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Fotos/EFE |
El abuelo inventó el legendario modelo escarabajo, lo que equivale a
decir que inventó el Volkswagen. Ahora los nietos se preparan para hacerse
con el control de esta compañía alemana, el primer fabricante de
automóviles de Europa.
La compra por parte del fabricante de deportivos de lujo Porsche de un 20% de
Volkswagen (VW), anunciada por sorpresa el pasado domingo, abre un nuevo episodio
en la historia de uno de los apellidos clave en la industria alemana.
Porsche pertenece a los herederos del ingeniero Ferdinand Porsche, el hombre
que en los años 30, por encargo de Adolf Hitler, diseñó el
Volkswagen escarabajo.
Con la entrada en Volkswagen, los nietos de Porsche regresan así a los
orígenes, y pueden aspirar a convertirse en uno de los grandes nombres
del sector, comparables a los Agnelli, los Ford o los Peugeot.
Detrás de la operación, según los medios alemanes, se encuentra
Ferdinand Piëch, de 68 años, ex presidente de VW, actual presidente
del consejo de vigilancia de esta empresa, nieto de Ferdinand Porsche y accionista
de Porsche.
"Con esta operación, Piëch honra a su abuelo, protege a Volkswagen
de una OPA y regala a Porsche una buena inversión", ha dicho Ferdinand
Dudenhöffer, uno de los máximos expertos alemanes en el sector automovilístico,
al diario Handelsblatt.
La historia de los Porsche es la historia de un clan industrial que ha vivido
en primera fila los avatares del tumultuoso siglo XX alemán. Ferdinand
Porsche (1875-1951) se convirtió, en los años 20 del siglo pasado,
en uno de los constructores de automóviles de más éxito
en Alemania.
El 11 de febrero de 1933, 12 días después de alcanzar el poder,
Adolf Hitler inauguró el Salón del Automóvil en Berlín
con un discurso en el que anunció que los alemanes debían convertirse
en un pueblo de automovilistas, según recordaba un reciente documental
de la cadena pública de televisión.
Para ello, era preciso que los coches estuviesen disponibles para cualquier persona
y no fuesen, como hasta entonces, un producto de élite.
No es extraño que los caminos de Porsche y Hitler se cruzasen. También
Porsche creía en la necesidad de fabricar un coche del pueblo — un
Volkswagen,en alemán —, pero no encontraba nadie que quisiera financiar
el proyecto.
El Estado nazi estaba dispuesto a subvencionar la fabricación de un vehículo
accesible al alemán de a pie.
Fue así como Ferdinand Porsche concibió el Volkswagen Käfer,
el escarabajo. Para fabricarlo se planeó la construcción de una
ciudad modelo, en Wolfsburg, la actual sede de VW.
Pero la Segunda Guerra Mundial abortó los planes, y la fábrica
se dedicó a la construcción de vehículos militares.
Porsche también contribuyó, con su genio, a la guerra. En 1945
estuvo casi dos años preso por los franceses. Él negó haber
sido nazi. "El apoyo de Hitler -diría terminada la guerra- era necesario
para poder realizar mis ideas".
Porsche tuvo dos hijos: Ferry y Louise, quien se casó con el abogado
vienés Anton Piëch. El primero fundó, al acabar la guerra,
la marca de deportivos Porsche. Los Piëch, padres de Ferdinand Piëch,
consiguieron la licencia para importar los vehículos Volkswagen a Austria.
Durante años, recibieron deVW, que pasó a pertenecer al gobierno
militar británico, un porcentaje por las ventas del escarabajo. Los
vínculos no acaban aquí. Desde los años 60, ambas empresas
han colaborado en varios proyectos.
Los últimos, la fabricación del Porsche Cayenne y del VW Tuareg.
Si ahora Porsche se convierte en accionista mayoritario de Volkswagen, esta
firma, matriz de la española Seat, podría acabar siendo una
empresa casi familiar: el último episodio de una estirpe alemana.