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| Los retos de la educación: mi mamá me mima más |
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Miércoles | 18.07.2007 |
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Por: Mercó Beltrán
The New York Times Syndicate |
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BARCELONA, España. Al hombre le cuesta mucho más que a la mujer manifestar sus emociones. Y esas dificultades de comunicación - “analfabetismo emocional”, lo llaman algunos expertos- son percibidas y aprehendidas por los hijos, quienes a su vez reproducen roles. Así se refleja en la encuesta realizada por la profesora Enriqueta Díaz a casi 800 estudiantes de bachillerato de 21 institutos de 15 municipios del área metropolitana.
Los resultados de la investigación demuestran que las padres son emisoras y receptoras de las emociones de los hijos, lo que “a efectos de las repercusiones en la educación es muy importante”, señala la profesora.
“En la familia, la desaparición de los hombres a la hora de manifestar emociones es clara, y los jóvenes así lo reciben. Si eso no se corrige, y ahí la escuela tiene un papel muy importante, lo reproducirán exactamente igual en su vida adulta”.
Una amplia mayoría de los adolescentes (73.9 % de chicas y 88% chicos) no duda en responder que la madre es más afectuosa en sus actos, abrazos y besos que el padre, aunque en el caso de las chicas el 18.7% dice que son los padres los que les hacen más cariños. “Los padres con las niñas manifiestan algo más las emociones, pero ante los chicos tienen una gestión emocional más deficiente”, señala Díaz.
El reparto de papeles a la hora de cuidarse de la prole también está claro. Ellas, las madres, son las que les acompañan al médico (80.9% en el caso de las chicas y 70.7% en el de los chicos), y si alguien deja el trabajo en caso de que alguno de los hijos esté enfermo, esta es mayoritariamente la madre.
El 84.5% de las chicas acuden a la madre cuando tienen ganas de llorar o necesitan a alguien con quien hablar, porcentaje que en el caso de los chicos es del 74.2%. En esta pregunta, destaca que el 6.1% de los chicos no acude a ninguno de sus progenitores.
Estas cifras coinciden con la percepción que los jóvenes tienen de que las madres son más receptivas a la hora de escuchar sus problemas, sean afectivos o de cotidianidad académica - notas o aspectos relacionados con los estudios- y también, aunque en menor medida, con la apreciación de que la madre le ayuda más que el padre a levantar el ánimo o a superar los problemas.
La necesidad de trabajar los aspectos emocionales es, a juicio de la profesora Enriqueta Díaz “indudable”. En su trabajo de campo, tanto en las preguntas directas de la encuesta o en charlas con grupos de alumnos que han participado en la investigación, la profesora constata que los jóvenes tienen “muchas ganas de hablar y de que les pregunten por sus cosas, algo que no suele ser habitual en su centro escolar”.
Una de las conclusiones a las que llega la profesora tras este trabajo es que los chicos “no son sexistas, tienen interiorizado lo que ven en casa e imitan”, de ahí que sea muy importante en trabajo en el ámbito escolar. Pero en éste también aparecen dificultades. “El profesorado, de forma inconsciente, transmitimos estereotipos, y los docentes sensibilizados en esta cuestión sufren, con frecuencia, el echazo de sus compañeros y compañeras”.
Los adolescentes tienen interiorizados valores como la paz o la justicia, “pero como en la escuela no se trabaja de forma explícita en favor de la igualdad de sexos, es muy difícil romper estereotipos”, añade.
Los jóvenes encuestados aseveran que es muy extraño que un profesor hable de algo ajeno a su asignatura en clase. Excepto en las horas de tutoría, no hay un trato directo con los docentes. “La educación en valores de forma transversal se practica muy poco; está muy poco reforzada. Los jóvenes en casa no aprenden, reproducen actitudes; es el profesorado el que debe introducir esos valores”.
Discursos como “los chicos no lloran” o actitudes de discriminación hacia las chicas que practican deportes como el fútbol, “aunque en los centros escolares cada vez son menos habituales aún perviven, aunque sea de forma inconsciente”.
La ley para la igualdad efectiva de hombres y mujeres, en su artículo 24, señala que una de las funciones de la escuela es “la eliminación y el rechazo de los comportamientos y contenidos sexistas y estereotipos que supongan discriminación entre mujeres y hombres, con especial consideración a ello en los libros de texto y materiales educativos”.
Asimismo, prevé “la integración del estudio y aplicación del principio de igualdad en los cursos y programas para la formación inicial y permanente del profesorado”.
Al respecto, la profesora Enriqueta Díaz considera que el profesorado se debe reciclar y que hay que educar a los formadores. La preocupación por el fracaso escolar, la inmediatez de los problemas por resolver en el ámbito educativo, hace que se pierda de vista que este aspecto, la lucha por la igualdad, también es prioritario. Al respecto, añade que “la participación activa por la excelencia humana no podrá avanzar si no se progresa en la igualdad de sexos y se educa en valores de equidad. La gente joven es muy sensible y receptiva”. |
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