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El dilema del golpe: Nuevos modelos educativos
 
Jueves | 08.11.2007
 
Por: Sara Sans
The New York Times Syndicate
 
 

MCT/Direct

Quién no ha tenido la tentación de pegarle a un hijo en plena pataleta. O cuando, tras una jornada laboral inacabable, no hay forma de razonar con el niño. Los especialistas consultados coinciden en que el bofetón no es la forma adecuada de gestionar un conflicto y no debe imperar como modelo, pero se aceptan matices.

"Es comprensible que, en algunas ocasiones, a un padre o a una madre se le escape la mano, aunque luego tendrá que reflexionar", asegura Dolors Petitb, jefa de la sección de psicología del hospital Sant Joan de Déu. Imponer algo a golpe de cachete y luego reñir a un crío porque se ha peleado en la escuela es contradictorio, "y los críos son muy listos, muchas veces entienden más los actos que las palabras; si tú educas con bofetada, luego ellos van a reproducir esa conducta", afirma Virginia TrSmols, psicóloga del Institut Universitari Dexeus, especializada en niños con dificultad de aprendizaje.

"Lo importante es que los padres tengan suficiente autoridad para decir no y basta. Es verdad que hay niños más difíciles, pero los padres tienen que buscar herramientas alternativas, lo que significa más tiempo". A falta de otras herramientas, la bofetada se plantea como una forma rápida y eficaz para atajar determinadas acciones. "Sí funciona en el momento. Pero educas en la rabia y eso, a la larga, pasa factura y cuando el niño crece se vuelve en contra", dice TrSmols, quien también distingue entre un cachete en el trasero o una bofetada en la cara, "que es humillante y ofensiva".

Al educar, los niños aprenden una forma de actuar y, si bien Dolors Petitb mantiene que "en principio" el cachete no es un buen modelo, opina que si en algún momento concreto, en una situación límite, un padre da una bofetada a su hijo, "tampoco lo vas a traumatizar de por vida".

MCT/Direct

"Si en un momento concreto, no como sistema, los padres no pueden hacer otra cosa que pegar al crío, es una opción que pueden ejercer, pero siempre con autocontrol, y aun así, luego tendrán que reflexionar.

Lo peor es pegar al niño y acto seguido decirle que te has equivocado y pedirle perdón como mucho, y al cabo de un tiempo pueden decir con rotundidad que no les gustó llegar a ese extremo", añade.

Los padres deben jugar con la flexibilidad y la firmeza: "Firmeza, en cuanto a criterio y flexibilidad, según la situación", dice esta psicóloga para quien el adulto debe educar en las buenas formas: "Antes de aprender a hablar, los niños ya aprenden modelos. Hay que marcar unas formas desde el inicio. Un niño debe saber que en la sala de espera del hospital, no se puede comportar igual que en el parque.

El adulto tiene que transmitir esto, y lo puede hacer reforzando mucho la visión positiva. Muchas veces, con el castigo lo que hace el adulto es descargar su mal humor". Petitb aboga por la negociación y el diálogo. Y si hay pataleta, "mejor hablar cuando se le pase". Más radical se muestra Lali Piera, psicóloga clínica de pediatría del Institut Dexeus, totalmente contraria al bofetón: "Lo de la bofetada a tiempo es un tópico; es un error y no tiene ninguna finalidad educativa", asegura.

"El cachete ni es una herramienta ni es eficiente..., quizás sí el primer día, pero el segundo no tanto y el tercer día, menos. Además, se crea un hábito educativo que cuesta mucho frenar", acota. Para esta psicóloga, la bofetada "es la consecuencia última de un enfado, quizás porque los padres están estresados; es más eficaz el time out, que el crío se siente y reflexione". Sin embargo, reconoce que "casi todos los padres han dado algún cachete alguna vez y se sienten mal por ello".

MCT/Direct

Piera coincide con Petitb en que, dado el caso, y tras un bofetón o haber reñido al crío, consolarle es lo peor "porque hay que ser coherente". En este punto, Petitb insiste en que hay que "gestionar" correctamente los castigos: "Tienen que cumplirse siempre, pero imponer unas condiciones muy concretas. No es efectivo decirle a un niño que ha suspendido cinco asignaturas, que no verá la tele hasta que saque buenas notas". Además del castigo, estas psicólogas proponen como alternativa las gratificaciones a las buenas conductas y mucho diálogo.

Casos para reflexionar

Yo no pego, pero... "Yo nunca le he pegado, pero cuando se porta mal la encierro en el lavabo con la luz apagada y se calma en un momento", explica un padre orgulloso porque ha encontrado la alternativa a la bofetada.

En este caso, la violencia psicológica ha sustituido la violencia física, "y los niños no son tontos, a nadie le gusta que le peguen o pasar miedo, y eso genera rabia y muchas veces inseguridad", asegura la psicóloga Dolors Petitb.

El mal ejemplo

Varias madres hablan mientras sus hijos juegan en el parque. En un momento determinado, una niña pega a otra y esta empieza a llorar desconsoladamente. La madre de la pequeña que ha soltado la bofetada la riñe, y mientras le dice chillando que no se pega, le planta una bofetada. "Eso lo vi yo, y es el ejemplo gráfico de lo que no hay que hacer, los críos ven actuar a sus padres y adoptan unos modelos, y aquella madre fue contradictoria... si no quieres que peguen, no les pegues", dice la psicóloga Virginia TrSmols.

Le pego y me arrepiento

Una familia con tres niños viaja en coche. La pequeña, de cuatro años, intenta desabrocharse el cinturón. Pese a las advertencias de su padre, que le dice que no es un juguete y que puede hacerse daño si no lo lleva, la niña sigue intentando liberarse.

El padre le advierte que si se quita el cinturón, parará el coche y le dará una bofetada. Y la niña acaba desabrochándose. Cuando puede, el padre aparca y le pega. "Nunca más volví a hacerlo y nunca más he vuelto a pegarle". De eso hace dos años. Los otros dos hermanos, que entonces tenían seis y nueve años, contemplaron la escena en silencio. Según la psicóloga Lali Piera, contraria al bofetón, reconoce que "este caso funcionó, pero porque había otros elementos, como la coherencia del padre"

 
 
     
 
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