Miércoles | 11.10.2006
La adicción y nuestras familias
Por Lizette González
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LA PRENSA/Jorge Fernández |
Por adicción podemos entender un necesidad imperiosa de obtener algo concreto para sentirnos bien. En muchos casos llegamos rápidamente a la conclusión que es una decisión personal el escoger ser adicto. Esto no es cierto. Cuando tenemos conocimiento de que una persona tiene un problema de adicción tratamos de buscar la razón. Usualmente esto es producto de lo mal que esa persona se encuentra consigo misma.
Encontramos muy natural, tener muchas expectativas sobre los integrantes de nuestra familia; ya sean estos hijos/hijas o esposos y esposas. En algunos casos, como padres ya hemos decidido hasta lo que nuestros hijos deben estudiar sin considerar sus aptitudes y destrezas y sobre todo, sus preferencias.
A ellos le exigimos lo que a veces no pueden lograr y lastimamos su autoestima y sus sentimientos. De esta manera buscan un escape, una salida ante la presión constante que enfrentan.
Cuando la familia impone obligaciones que van más allá de las capacidades de los chicos, podemos estar empujándolos hacia vías de escape inadecuadas pues nunca faltará alguien que quiera llevarlos por otros senderos, como por el ejemplo las pandillas.
Las cosas se tornan cada vez más difíciles cuando se toma el camino de la adicción y el malestar interno aún permanece. La voluntad de una persona adicta no es lo suficientemente fuerte como para resolver los problemas anteriores y no lo será para ayudarse a no ceder ante ella.
La adicción encuentra un camino fácil en algunas personas. Sabemos de gente que quizás en su juventud probó algún tipo de droga y no por eso se convirtió en adicta. Cada persona es diferente y por consiguiente, su cuerpo lo es.
En algunos estudios se ha visto que la herencia juega un papel importante en este aspecto. La adicción tiene ciertas características que le hacen fácil el camino como :
a.- rapidez con que se produce el placer
b.- la brevedad de la duración del placer
c.- la cantidad del placer.
Estas características hacen que se desee repetir la acción que nos condujo a sentir ese placer, una y otra vez, aumentando el umbral de resistencia. |