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Perros con bata blanca (I Parte)
 
Miércoles | 10.07.2007
 

Por: Maite Gutiérrez
Barcelona-España

 
 
MCT Direct
La terapia asistida por animales (TAA) —donde participan animales de compañía en intervenciones terapéuticas— comienza a hacerse un hueco entre las distintas técnicas de salud y, aunque todavía es una práctica minoritaria en España, los seres de cuatro patas ya han cruzado la puerta de casa para instalarse al lado del médico.

La TAA se aplica en personas que requieren una atención especial -sobre todo en los campos de la geriatría, la salud mental y los centros penitenciarios. Ya en el siglo XVIII hubo experiencias con caballos y enfermos mentales en el Reino Unido.

A pesar de que el caballo es el coterapeuta de cuatro patas más antiguo, el que ha alcanzado mayor popularidad y que más se utiliza como ayudante del doctor es el primer animal que entró en la vida del ser humano: el perro.

Por eso los expertos advierten de la necesidad de más controles sobre los centros que se sirven de estos animales, tanto para certificar la cualificación de los terapeutas como para garantizar el bienestar del animal.

El veterinario y etólogo Jaume Fatjó, que además dirige el máster de Etología Clínica y TAA de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB), pone énfasis en que, para empezar, se debería diferenciar entre la terapia auténtica y la simple actividad.

“En muchos centros, sobre todo geriátricos, se utiliza un animal porque se supone que beneficia a la persona que interactúa con él, pero sin hacer una valoración objetiva de si realmente la persona ha mejorado gracias a él; en cambio, con la TAA se evalúa el progreso del paciente, se miden los beneficios”, afirma.

Fatjó remarca el hecho de que aún no existe una legislación que regule la TAA. “De momento se ha conseguido que la Sociedad Internacional de TAA esté fijando una serie de estándares”.

La intención de esta organización es establecer criterios de formación para los futuros profesionales, fijar las prácticas necesarias y marcar un seguimiento común de las terapias, según explica su secretario, Dennis C. Turner, director del Instituto de Etología Aplicada y Psicología Animal de Suiza.

De esta manera —coinciden ambos— la aplicación de la TAA será más rigurosa y se reunirán las evidencias científicas que faltan sobre su efectividad. “Aunque ya tenemos muchos estudios que certifican sus resultados, todavía hay que hacer más investigación, se trata de un proceso lento”, reconoce Fatjó.

Sobre los perros, “no a todos les va bien realizar la terapia con ellos”.

“Hay que analizar qué tipo de animal es el adecuado para cada persona, pero este animal cumple a la perfección con el objetivo de la terapia, que es servir como catalizador de las emociones y facilitar las relaciones sociales”, explica Turner.

MCT Direct
El carácter sociable del perro, su facilidad de adiestramiento y lo económico de su mantenimiento son otras de las razones que para Fatjó han contribuido a convertir al perro en el coterapeuta preferido.

Más allá del famoso estudio realizado hace más de tres décadas en Estados Unidos en el que se demostró que los pacientes dados de alta tras sufrir problemas coronarios que convivían con un perro presentaban una tasa de supervivencia mayor que los que no tenían animal de compañía, los programas de TAA que se están desarrollando en todo el país van recogiendo resultados y formando la base de esta disciplina.

Es el caso de la residencia de la tercera edad de Reus, pioneros en TAA, que adquirieron una pareja de golden retriever hace ya doce años a través de la Fundación Affinity.

“Cuando nosotros comenzamos no había formación específica sobre esta terapia, nos basamos en la bibliografía internacional y fuimos bastante autodidactas, ahora participamos como ponentes en el máster de la UAB”, dice el director del centro, Francisco Fernández Reche.

Uno de sus principales estudios consistió en trabajar con ancianos dementes valorando las expresiones que dibujaban en su cara cuando interactuaban con los perros. “Constatamos que los pacientes se tranquilizaban, tenían menos episodios de crisis y ello contribuía a su bienestar físico y psíquico”, afirma Fernández Reche.

Espere la próxima semana la segunda parte de este reportaje.
 
     
 
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