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El estrés puede ser una de las razones por las cuales no mantenemos la calma cuando tenemos que lidiar con un berrinche.
Como padres de familia, la paciencia se pierde rápidamente y así como los niños lo hacen, nos dejamos llevar por las emociones sin medir las consecuencias de nuestros actos.
Según los expertos, Eisenberg, Murkoff and Hathaway, suficiente es tener ya un niño pequeño en casa para que una explosión de nuestra parte no sea saludable ni para el adulto ni para el niño.
Por lo tanto podemos tomar precaución con ideas y consejos que pueden ayudarnos a mantener la calma.
- Los días de “alto riesgo” son días en donde estamos en con más probabilidades de perder la calma.
Por mencionar algunos están los días cercanos al conocido “PMS” (Síndrome Pre-mentrual).
También pueden servir de ejemplos cuando en el trabajo tenemos presión laboral por las auditorías, si hemos tenido discusiones con el cónyuge o si no tenemos dinero y falta tiempo para recibir el salario.
Días en donde nos sentimos alterados no son los adecuados para llevar al niño a lugares que son más estresantes como ir de compras en busca de zapatos o lugares en donde tenemos que estar supervisando con mayor énfasis.
Lo ideal es hacer actividades con los niños que van a ser relajantes para ambos como una caminata por un parque o bañarse en la piscina.
- Escoja las batallas. El manejo de un niño pequeño no puede ser constantemente un campo de batalla.
Los límites y la disciplina son importantes, teniendo siempre presente que son niños con necesidades específicas a los que hay que dejarles la oportunidad de ganar experiencia.
En otras palabras, no podemos estar regañándolos por todo.
Escoja sus asuntos de prioridad que realmente tienen relevancia para usted y el resto se complementará con el tiempo.
Un niño de tres años está desarrollado mentalmente muy diferente a uno de un año o de dos.
Sencillamente espere que el tiempo madure al niño.
- Si siente que está a punto de explotar, tómese unos minutos y cuente hasta diez, respire hondo, relájese y repita lo que más le funcione: “calma, serenidad, paciencia”. - En vez de gritarle “qué niño tan mal portado”, dígale: “Cuando muerdes a tu mamá (defina la conducta) me enojo (defina su sentimiento) mucho porque me duele (explique sus razones)”.
Los niños aprenderán el manejo de las emociones con su ejemplo.
Las emociones son tal como las siente. Usted tiene todo el derecho de estar enojado, pero es la manera de cómo dirigimos el mensaje.
- Escriba su propio diario. Cuando reflexionamos nuestra conducta por escrito, evaluamos lo que ocurrió, qué pudimos hacer diferente para evitar nuestra explosión y que solución le damos a la dificultad encontrada.
Al escribir se dará cuenta que a medida que ocurren los berrinches aprendemos a manejarlos efectivamente con las experiencias escritas anteriormente.
- Utilice la música relajante. Tenga disponible en el carro o en la casa ese disco compacto que tanto le gusta para calmar las frustraciones.
- La terapia del abrazo es formidable. Al abrazar a su pequeño que tanto amor le da, muchas veces derrite la turbulencia de las emociones y las calma.
- Nunca está de más agregar hacer ejercicio regularmente, disfrutar de masajes relajantes y tener una persona de apoyo en aquellos días que quiere llorar por la presión y desahogar sus penas.
Los padres tienen todo el derecho de sentirse abrumados pero la clave está en buscar la solución de las dificultades. |