman la prueba de VIH; si esta sale positiva no la consideran para el puesto, explica el médico, quien afirma que “la persona pudo haber sido mucho más competente que otro, pero al salirle la prueba positiva le dicen que no. Estos no son casos hipotéticos”, subraya.

LEYES MÁS RÍGIDAS

Para el represente de Onusida, los esfuerzos para eliminar el estigma y la discriminación deben ir más allá del sector de la salud, y deben abarcar otros sectores, como el educativo, laboral y legal.

“Mayores esfuerzos deben ir dirigidos a comprometer a todos los poderes del Estado, incluidos el Poder Legislativo y Judicial, y deben involucrar a la sociedad civil y personas que viven con el VIH. También se necesitan mayores esfuerzos para informar y sensibilizar a los que hacen las leyes (parlamentarios) y los que las hacen cumplir en materia de derechos humanos en el contexto del VIH”, comenta.

La Ley 3 del 5 de enero de 2000, que abarca las infecciones de transmisión sexual, el virus de la inmunodeficiencia humana y el sida, actualmente está siendo modificada, y que se espera llevar a la Asamblea Nacional el anteproyecto en 2014 para que este sea ingresado.

HACERSE LA PRUEBA ES EL PRIMER PASO

El estigma por el VIH hace que algunas personas decidan no hacerse la prueba, y que si se la hace, y su condición es positiva, no reconozca ni asuma su diagnóstico, recalca el representante de Probidsida, organización que este año lleva como lema “hacerse la prueba es el primer paso”.

“El estigma y la discriminación llevan al temor para abordar el tema (...) No hacerse la prueba de VIH puede traer consecuencias terribles. La persona puede vivir entre 5 y 10 años estando infectado con el virus y transmitirlo a una gran cantidad de personas en ese tiempo. Ese es uno de los factores, yo diría, más importantes” que trae el estigma.

Urge que más personas se hagan la prueba de forma temprana, es decir, en etapa VIH. “Casi el 90% de los diagnósticos de infección por VIH se hacen ya en etapa sida” en Panamá, afirma el doctor Quintero.

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