Lunes | 19.02.2007
La satisfacción de las mujeres está vinculada al olor de ellos
Por: Jeff Nesmith
The New York Times News Service
Los olores de los varones que una mujer reconoce inconscientemente podrían tener un efecto más potente en sus sentimientos románticos que el aspecto físico, los poemas o muchas rosas en el día de San Valentín. Los científicos dicen que los rasgos genéticos que guían el desarrollo del sistema inmunológico humano producen un espectro de olores distintivos. Sin saberlo, es posible que a las mujeres les atraigan aromas que asocian en forma instintiva con una fuerte resistencia a las enfermedades.
En una investigación reciente, los investigadores encontraron que las mujeres parecían más felices con sus vidas sexuales cuando sus genes del sistema inmunológico no eran similares a los de sus parejas masculinas.
También, resultó más probable que las mujeres cuyos sistemas inmunológicos fueron similares a los de sus esposos o novios tuvieran sexo con otros hombres, o al menos que pensaran en ello.
La investigación no encontró una correlación significativa entre los genes de los hombres y su entusiasmo por el sexo con sus parejas ni con su interés en otras mujeres, dijo Steven Gangestad, psicólogo evolucionista de la Universidad de Nuevo México.
¿Por qué?
La razón por la que las mujeres parecen menos felices sexualmente cuando tienen una gran cantidad de genes iguales del sistema inmunológico a los de sus parejas podría provenir de su deseo de tener descendencia saludable, dijo Gangestad.
Si ella pasa un conjunto de genes a su descendencia y el padre proporciona uno diferente, los hijos podrían nacer con la capacidad para defenderse contra un espectro más amplio de enfermedades, dijo. Otra hipótesis es que genes del sistema inmunológico similares podrían ser una señal para el parentesco que desalienta la endogamia.
“No estamos diciendo que una mujer tenga un pensamiento lógico como tal: ‘Este sería un buen padre para mi descendencia’”, dijo Gangestad en una entrevista. “De hecho, mi suposición es que las mujeres no pueden percibir qué es lo que está afectando sus respuestas hacia sus parejas”.
Asimismo, dijo, muchos factores diferentes entran en acción cuando una mujer elige pareja, y la genética del sistema inmunológico explica “sólo una partecita” del rompecabezas más grande.
El factor genético
Investigaciones de la importancia del sistema inmunológico en las preferencias de apareamiento se han concentrado en una franja genética conocida como Complejo mayor de histocompatibilidad o CMH.
Los genes del CMH contienen el programa que usan las células para hacer proteínas que reconocen sustancias extrañas como partes de virus, bacterias o polen, e inician respuestas inmunológicas rápidas. La naturaleza ha hecho evolucionar genes del CMH con tal variedad asombrosa que prácticamente no hay dos individuos que tengan conjuntos idénticos. En promedio, las parejas humanas heterosexuales comparten sólo alrededor de 20% de sus genes del CMH, dicen los científicos.
Se ha sabido por años que muchos animales, incluidas las ratas, los ratones, algunas aves e incluso algunos lagartos, detectan diferencias genéticas del CMH a través del olor, y hacen su elección de apareamiento en consecuencia. En la última década, los experimentos han indicado que las personas también pueden oler las diferencias.
En 1995, científicos europeos describieron un experimento en el que se le pidió a 49 mujeres estudiantes universitarias que calificaran “el agrado” hacia el olor de camisetas sin lavar que estudiantes varones habían usado durante dos noches. El análisis genético de las participantes mostró que la probabilidad de que una mujer asignara una calificación de agradable a una camiseta estaba relacionada en forma significativa al grado en el que los genes del CMH diferían de los del usuario.
El experimento se repitió en Estados Unidos y Brasil con resultados parecidos.
En octubre pasado, Gangestad y otros investigadores de la Universidad de Nuevo México informaron en la revista Psychological Science sobre experimentos realizados para responder la siguiente pregunta lógica: si es que las variaciones en el CMH podrían tener un efecto en las relaciones humanas concretas.
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