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Suicidio presenta vieja amenaza a nuevo líder japonés
 
 
Domingo | 03.06.2007
 

The New York Times
News Service

 
 
Hatsumi Matsuoka, esposa del ministro de Agricultura Toshikatsu Matsuoka, camina detrás de la imagen de su esposo durante el funeral en la región de Aso.
REUTERS

TOKIO, Japón.- Cuando el primer ministro japonés, Shinzo Abe, asumió el cargo en el otoño pasado, era un popular líder que juraba ponerle fin a lo que denominó como el “régimen de posguerra” de Japón. Sin embargo, el suicidio del ministro de Agricultura en esta semana amenaza a su administración con uno de los problemas más viejos en la política japonesa: escándalos relacionados con dinero.

El martes de esta semana, funcionarios del Gobierno nipón intentaron restarle fuerza a la importancia política de la muerte por ahorcamiento del ministro de Agricultura, Toshikatsu Matsuoka, enfrentado a dos escándalos relacionados con donaciones políticas y cuestionables gastos políticos. Pero, entonces, el ex director ejecutivo de una dependencia gubernamental que está en el centro de uno de los escándalos, todo parece indicarlo, cometió suicidio.

El ex director ejecutivo, Shinichi Yamasaki, de 76 años de edad, saltó a su muerte desde su edificio de apartamentos en Yokohama por la mañana del martes, un día después que fuera interrogado por fiscales con respecto al escándalo relacionado con los alegatos de manipulación de licitaciones en contratos de carreteras públicas, informó la policía de Yokohama.

Algunos analistas dijeron que los suicidios y escándalos han generado renovada desconfianza del electorado con respecto a la corrupción en el Partido Liberal Democrático al que pertenece Abe, que ha gobernado Japón durante la mayor parte de los últimos 50 años. Con las elecciones de la cámara alta a efectuarse en julio, algunos analistas dicen que la supervivencia política de Abe pudiera estar en juego, particularmente si el primer ministro no logra conducir al partido hasta una victoria convincente.

Los ministros japoneses participaron de los actos fúnebres efectuados en Tokio.
AP/Katsumi Kasahara

“El futuro del Sr. Abe está en riesgo”, dijo Tomoaki Iwai, catedrático de política en la Universidad Nihon de Tokio. “Abe fue convertido en el primer ministro de Japón porque se consideró que sería capaz de ganar elecciones. Si pierde, entonces él ya no será de utilidad alguna para el partido”.

Tanto él como otros analistas comentaron que los suicidios habían proyectado una sombra sobre la administración de Abe, y solamente habían atizado el interés público en los escándalos. Incluso antes de los suicidios, los escándalos habían surgido como el mayor problema político para Abe, cuyos índices de aprobación habían caído hasta nuevas simas.

Una encuesta telefónica en el ámbito nacional, levantada a lo largo del fin de semana y publicada este martes por el diario Asahi Shimbun, indicaba que los índices de aprobación de Abe eran de 36%, por debajo del 42% registrado el mes pasado. Dicha encuesta tuvo 1,031 participantes, en tanto el margen de error en su muestra fue de más o menos tres puntos porcentuales.

En septiembre, cuando Abe se convirtió en el primer ministro, era la estrella en ascenso del Liberal Democrático, un vigoroso hombre de 52 años de edad que supuestamente se ganaría la misma popularidad entre los electores que su carismático predecesor, Junichiro Koizumi. Abe asumió el cargo prometiendo efectuar cambios en la forma en que Japón había operado desde el final de la II Guerra Mundial, incluida una modificación a la Constitución de la nación para permitir un ejército pleno.

Sin embargo, casi desde el comienzo, su administración fue golpeada por escándalos financieros, que más bien evocaron el estilo político del Japón plagado por la corrupción, notaron analistas. A los tres meses de que Abe hubiera asumido el cargo, el ministro al frente de la reforma gubernamental fue obligado a renunciar debido a acusaciones en el sentido de que había mentido en divulgaciones de gasto político, alegando que había pagado alquiler por una oficina que, de hecho, no había costado nada.

Sin embargo, el doble escándalo que involucra a Matsuoka sumió a la administración de Abe en su peor crisis política, destacaron analistas.

Una parte de las acusaciones se relacionaba con donaciones políticas a Matsuoka por parte de empresas que están bajo investigación, en conexión con la manipulación ilegal de licitaciones para obtener contratos de construcción de carreteras, mismas que estaban bajo la administración del ministro de Agricultura Matsuoka.

En tanto, Yamasaki, de quien la policía informó que saltó a su muerte el martes de esta semana, era un ejecutivo de una dependencia que otorgaba esos contratos.

En este mes, Matsuoka reconoció que había aceptado aproximadamente 6,000 dólares en donativos políticos de personas que estaban siendo investigadas en relación con el escándalo de corrupción de las licitaciones, haciendo surgir interrogantes con respecto a su participación.

Matsuoka enfrentaba dos escándalos relacionados con donaciones políticas.
REUTERS/Kim Kyung-Hoon

El otro escándalo tuvo que ver con gastos cuestionables reclamados por Matsuoka, incluido el equivalente de más de un millón de dólares en costos de oficina por el inmueble en el que no pagó alquiler. él mismo no fue de ayuda para su situación cuando alegó haber gastado 50 mil dólares al año en “agua purificada”, lo cual suscitó la burla nacional.

A medida que los escándalos fueron cobrando fuerza, Abe defendía a Matsuoka, ocasionando que algunos, incluso dentro de su partido político, pusieran en duda su juicio. El suicidio lo ha dejado luchando por defender su manejo del asunto, lo cual da pie a dudas en cuanto a por qué no removió a Matsuoka antes, o cuál fue la razón de su nombramiento.

La marca del escándalo también les dio a partidos de la oposición nueva munición en contra del primer ministro Abe antes de las elecciones de la cámara alta, destacaron analistas.

“Abe había estado abrigando la esperanza de centrar la elección en temas como la reforma constitucional”, dijo Yasunori Sone, catedrático de política por la Universidad Keio, en Tokio.

“Sin embargo, la atención sobre el suicidio ha ocasionado que eso sea imposible”. Algunos analistas dijeron que los demócratas liberales de Abe necesitaban ganar cuando menos 51 escaños para el partido y su socio, el Partido Nuevo Komeito, para mantener una mayoría en la cámara alta, de 242 escaños. Abe pudiera verse obligado a renunciar de no lograrse lo anterior, o de convocar a elecciones generales que también involucrarían a la cámara baja, misma que elige al primer ministro, comentaron analistas.

 
     
 
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