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La torre de la discordia
 
 
Domingo | 30.09.2007
 

Por: Elisabeth Malkin
The New York Times Service

 
 
REUTERS/Andrew Winning
CIUDAD DE MÉXICO.- Un influyente desarrollador tiene planeado construir un enorme rascacielos en las orillas del enorme parque central de la ciudad. Ha sido comisionado a un conocido arquitecto y el ambicioso jefe del gobierno local reveló la propuesta en su sede de gobierno.

De manera instantánea, la perspectiva de la torre hizo que los vecinos grandemente afectados levantaran las voces. Ellos quieren detener el proyecto con demandas y revisiones de procedimientos.

Existe también un inversionista oculto, una altamente cuestionada relación entre el jefe del gobierno local y el urbanizador y una construcción en un sitio que, si bien ha sido largamente ignorado, los ambientalistas ahora quieren rescatar.

Podría ser Nueva York

Pero esto es la Ciudad de México, y la lucha sobre lo que podría ser el rascacielos más grande de América Latina -de 300 metros, o 984 pies- está adoptando tintes de un gran drama. Los desarrolladores y sus aliados en el gobierno local afirman que la torre lanzará a la Ciudad de México a las filas de las grandes ciudades del mundo, al lado de las emergentes capitales asiáticas donde los rascacielos son cada vez más altos.

Para que la Ciudad de México compita a nivel mundial, “necesitaremos decenas de proyectos como éstos”, indicó Jorge Gamboa de Buen, director ejecutivo de la desarrolladora del proyecto, Grupo Danhos. “La ciudad tendrá que aprender a abordar el tema de estos proyectos”.

Los opositores afirman que la torre simplemente es ilegal. “Lo que están haciendo es retorciendo la ley para lograr sus objetivos”, afirmó la académica y analista política Denise Dresser, quien está ayudando a organizar a los opositores. Aseguró que el respaldo de la ciudad a la torre recuerda los días cuando los regímenes autoritarios construían grandes proyectos de obras públicas gustara o no a la ciudadanía.

El jefe de gobierno izquierdista Marcelo Ebrard, quien podría ser candidato presidencial en el 2012, está determinado a dejar su sello en la ciudad. “Ninguna otra ciudad de Latinoamérica tendrá otra torre de este tamaño”, declaró Ebrard cuando presentó el proyecto acompañado de Gamboa de Buen a fines de julio. “Estamos delante de todos”.

MCT/Direct

El principal opositor político al proyecto de Ebrard es una conservadora de 28 años, Gabriela Cuevas, la funcionaria electa para dirigir a la delegación (algo así como un distrito electoral estadounidense), donde se ubica el terreno de la futura obra. Los partidarios del proyecto afirman que la funcionaria se ha colgado del tema para impulsar más su carrera. “No es político querer aplicar la ley. Es una cuestión de en qué México cree uno”, indicó Cuevas.

El meollo legal del debate es la zonificación del lugar donde se levantará la obra, el cual ahora está limitado a edificios comerciales de solo cinco pisos. El terreno costó a Danhos solo 18 millones de dólares, una cantidad muy pequeña si es destinada para un rascacielos.

Los desarrolladores necesitan un cambio en la zonificación, medida que corresponde tomar a la legislatura de la ciudad, dominada por el partido de Ebrard. “Ellos compraron muy barato el terreno y ahora quieren que la legislatura lo modifique para su conveniencia”, manifestó Cuevas.

La torre de 70 pisos podría dominar la periferia del Bosque de Chapultepec, el enorme parque que se remonta a antes de la conquista española. Se le llamará Torre Bicentenario; que estará lista, según esperan los ejecutivos de Danhos, para el 2010, cuando México celebra los 200 años de independencia de España.

Pasando por alto a los altamente reconocidos arquitectos mexicanos, Danhos buscó a una estrella reconocida internacionalmente, el arquitecto holandés Rem Koolhaas. Al aludir el pasado precolombino de México, el diseño de Koolhaas une dos formas piramidales. Un cartonista editorial redibujó el diseño como un ataúd que sostiene los restos del plano urbano de la ciudad.

Danhos dividirá la inversión de 600 millones de dólares con una compañía de inversión propiedad del multimillonario español Amancio Ortega, el discreto fundador de la cadena de tiendas de ropa Zara y quien es el octavo hombre más rico del planeta, de acuerdo con Forbes.

Aunque hay otros rascacielos muy cerca, el lugar está rodeado de un vecindario de clase media con casas, oficinas y tiendas de baja altura. Sin embargo, a varias cuadras de distancia se ubica uno de los vecindarios más opulentos, donde las altas paredes escudan casas costosas.

La torre también podría colindar con la intersección de dos de las principales arterias de tránsito, uno de los peores cuellos de botella de la ciudad. Los opositores argumentan que con todos los autos que podría atraer, la ciudad debe confirmar que es imposible aprobar los estudios ambientalistas y de impacto urbano.

Si todo esto suena como una ciudad sin un plano verdadero, en realidad lo es. La Ciudad de México está salpicada de rascacielos que destacan en calles residenciales. Y 15 años de desarrollo sin supervisión en los suburbios occidentales crearon una mini ciudad de torres, llamada Santa Fe, sin caminos adecuados o transporte público que la conecte.

MCT/Direct

Los opositores han aprovechado todo este embrollo de Santa Fe para intensificar su lucha contra el jefe de gobierno local y Gamboa de Buen, quien trabajó junto con funcionarios de la ciudad para lanzar Santa Fe.

Gamboa de Buen culpa a los anteriores jefes de gobierno locales de ignorar el área.

La torre podría ser construida de acuerdo con estrictas normas internacionales ambientalistas y de terrenos, utilizando poca agua y energía.

Y Danhos promete construir pasos a desnivel y otras mejoras para hacer frente a los problemas del tránsito vehicular.

Por el momento, el proyecto ha entrado en una etapa de desaceleración por los pleitos legales en torno al edificio que se encuentra actualmente sobre el terreno, un ejemplo de la arquitectura funcionalista de mediados del siglo XX diseñado por un emigrado ruso, Vladimir Kaspe. El Instituto Nacional de Bellas Artes se apresuró el mes pasado a elevar el estatus del edificio como zona protegida.

La oposición dice que está cobrando fuerza, ya contrató a un reconocido abogado ambientalista, sumó celebridades a sus filas y recibió el respaldo de residentes de las áreas menos privilegiadas.

“Aquí no es como en otros países”, dijo Mike Ríos, un maestro jubilado que ha luchado en contra de la construcción en su vecindario de clase trabajadora. “En Japón, cuando es ecológico, no pueden tocar nada. Aquí, es todo lo contrario”.

 
     
 
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