Jueves | 18.01.2007
Datos necesarios para el hogar
Por Martha Stewart
The New York Times Syndicate
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Pregunta frecuente: ¿Cual es el mejor tipo de aceite comestible para sofreír?
Respuesta: Cuando elija un aceite, tome en cuenta tres cosas: la capacidad para resistir el calor, su sabor, y el cuidado de su salud. Aceites vegetales, tales como los de maíz, canola, de uva, de maní, de soya y de cártamo, son muy buenos para sofreír, porque tienen altos puntos de humo (la temperatura a la cual comienzan a humear).
De sabor suave y de color claro, esos aceites imparten escaso sabor a las comidas. Tenga siempre alguno de ellos a mano.
Asegúrese también de contar con una botella de aceite de oliva en su alacena. Ese aceite se ha convertido en una opción popular para sofreír debido a su sabor. El aceite de oliva estándar es el que conviene usar pues tiene un sabor más ligero y es más barato que el aceite de oliva extra virgen.
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El sabor tan peculiar del aceite de oliva extra virgen – el más fino de esos aceites– se descompone a altas temperaturas. Es mejor usarlo para darle el toque final a una comida, rociarlo sobre alimentos cocinados o inclusive incorporarlo a adobos o aderezos.
Los aceites con fuerte presencia de grasas monoinsaturadas o poliinsaturadas y bajos en grasas saturadas –que son causantes de un bloqueo de las arterias– son los más sanos. El aceite de oliva tiene una de las concentraciones más altas de grasas monoinsaturadas, y eso reduce el llamado colesterol “malo”.
Los aceites de canola y de maní proveen también ese tipo de grasas. Las grasas poliinsaturadas pueden ayudar a bajar el contenido de colesterol en nuestro organismo. Esas grasas se encuentran en cantidades substanciales en el cártamo, en el maíz, en la canola y en la soya.
Pero, pese a sus beneficios en materia de salud, esos aceites contienen buena cantidad de calorías (unos 120 por cucharada sopera).
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Por lo tanto, hay que usarlos con moderación, dice Jennifer Duffy, una experta en dietética del Centro Médico de la universidad Baylor, en Dallas.
Ella sugiere usar entre una y dos cucharadas para sofreír carne, y una cucharada o menos para los vegetales.
Sin importar la clase de aceite que usted decida usar, recuerde revisar la fecha de vencimiento. Además, conviene oler y probar el producto antes de usarlo.
El aceite rancio tiene un olor desagradable y un sabor amargo. Almacene toda clase de aceite en un sitio fresco, oscuro.
Otra pregunta frecuente: Las fundas blancas de mis almohadas se han puesto amarillentas. ¿Por qué ocurre? ¿Qué puedo hacer para tratar ese problema?
Respuesta: Diferentes elementos pueden amarillear una tela. Uno de ellos es el envejecimiento. Con el transcurso del tiempo, la tela se oxida y pierde color.
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Almacenar ropas en un lugar muy cálido, como un desván, o cerca de un radiador eléctrico, un exceso de secado en la secadora, o exponerlas a los rayos solares durante mucho tiempo en un tendedero, puede exacerbar el problema.
Las telas también son afectadas por el uso excesivo de detergente o de lavandina, pues dejan residuos que no se eliminan con facilidad, afectando el color. Revise las etiquetas para asegurarse que usa la cantidad adecuada de esos productos.
Y siempre separe la ropa blanca de la ropa de color, y lávela en el agua más caliente apropiada para la tela. El “agua dura”, que contiene minerales que producen manchas amarillas o marrones o que da un tono amarillento a la ropa de cama, también puede ser la causante del problema.
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En ese caso, busque productos para ablandar el agua. Use un quitamanchas que sea seguro para las telas a fin de eliminar el óxido. Ese quitamanchas se puede adquirir en negocios de productos para el hogar.
Para blanquear las fundas de sus almohadas, revise primero la etiqueta donde se informa del cuidado a que deben ser sometidas. Algunas no mencionan lavandina. Eso significa que se pueden usar toda clase de esos limpiadores.
Otras etiquetas, en cambio, especifican que sólo puede usarse blanqueador sin cloro. (Si usted emplea en esos objetos blanqueador con cloro, podrían adquirir un permanente tono amarillo). Y hay otras etiquetas advirtiendo que ningún blanqueador es seguro. Aunque el blanqueador con cloro es eficaz, también puede debilitar la tela.
Por lo tanto, conviene usarlo sólo cuando es necesario blanquear un lienzo. El blanqueador oxigenado, también conocido como blanqueador para toda clase de tela, es más suave que el cloro y puede ser añadido al lavado cada vez que usted desee limpiar ropa blanca.
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Si se usa de manera regular, puede ayudar a mantener la blancura. Pero ésta no retornará una vez se pierda. Blanqueadores y productos que dan brillo a la ropa son una opción para telas que no pueden ser tratadas con lavandina. Ese tipo de productos no eliminan el color. Se trata de tinturas sin color, que dan a la tela la apariencia de algo más blanco.
Si usted prefiere un blanqueador natural que es seguro para la mayoría de las telas, llene una cacerola con agua y ponga algunas rodajas de limón. Hierva el agua y luego apague la estufa.
Sumerja las fundas de almohadas en la solución, durante una hora, y luego lave como lo hace habitualmente. También puede añadir media taza de jugo de limón durante el ciclo de enjuagado de una carga mediana de ropa blanca. |