|
El concepto de enfermedad y la actitud terapéutica han cambiado con los siglos.
Sin embargo, las reacciones de las personas frente a las experiencias musicales han permanecido prácticamente inmutables.
En la antigüedad tanto la música como los instrumentos se consideraban dones de los dioses; incluso en algunas culturas se habla del origen divino de los tambores.
El musicólogo alemán Alfred Einstein considera que “el sonido debe haber sido para el hombre primitivo algo incomprensible y por consiguiente misterioso y mágico”.
Actualmente el valor terapéutico de la música es reconocido y se utiliza para “acrecentar, mantener o restaurar un estado de bienestar (tanto la música como las experiencias musicales y las relaciones que se desarrollan a través de ellas) de manera sistemática y científica”, según Kenneth Bruscia.
Como define la Asociación Americana de Musicoterapia, ésta “es una profesión establecida en el ámbito de la salud que utiliza la música para tratar necesidades físicas, emocionales, cognitivas y sociales de individuos de todas las edades”.
Aunque en Estados Unidos es una profesión reconocida desde 1950, en España no es así. “La mayoría de los musicoterapeutas tenemos titulación de máster ya que no existe como carrera. Yo lo obtuve en la Universitat de Barcelona”, explica el musicoterapeuta Joan Aureli Martí.
Desde la Associació Catalana de Musicoterápia se trabaja para “llegar a ser considerados dentro del ámbito de la salud, aunque también trabajamos en educación especial”, afirma su actual presidenta y coordinadora del máster del Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), Isabel Agudo.
La asociación agrupa a personas y entidades relacionadas con esta disciplina para promover el uso, el progreso y la divulgación de la música como terapia, tanto preventiva como curativa, con el fin de mejorar la salud y la calidad de vida de las personas.
La utilización de la música en un proceso terapéutico en áreas como habilidades motrices (coordinación, equilibrio, movilidad y sincronización), cognitivas (estimulación del pensamiento, interacción verbal, atención, imaginación, sensorial), de comunicación (tanto verbal como no verbal) y socio-emocionales (ayuda a expresar y compartir sentimientos y promueve la interacción social), debe ser dirigida por un musicoterapeuta.
Su objetivo consiste en ayudar a obtener o mejorar la salud del paciente a través de experiencias musicales.
La personalidad de esta figura - que ha evolucionado en el tiempo desde el mago, hasta el monje y finalmente el musicoterapeuta-, así como la enfermedad del paciente y la relación entre ellos - debe existir una voluntad de someterse al tratamiento, una confianza mutua-, es fundamental para el éxito del método.
El paciente debe disfrutar de la amistad de quien cura y darle total confianza, como hizo Felipe V, que, aquejado de una aguda depresión, contrató al italiano Farinelli como cantor personal, tras quedar conmovido por la expresividad de su voz.
La profesión del musicoterapeuta no es exclusiva del músico. “Yo soy músico desde los nueve años - explica Joan Aureli-, pero lo que se exige en cualquier máster es una sólida formación musical y saber improvisar con al menos los dos instrumentos armónicos más importantes: el piano y la guitarra. Yo también toco el clarinete”.
Además de músico experimentado, el terapeuta debe saber aplicar el sonido a su trabajo, ser un buen ejecutante e improvisador, conocer todos los tipos de música, ser capaz de dirigir conjuntos vocales o instrumentales, así como enseñar a cantar y tocar instrumentos.
En cuanto a tener conocimientos fisiológicos y psicológicos también es importante, lo que revela su formación multidisciplinar.
Metodología
Las principales técnicas en las que se basa esta metodología son pasivas (o receptivas) y tienen que ver con la audición de piezas -no solo clásicas, sino jazz, popular, pop, new age, etcétera-. “Trabajamos con esas canciones que gustan a los pacientes, creando su historial musical junto al clínico”, explica Joan Aureli.
En las técnicas activas (o creativas) el terapeuta anima al paciente a improvisar con instrumentos de percusión, canta con él y lo invita a tocar el piano, por ejemplo.
El carácter de la música y los efectos que produce dependen de la frecuencia del sonido - las vibraciones muy rápidas son un estímulo nervioso intenso; las lentas tienen un poder relajante-, su intensidad - si la persona está triste y canta a un volumen alto, se animará-, el timbre, el color tonal, los intervalos - origen de la melodía y la armonía- y la duración - base del ritmo-.
La producción del sonido, teniendo en cuenta estos aspectos, puede transformar el estado de ánimo, ayudar a anticipar, organizar y sincronizar el movimiento, estimular la imaginación y la memoria, normalizar la comunicación y facilitar la expresión de sentimientos.
La musicoterapia es muy utilizada en niños para mejorar su autoestima, atención, concentración, coordinación, aprendizaje y socialización, así como en personas de la tercera edad, pero también en adultos con problemas físicos, emocionales, intelectuales y sociales, o simplemente para mejorar el bienestar personal.
Según explica Isabel Agudo, “la musicoterapia beneficia a todas las personas de todas las edades y con todo tipo de problemática, ya que consideramos que la música es una conducta humana y todos somos seres musicales”.
La música es un medio para comunicarse que evoca, asocia e integra, y en ello reside su valor terapéutico, ya que la enfermedad es una brecha en la comunicación.
Lo trágico de la enfermedad es que aísla a quien la sufre, que necesita la presencia de otros para satisfacer sus necesidades físicas y psicológicas.
En musicoterapia se usa para extraer las experiencias subjetivas y restablecer el equilibrio. Ciertamente, aún hoy se puede hablar de la magia del sonido.
Verdades y mentiras sobre la musicoterapia:
¿Qué es la musicoterapia?
-Es un tratamiento no invasivo y no doloroso
- Permite llegar a personas con diferentes habilidades y discapacidades
- Tiene pocas contraindicaciones y efectos secundarios
- Es accesible
- Es internacional
- Es rentable y económica
¿Qué no es la musicoterapia?
- No es un tratamiento exclusivo para músicos
- No es educaci ón musical
- No es terapia ocupacional o recreacional
- No es un recetario de piezas musicales
- No es un producto estándar
- No es una actividad pasiva
- No solo se utiliza música clásica
- No puede ser impartida por cualquier persona |