¡Sorpresa! Estás embarazada. Pero en casa ya había un bebé: tu perro. No puedes evitar preguntarte cómo tomará tu peludo amigo el verse príncipe destronado. De repente te vienen a la cabeza horribles historias de ataques de perros a niños, o que puede provocar una alergia al bebé, o mil cosas más. Tranquila, no es necesario que destierres a tu mascota.
Niños y perros conviven desde hace siglos y, si los casos de ataques aparecen en los periódicos es, precisamente, porque no son lo habitual. Suponiendo, claro, que hablemos de un animal equilibrado, educado, con todas sus vacunas al día y sin un historial agresivo. Esto último es fundamental.
Son muchos los beneficios de criar a un pequeño en compañía de animales domésticos, pero, por supuesto, es conveniente saber a qué atenerse, qué esperar y cómo actuar para que la convivencia entre el bebé y el can sea armoniosa.
No está de más que hables con tu veterinario. Él conoce bien, como tú, el carácter del animal, y puede aconsejarte. También existe la figura del etólogo, experto en comportamiento animal.
La Academia Americana de Pediatría ofrece en su obra de referencia ‘El primer año de tu bebé’ (editado por Bantam Books) varias recomendaciones, que no son sino cuestiones de sentido común, como no dejar nunca solo al bebé con el perro, observar la reacción del animal cuando, al regreso del hospital, el bebé llega a casa por vez primera y enseñar al niño a no acercar su cara a la de la mascota, no tirarle del rabo y tampoco arrebatarle un hueso o un juguete, además de no molestar al can cuando come o duerme.
Así pones los cimientos para que medida que tu hijo crezca puedas enseñarle a tratar con respeto no solo al tuyo, sino a cualquier animal.
ANTES DEL NACIMIENTO.
Pero, más allá de estas recomendaciones de seguridad, es importante que el perro acepte al nuevo miembro de la familia, y esta es una tarea que conviene comenzar antes del nacimiento del pequeño.
Una de las recomendaciones más habituales, tanto de veterinarios como de entrenadores caninos y etólogos, es que antes de llevar a casa al bebé, algún miembro de la familia permita al perro oler una prenda que haya usado el recién nacido, para que el animal comience a distinguir por el olfato al nuevo miembro del clan.
Cuando el bebé llegue a casa, podéis (con precaución) dejar que la mascota huela los pies del chiquitín.
Si os lo podéis permitir, es una buena idea inscribir a vuestra mascota en un curso de obediencia en el que un experto inculque al animal las bases de la jerarquía familiar y refuerce su obediencia al recibir órdenes. Esto servirá para que el perro asuma que el niño está por encima en la jerarquía de la manada, y en el caso de las órdenes, te facilitará la vida cuando, por ejemplo, estés cambiando al bebé y le pidas a tu mascota que se tumbe.
También es aconsejable, según la Asociación Americana de Hospitales para Animales (www.aahanet.org), que antes del nacimiento el perro se acostumbre a los nuevos muebles y objetos relacionados con tu hijo. Dadle oportunidad de olerlos y curiosear para que se acostumbre a su presencia.
Esto es aplicable incluso si no queréis que el perro entre en la habitación del niño. Primero, que la conozca y la huela, y después, enseñadle que no debe entrar.
MIMOS PARA DOS.
La llegada a casa es un momento muy importante, ya que además de la llegada de un "extraño", el perro recibe a su amita, a la que lleva varios días sin ver. Por eso es bueno que haya otra persona -el padre, abuelos, amigos- que al regreso del hospital pueda sostener un rato al bebé para que la madre le dedique unos minutos a la mascota.
A partir de aquí, lógica y prudencia, pero sobre todo sensibilidad: si tu perro estaba acostumbrado a recibir mimos y caricias, a pasar tiempo con vosotros, no le dejéis repentinamente de lado ni le tratéis como a un estorbo o con irritación, ya que esto sólo provocará desconcierto y dolor en el animal.
De hecho, nada es más acertado para vincular positivamente al perro y al niño que ofrecer al animal estímulos positivos en su presencia. ¿Cómo? Muy sencillo. Caricias y premios cuando el bebé esté delante, y si tu mascota necesita una reprimenda, procura que el pequeño no esté cerca. Con estas sencillas costumbres lograrás que tu perro asocie al bebé con cosas positivas.
Lo normal es que tras el periodo inicial de adaptación, aproximadamente un mes, al perro le "guste" el bebé, pero también puede ocurrir que le ignore. No pasa nada, no le fuerces, y verás que con el tiempo, en la mayoría de los casos, no habrá mejor compañero de juegos para tu hijo.