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Viernes | 27.04.2007

La libido activa no solo es para jóvenes


Por: Jane E. Brody
The New York Times News Service

MCT Direct

Aquí va una nueva palabra para ustedes: “obsolagnium”. Quizás usted no la encuentre en un diccionario común. Pero, si usted tiene más de 50 años de edad, es muy probable que esté familiarizado con ese concepto, debido a que significa “menguante deseo sexual a consecuencia de la edad”.

De hecho, la edad en sí muy rara vez es el factor que explica la declinación en la libido entre las personas que superan los 50 años de edad.
Más bien, puede ser cualquiera de una docena o más de factores -lo cual ocurre de manera más común entre personas mayores- lo que explica los cambios. Muchos de estos factores están sujetos a modificaciones que pueden restablecer, si no la energía sexual de la juventud, cuando menos el deseo de buscar y la capacidad de disfrutar del sexo.

Tampoco tiene que ver solamente con las hormonas. Dirigiéndose tan sólo a la mitad de la población, el Libro Colectivo de Salud de la Mujer de Boston, en su más reciente obra, Nuestros cuerpos, nosotras mismas: Menopausia, destaca: “Nuestro deseo y satisfacción sexual quizás sea vean influidos por nuestras circunstancias de vida, contando la calidad de nuestras relaciones sexuales, nuestra salud emocional y física, aunado a nuestros valores y pensamientos con respecto a la sexualidad, así como por el proceso de envejecimiento y los cambiantes niveles de hormonas que se producen durante la transición de la menopausia”.

Lo mismo, por supuesto, es cierto para los varones. Circunstancias difíciles en la vida pueden tener un gran efecto sobre la libido de cualquiera. La tensión nerviosa en el trabajo o en casa, la bancarrota en el horizonte, un divorcio inminente, enfermedades graves, depresión, un historial de abuso sexual y una diversidad de medicamentos, están entre los muchos aspectos que pueden frustrar su deseo de tener sexo a cualquier edad.

A medida que la gente envejece, ocurren cambios tanto físicos como emocionales que pueden influir sobre la libido.
Arrugas, pérdida de cabello, merma en la masa muscular y acumulación de grasa, entre otros cambios relacionados con el envejecimiento, pueden ocasionar que hombres y mujeres se sientan menos atractivos. Además, si usted considera que es atractivo o atractiva, su cerebro pudiera responder impidiendo cualquier impulso de intimidad que usted pudiera albergar con alguien más.

No dispongo de estudios a la mano que corroboren esta idea, pero tengo la firme sospecha de que es mucho más probable que la gente de edad avanzada que se mantiene en buena forma física, que sigue estimulando su cerebro y mantiene el interés en una diversidad de actividades, se sienta más atractiva y sea más atractiva -y por tanto más libidinosa- que las personas que se permiten decaer y se descuidan, por así decirlo.
No estoy sugiriendo que la gente que ronda los 60 ó 70 años de edad debería empezar a vestir la ropa y actuar como alguien de veintitantos, pero sí existen diversas acciones, apropiadas para cada edad, que pueden ayudarle a la gente a verse a sí misma -y ayudarles a otros a verlas- como seres sexualmente deseables.

Por supuesto, las enfermedades, tanto mentales como físicas, pueden alterar seriamente una libido saludable a cualquier edad. Las enfermedades de las glándulas adrenales, pituitaria o tiroides pueden reducir el deseo sexual.
De manera similar, varios cánceres comunes -en particular los de mama, testes o la próstata, o los fármacos empleados en su tratamiento- pudieran suprimir el deseo sexual.

La ayuda médica

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Existen muchos fármacos que se administran comúnmente y que pueden interferir con el deseo sexual, su desempeño o ambos. Entre los que más destacan están los antidepresivos y fármacos para combatir la ansiedad, medicamentos para la hipertensión arterial, así como opiáceos para el alivio del dolor.


De manera similar, elevadas dosis de alcohol o licor afectan negativamente tanto el deseo como el desempeño. Incluso fármacos que se toman para reducir la acidez estomacal pueden reducir el deseo de tener relaciones sexuales.
En algunos casos, si se cambia la dosis, se recurre a otro medicamento o si se toma un breve descanso del fármaco (digamos, por un fin de semana), es posible darle un impulso a la libido.

Si bien un fármaco como el Viagra pudiera ayudarle a un hombre a superar temporalmente la disfunción eréctil, ya sea ocasionada por enfermedad o a causa del medicamento, eso no hace nada por incrementar el deseo, lo cual es de importancia esencial para que funcionen estas drogas que mejoran la potencia sexual.

Para muchas parejas establecidas hace ya tiempo, el conocimiento mutuo con respecto a como darse gusto sostiene el interés sexual. Sin embargo, para otros, la familiaridad puede engendrar aburrimiento; pierden el interés en hacer lo mismo de siempre, de la misma forma de siempre, después de cierto tiempo.
La edad no es freno

La novedad es un estimulante sexual muy bien establecido. Una mujer u hombre sin compromisos, en la adultez madura o más allá, que prácticamente habían olvidado el sexo, conoce a alguien nuevo y atractivo, y repentinamente se reencienden las flamas del sexo.
Esto le puede ocurrir, de la misma forma, a la gente de edad muy avanzada. En casas de retiro y en instalaciones de hospicios abundan las historias acerca de ancianitas viudas o viudos cuya sexualidad, en estado durmiente desde hacía mucho, es despertada por la atracción hacia una pareja nueva, aunque igualmente vieja.

Por supuesto, el cambio de parejas no es una opción realista a considerar para quienes están en relaciones monógamas desde hace largo tiempo, en las cuales la intimidad sexual es tan sólo un valorado recuerdo.

No obstante lo anterior, existen formas en que esas parejas presenten novedades, que van desde un cambio de lugar o técnicas hasta un intercambio de fantasías o incluso el surgimiento de juguetes sexuales, con el fin de reavivar los sentimientos sexuales.

Incluso algunas parejas jóvenes pueden encontrar renovado interés en el sexo que, anteriormente, fue disminuido por un temor a ser interrumpido o escuchado por los niños o un pariente anciano. Puede requerir de cierto esfuerzo -y quizás de cerrar bajo llave la habitación y poner música de fondo- para aminorar el riesgo de distracciones que sofocan la flama del deseo.

Algunas mujeres quizás crean que la declinación en el estrógeno durante la menopausia es responsable de su pérdida de interés en el sexo. Sin embargo, la pérdida de estrógeno es un factor apenas indirecto; puede dar como resultado constricción y resequedad vaginal, lo cual hace que las relaciones sexuales resulten dolorosas, en vez de placenteras.

El uso de lubricantes y un consolador o más frecuencia en las relaciones sexuales, a menudo, puede contrarrestar estos efectos. Sin embargo, para algunas mujeres, el uso de una crema o supositorio vaginal de estrógeno es necesario para lograr que el sexo sea cómodo y más deseable.

Testosterona, la clave

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Sin embargo, la verdadera hormona de la libido, tanto para hombres como para mujeres, es la testosterona, misma que las mujeres producen en sus ovarios y glándulas adrenales.
Al tiempo que otros niveles de la hormona ovárica van en descenso tras la menopausia o la extracción quirúrgica de los ovarios, lo mismo ocurre con la cantidad de la testosterona, que impulsa el deseo.

Esto ha llevado a algunas mujeres a buscar tratamiento a través de terapia de reemplazo de testosterona, con miras a recuperar sus vidas sexuales. Un fármaco que se prescribe de manera común es el Estratest, combinación de pequeñas dosis de estrógeno y testosterona.
Algunos médicos hacen preparados de testosterona de baja dosis, a la medida de cada una de sus pacientes. Si bien ya existe un parche de testosterona para la mujer en Estados Unidos, la Administración de Alimento y Fármacos no le ha dado su aprobación debido a que la información de seguridad no es suficiente.

Las mujeres que están bajo tratamiento con testosterona deben ser vigiladas cuidadosamente, ya que aún no se determinan los niveles seguros de dicha hormona para las mujeres.
Entre los efectos secundarios de ocurrencia común están el indeseado crecimiento de vello y que la voz se vuelva más ronca. Las mujeres que han padecido cáncer de mama o uterino o enfermedades del hígado o el corazón deberían evitar el reemplazo de testosterona.

De manera similar, el deseo sexual del hombre puede apagarse a causa de bajos niveles de testosterona. Si bien no existe un reconocimiento oficial de la menopausia masculina, los varones experimentan menguantes niveles de hormonas a medida que envejecen -lo que algunos expertos denominan andropausia-, lo cual puede tener un efecto negativo sobre el deseo y el desempeño sexual.
Entre otros síntomas de esta deficiencia podría incluirse el crecimiento del pecho, la pérdida de vello corporal o facial, así como padecer osteoporosis antes de los 65 años de edad.

El reemplazo de testosterona es de utilidad para restablecer el impulso sexual tan sólo entre hombres que presentan bajos niveles de esta hormona. Es recomendable someterse a una prueba que mida los niveles de testosterona, así como necesario descartar otras causas (aparte de la edad) antes de prescribir esta hormona. Entre los riesgos están el agrandamiento y el cáncer de próstata.

 
 
     
 
 
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