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WEST PALM BEACH, Florida.- El mundo conoce el nombre Fidel. La barba, el uniforme militar verde de campaña, los discursos de tres horas. Más grande que la vida, el carisma de Fidel Castro ha sido el pegamento del régimen cubano, ahora envejeciendo en su año 48.
Durante medio siglo, la revolución ha estado al borde del colapso y sobrevivido: una invasión de exiliados abandonada por Estados Unidos en el último momento, una confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética por los misiles, la pérdida del apoyo económico ruso y un embargo comercial estadounidense que lleva ya 45 años.
El martes fue el primer aniversario de la dirigencia “provisional” de Raúl Castro, de la fecha en la que el hermano mayor Fidel se hizo a un lado temporalmente mientras trata de recuperarse de un misterioso padecimiento gastrointestinal. Se ha ido Fidel el extravagante. En su lugar, Raúl el invisible.
Hombro con hombro, incluso antes del intento desastroso por asaltar el cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953 para derrocar la dictadura de Batista, los hermanos Castro han marchado por el mismo sendero al poder. Sin embargo, apenas podrían ser más diferentes.
Fidel se oponía resueltamente a tratar con Estados Unidos. Sin embargo, por segunda vez en un año, Raúl expresó el jueves su disposición para abrir conversaciones con funcionarios estadounidenses. El gesto se produjo en el aniversario de ese fallido golpe de Estado en 1953, una festividad cubana. Raúl calificó el gobierno de Bush de "errático y peligroso", pero dijo que estaría abierto a discutir relaciones mejores cuando el nuevo Presidente asuma el cargo después de las elecciones del año entrante.
“Si las autoridades de Estados Unidos finalmente desistieran de su arrogancia y decidieran conversar en una forma civilizada, sería un cambio bien recibido”, dijo.
“Tienen un estilo diferente de administración y liderazgo”, dijo Jaime Suchlicki, director del Instituto de estudios cubanos y cubano estadounidenses de la Universidad de Miami. "Fidel es una persona de una idea. Raúl es mucho más organizado y escucha más puntos de vista. Pero obliga a la gente a producir".
Si Fidel fue la inspiración de la revolución, Raúl aportó el sudor. Si Fidel tenía las ideas, Raúl era el pragmático. Mientras Fidel ha buscado el centro del escenario, felizmente, Raúl se ha mantenido en las sombras. Un hombre más pequeño con facciones comunes, sin duda alguna, Raúl encajaría cómodamente en un traje formal con corbata, al menos en público.
En consecuencia, se sabe mucho menos de Raúl, de 76 años. Siempre ha sido el número dos, el hombre que es el brazo derecho. Hasta que sustituyó a su hermano, Raúl comandaba el ejército, era el oficial de mayor rango en el Consejo de Estado y líder en el Partido Comunista. En Cuba, los oficiales del ejército operan o dirigen gran parte de la industria de la isla. “Nada en la isla que no administra el ejército funciona”, dijo Ann Louise Bardach, una de las pocas periodistas estadounidenses que ha entrevistado a Fidel Castro y conocido a Raúl. “Cuando uno se da cuenta que Raúl controla las fuerzas armadas, se percata de que controla cualquier cosa en la isla que funciona”.
Raúl nació el 3 de junio de 1931, y creció en la provincia de Oriente de Cuba, el quinto de siete hijos. Estudió en colegios jesuitas, y después en la Universidad de La Habana. Se interesó en política cuando era estudiante, y se unió a un club de jóvenes socialistas afiliado al Partido Comunista.
Incluso antes de que su hermano Fidel empezara a participar para derrocar el gobierno de Batista, Raúl visitó países del bloque soviético y asistió a actos del Congreso Mundial de la Juventud. Se unió al grupo de Fidel, integrado por 160 personas, para efectuar el fallido intento de capturar el cuartel Moncada. Ambos fueron detenidos y sentenciados a 13 años en prisión.
Cuando fueron liberados dos años después debido a una amnistía general, se fueron a México, reclutaron seguidores nuevos y retornaron a finales de 1956 para hacer una guerra de guerrillas contra Batista. En las montañas de la Sierra Cristal en el este de Cuba, Raúl conoció a Vilma Espín, quien era hija de un acaudalado destilador de ron y tenía un grado en ingeniería química por el Instituto Tecnológico de Massachusetts o MIT, por sus siglas en inglés. Se había unido a los rebeldes y con frecuencia fungía como intérprete. La pareja se casó poco después de que Batista huyó de la isla en 1959.
En los primeros años del régimen de Castro, Raúl cimentó su reputación como un agente implacable de las fuerzas del orden. Se dice que ejecutó a casi 100 oficiales y soldados de Batista, y que los enterró en fosas comunes cerca de Santiago de Cuba.
Cuando algunos combatientes rebeldes no estaban de acuerdo con que los Castro abrazaran el comunismo, quien castigaba era Raúl. El Proyecto Cuba, una organización con sede en Nueva Jersey que trata de verificar muertes y atrocidades por motivos políticos, responsabiliza directamente a Raúl de ordenar 550 ejecuciones. El mismo se puso el apodo de Raúl el Terrible.
En 1961, dirigió las fuerzas cubanas contra los exiliados en la bahía de Cochinos. Un año después, arregló que misiles soviéticos fueran desplazados a Cuba, en un acto que condujo a la crisis cubana de los misiles. Raúl también estuvo involucrado en la participación militar de Cuba en Angola y Etiopía en los años setenta. En 1989, ordenó la ejecución de uno de sus amigos más cercanos, Arnaldo Ochoa, un general muy condecorado, que peleó con los hermanos Castro desde el principio. Ochoa fue encontrado culpable de traición por narcotráfico, pero observadores han sospechado que su disposición a oír ideas no marxistas condujo a su sentencia.
No obstante, en los días anteriores a la muerte de Ochoa, Raúl entregó en la prisión un pastel amarillo por el cumpleaños del general. “Este es el otro lado de Raúl”, dijo Bardach. “Es una persona profundamente sentimental”.
Otros observadores cubanos tienen la misma opinión. Raúl es el hombre de familia compasivo que nunca olvida un cumpleaños, le hace fiestas a sus nietos y pone a la familia primero, dice Brian Latell, un analista de la CIA por 30 años, que escribió After Fidel (Después de Fidel), un libro publicado poco antes de que Fidel cediera el poder a su hermano el año pasado.
“No hay duda alguna de que Raúl es el patriarca del clan Castro”, dijo Bardach, quien ha escrito varios libros sobre Cuba. Cuando los hermanos se enteraron de que su padre estaba mortalmente enfermo, Raúl fue a verlo por última vez. Fidel fue al funeral. “Raúl es el bromista, el irreverente, el atrevido, y el que está dispuesto a hacer el ridículo”, dijo Bardach. Dijo que una hermana Castro, Juanita, que huyó a Miami, confirmó su valoración. A Raúl le gusta beber y divertirse, y se ha rumorado que estuvo en rehabilitación, dijo Bardach.
Durante una de sus visitas a La Habana a mediados de los años noventa, Bardach dijo que Raúl entró brincando en la habitación cuando entrevistaba a Fidel, le dio un beso en la mejilla y dijo: “No beses a mi hermano. Me puedes besar a mí, pero no beses a mi hermano”. Se rió y abandonó el cuarto.
“Este despliegue de familiaridad desenfadada no le sentaba bien a Fidel”, dijo Bardach riéndose. “Desde luego que Fidel está menos interesado en los asuntos de familia”, dijo Suchlicki.
“Fidel es el menos cubano de los hombres", dijo Bardach. "No cuenta chistes ni baila. Fidel está completamente ocupado con el poder”. No obstante, los hermanos distintos sostienen los mismos puntos de vista de línea dura, que es poco probable que cambien, incluso después de muerto Fidel.
“No he visto ningún cambio significativo en Cuba”, dijo Suchlicki. “Si ha habido algo, es que se ha vuelto más represiva”.
Raúl está tratando de darle nueva vida al Partido Comunista como una forma de consolidar su fuerza e intimidar la oposición, dijo Suchlicki. Al mismo tiempo, Raúl anunció en diciembre que estaba dispuesto a negociar con Estados Unidos, un ofrecimiento que fue rechazado con prontitud.
Raúl ha concentrado sus esfuerzos en problemas prácticos como la reducción del costo de la comida y el mejoramiento de la vivienda. En su discurso del 26 de julio pronunciado el jueves, reconoció que Cuba necesita "cambios estructurales", incluidos incrementos salariales en el gobierno para cubrir las necesidades de los trabajadores. También mencionó el mejoramiento en la producción y distribución de alimentos.
Suchlicki no está de acuerdo.
“No es ningún Gorbachov ni ningún Deng Xiaoping”, dijo Suchlicki. “No es un reformista. No es probable que haga cambios importantes. Vamos a tener que esperar a que se muera Raúl”.
En tanto que insistió en que Cuba necesita producir más, Raúl dijo que los líderes están estudiando las formas de atraer más inversión extranjera. Sigue conversando con China y Venezuela en un esfuerzo por mejorar el comercio. No hay duda que el último año ha tensado al líder de 76 años. Además de la enfermedad de su hermano y las responsabilidades nuevas, Espin, su esposa de la que estaba alejado, murió a principios de junio. Se informó que Raúl lloró en su funeral.
La mayoría de los observadores piensa que Raúl no será desbancado después de la muerte de Fidel, quien cumplirá 81 años el 13 de agosto. Cuenta con demasiados partidarios en el ejército y el Partido.
Latell piensa que la falta de ambición de poder de Raúl es un buen presagio para el cambio gradual. "No se engrandece con el conflicto y la confrontación. ... Le preocupan más las penurias económicas que padece el pueblo cubano, y ha sido el defensor de las reformas económicas liberalizadoras más influyente del régimen. Es probable que sea más flexible y compasivo en el poder", escribió en su libro.
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