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| LA PRENSA/KRT DIRECT |
Durante años he pasado un tiempo muy agradable cultivando plantas de diferentes
tipos. Me da mucho placer tomar una hoja, una semilla o una rama y verlas crecer
como una réplica de la planta original. También he encontrado que
este tipo de propagación me permite compartir los productos con mis amigos
y otros jardineros, dándoles valiosos especímenes de plantas inusuales
o cultivando especies difíciles de encontrar. Me siento muy afortunada
de tener en mi show diario de televisión a algunos de los horticulturistas
y coleccionistas de plantas líderes de este país, explicando las
cualidades y rasgos de algunas de las hermosas especies de flores y plantas que
llenan nuestros jardines botánicos e históricos panoramas.
Una vez, la experta en agave Mary Irish vino desde Arizona a Nueva York con docenas
de pequeños especímenes. Yo mantuve alrededor de 40 de estos, y
desde entonces he propagado docenas de cada variedad. Un experto en clivia vino
a visitarme de White Flower Farm en Connecticut, y en dos años, pude repartir
muchas clivias surgidas de los pequeños brotes de la planta principal.
Gracias a un segmento del programa con un experto en epimedium y a los 20 especímenes
que adquirí antes de que él partiera he podido llenar una gran porción
de prado sin tener que comprar ninguna planta adicional. También pasé
un par de años creando cientos de nuevas plantas a partir del corte de
tallos de geranios aromáticos que descubrí en los invernaderos de
Allen C. Haskell en New Bedford, Massachusetts.
Sin embargo, esta columna no se refiere a esas plantas, o a peonias, lilas o helechos,
todas las cuales pueden dividirse y a su vez ser multiplicadas. Se refiere a mi
amor por las begonias y a mi éxito con la ubicación de las hojas
como un medio de crear cientos de especímenes de plantas que muchos de
mis amigos están disfrutando.
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Yo me interesé por primera vez en estas inusuales plantas cuando estaba
visitando a mis abuelos maternos en Buffalo, Nueva York. Mi abuela colocaba varias
plantas grandes de begonia en su porche y en las repisas de las ventanas de su
comedor. Yo amaba las hojas intrincadas, los extraños colores, los tallos.
Me encantaba limpiar las plantas de mi abuela, removiendo las hojas secas y amarillentas,
recortando las más grandes a fin de dejar espacio para que crecieran las
nuevas. Yo usaba un par grande de pinzas para alcanzar el interior de la planta
y remover las hojas viejas sin quebrar las hojas húmedas — pero quebradizas
— de las viejas begonias. Fue mi abuela quien primero me enseñó
cómo propagar las hojas, y nosotros hicimos esto muchas veces a lo largo
de los años. Yo llevaba en el tren mis hojas con raíces a Nueva
Jersey y las plantaba en macetas llenas de tierra para que crecieran y crecieran.
Hace dos o tres años, cuando el horticulturista Brian McGowan vino al estudio
de televisión en Westport con cerca de 80 especímenes de begonias,
casi enloquecí de envidia. Recordando las lecciones que había aprendido
en mi infancia, le pedí unas pocas hojas de mis plantas favoritas y comencé
mi propia colección. Andrew Beckman (en ese momento mi jefe de jardineros)
y yo cortamos cada hoja en piezas, hundimos las piezas en hormonas, y luego plantamos
sólo los bordes de las hojas en una mezcla de turba y perlita. En un lapso
de tres meses, tuve algunos centenares de pequeñas begonias que fueron
luego plantadas en macetas de 10 centímetros de diámetro, y después
de un mes o algo así en macetas de entre 15 y 20 centímetros de
diámetro.
Seguí diligentemente el programa de riego y alimentación que me
había sugerido Brian, y las plantas prosperaron. Para la primavera del
año pasado, tenía suficientes como para darles a muchos de mis amigos
y a mi familia.
Varias de las begonias se transformaron en plantas grandes que eran especialmente
adecuadas para exhibir en un centro de mesa. Frecuentemente reuní diferentes
tipos de plantas para usarlas como centro de mesa. En mesas largas, una fila de
macetas, cada una con un solo tipo de begonias, siempre luce fabulosa. Otras se
ven realmente lindas en algunos maceteros grandes a lo largo del mantel. Yo pongo
cinco o seis macetas en los tiestos y cubro la tierra y los bordes de las macetas
con planchas de musgo. Con luz indirecta pueden mantenerse, regándolas
diariamente, por 10 ó 15 días.
No sé en qué planta me concentraré, pero me parece que me
estoy inclinando fuertemente hacia la prehistórica y asombrosa “cycad”
y como hay cientos de variedades conocidas, tengo bastante trabajo para encontrar
variedades raras o semillas, y años de placer en hacerlas crecer.