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Depresión, una epidemia oculta
 
Miércoles | 21.03.2007
 
Por: Josep Corbella
The New York Times Syndicate
 
 

MCT Direct

Más de la mitad de los casos de depresión no se diagnostican, lo que prolonga el sufrimiento de los afectados y reduce sus posibilidades de recuperación a largo plazo, advirtió Enric Álvarez, jefe del servicio de psiquiatría del hospital de Sant Pau, en una conferencia sobre psicofármacos pronunciada en el museo CosmoCaixa.

Parte del problema se debe a que el sistema sanitario no siempre diagnostica correctamente a los pacientes que llegan con síntomas de depresión, que a menudo son ambiguos. Pero una parte aún mayor se debe a que muchos afectados asumen su malestar con resignación y ni ellos mismos ni sus familiares y amigos más próximos llegan a ver que su mal humor, sus dolores de espalda o de cabeza, sus problemas de sueño o su falta de ganas de hacer cosas que antes hubieran hecho –por citar algunos síntomas frecuentes– obedecen en realidad a una depresión.

Psiquiatras de otros hospitales de Barcelona coinciden con el diagnóstico de Álvarez. “Tenemos un gran problema de infradiagnóstico, son muchas las personas que no llegan a recibir un tratamiento que les ayudaría”, señala Antoni Bulbena, jefe de psiquiatría del hospital del Mar.

“Los afectados, especialmente las personas mayores, tienden a aceptar como natural algo que es una enfermedad, y sus familiares también encuentran normal que el abuelo se queje y diga que no está bien”, añade Joan de Pablo, jefe de psiquiatría del hospital Clínic.

Estadísticas

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Pero no se trata de un problema menor. Se estima que un 15% de la población sufre por lo menos un episodio de depresión clínica –que no es lo mismo que el estado de tristeza que se produce tras la muerte de un familiar o una ruptura de pareja– a lo largo de sus vidas.

Por razones que se desconocen, la enfermedad afecta al doble de mujeres (20%) que de hombres (10%). Tiene un impacto económico de 750 millones de euros anuales (998 millones de dólares) en España, según el Libro blanco sobre el coste social de los trastornos de salud mental. Y es la causa número uno de suicidio.

Si hay tantos casos sin diagnosticar, es porque “muchas personas tienen una idea completamente equivocada de lo que es la depresión”, explica Enric Álvarez. “Piensan que es un estado de tristeza y no lo es”. ¿Qué es entonces? “Es una enfermedad del funcionamiento químico del cerebro que afecta a neurotransmisores”, es decir, a las pequeñas moléculas que establecen la comunicación entre neuronas.

La enfermedad se manifiesta en forma de una gran variedad de síntomas, que pueden ser distintos de unas personas a otras, entre ellos la tristeza.
Pero “la tristeza no suele ser el primer síntoma que aparece, ni el más importante y suele ser la consecuencia, más que la causa” de los fallos de comunicación entre neuronas, advierte Álvarez.

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Sintomatología

El síntoma más importante, según el psiquiatra de Sant Pau, “es la baja tolerancia al estrés, es decir, el sentirse incapaz de tomar decisiones o de enfrentarse a situaciones que antes se manejaban sin dificultad”. Recuerda el caso de un paciente que trabajaba en Montjüic y que un día le dijo: “Cuando llego allí por las mañanas, se me hace el Kilimanjaro”. “Esto es típico –explica Álvarez– el notar que todo se hace una montaña”.

Si una persona atraviesa una situación similar, o sospecha por otros síntomas que pueda estar sufriendo una depresión, los psiquiatras recomiendan una consulta al médico de cabecera. “En caso de duda, mejor consultar”, afirma Álvarez. Siempre es mejor ir al médico y no tener nada grave que tener algo grave y no ir. Una depresión no diagnosticada puede cronificarse y entrar en una dinámica en que la persona afectada va tirando, pero no está bien, explica Joan de Pablo, del hospital Clínic. También puede empeorar o, en una minoría de casos, remitir de manera espontánea.

Por el contrario, cuando la depresión se diagnostica y se trata correctamente, mejora el 85% de los pacientes. Para que el tratamiento sea eficaz, debe basarse en fármacos antidepresivos que corrijan los fallos de transmisión de señales entre neuronas, explicó Álvarez en la conferencia de CosmoCaixa, titulada Psicofármacos: ¿ángeles o demonios? Hay casos en que es conveniente complementar la terapia farmacológica con terapia psicológica, señala de Pablo: la psicoterapia es eficaz para aprender a enfrentarse a situaciones estresantes, así como a tratar secuelas de la depresión como las que afectan a la vida de pareja, a la actividad laboral o a la autoestima.

Pero en casos de depresión clínica, coinciden en señalar los psiquiatras, la psicoterapia no es suficiente para restituir una correcta comunicación entre neuronas y debe recurrirse a psicofármacos si se quiere conseguir una mejoría de los pacientes.

Señales de alerta

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Poca tolerancia al estrés. Una persona sana se adapta a situaciones ambientales estresantes gracias a un neurotransmisor llamado serotonina. El déficit de serotonina en personas con depresión las hace especialmente vulnerables al estrés. El paciente percibe entonces que situaciones que manejaba sin dificultad le superan.

Poca tolerancia al dolor. La serotonina modula también la percepción del dolor en el cerebro. Por ello, en personas con depresión el umbral del dolor se reduce y la percepción de molestias físicas aumenta. Problemas físicos frecuentes que una persona sana sobrelleva sin problemas, como dolores de espalda o cefaleas, pueden ser para una persona con depresión una gran fuente de molestias.

Alteraciones del sueño. La serotonina interviene también en la regulación de los ritmos circadianos –de 24 horas– del cuerpo humano. Por ello, las personas con depresión sufren alteraciones del sueño como insomnio (a menudo en la segunda mitad de la noche) y un descanso poco reparador (por una alteración de la fase de sueño profundo).

En ocasiones duermen mucho, pero no tienen sensación de haber descansado.

Falta de placer. La noradrenalina –otro neurotransmisor del que hay un déficit en la depresión– es clave para experimentar sensaciones placenteras. Las personas con depresión dejan de estar motivadas por actividades que antes les interesaban, ya sean familiares, laborales, lúdicas o sexuales. En casos graves, pierden interés por la vida y tienen ideas suicidas.

Trastornos cognitivos. La noradrenalina interviene en el aprendizaje, la memoria y la velocidad de proceso de información en el cerebro. No es infrecuente que las personas con depresión tengan sensación de rendimiento intelectual bajo.

 
 
     
 
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