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La revolución genética: el divo de la ciencia
 
 
Domingo | 14.10.2007
 

Por: Marta Ricart
The New York Times Syndicate

 
 

REUTERS/Mike Theiler

Venter, nacido el 14 de octubre de 1946, es un biólogo y hombre de negocios estadounidense.

BARCELONA, España - A Craig Venter ya le llaman el Bono de la ciencia porque, como el músico irlandés, ha roto moldes en su colectivo y sus iniciativas adquieren proyección global más allá de su estricto trabajo como músico uno, investigador, el otro.

Tras su gran hit como uno de los impulsores del proyecto de descifrado del genoma humano, ahora el Bono de los científicos ha dado otro do de pecho: ha anunciado que está creando vida artificial.

Venter fue uno de los promotores de la secuenciación del genoma humano, hace ya siete años, tras años de trabajo y de una guerra entre un consorcio de iniciativa pública y la que entonces era su empresa (capital privado), Celera.

Venter anunció en el diario británico The Guardian que ha creado un cromosoma artificial, el primer paso para que el hombre pueda diseñar genomas. “Estamos listos para pasar de leer nuestro código genético a la capacidad de escribirlo”, ha asegurado.

Médico especializado en genética y metido a empresario del sector, ex combatiente de Vietnam protestón, Venter no responde al prototipo de investigador encerrado en su laboratorio y estrujando al máximo un goteo limitado de recursos. Se le ha definido como un genio que, como tal, va por libre, pero de la nueva escuela que sabe usar para sus proyectos los medios de comunicación o las empresas de capital riesgo.

No le faltan detractores que le acusan de querer lucrarse, pero no vende humo. Ahora, apenas ha dado detalles de su último logro e incluso un portavoz de su equipo precisó que no habían logrado aún lo que se les atribuía, de ahí las reservas entre los expertos ante la investigación. Pero se especulaba con que pudiera dar más detalles en la asamblea anual de su empresa o que se publique pronto su estudio en una revista científica.

Según el diario británico, el equipo de Venter - una veintena de personas, incluidas el premio Nobel Hamilton Smith- ya ha creado en su laboratorio un cromosoma de 381 genes y 580 mil bases (letras del genoma) - el genoma humano tiene unos 30 mil genes y 3 mil millones de bases.

El cromosoma es la estructura en que se organizan los genes. Los científicos han creado ese material genético a partir de sustancias químicas pero basándose en el cromosoma de la bacteria Mycoplasma genitalum - una bacteria tiene un cromosoma, mientras que los humanos, 23 pares-. Pero sólo han seleccionado los genes que consideran esenciales y desechado una quinta parte de los del cromosoma de la bacteria.

Después han introducido ese nuevo cromosoma - bautizado como Mycoplasma laboratorium- en una célula de bacteria viva. Los investigadores esperan ahora que el cromosoma artificial funcione como lo haría el original, que la célula se divida, que se generen proteínas o los procesos metabólicos de sustento, es decir, que la bacteria viva. “La creación de vida artificial es un objetivo en el que trabajan diversos grupos de investigadores en el mundo. Lo que Venter pretende es establecer cuáles son los genes mínimos necesarios, los esenciales para la vida, el chasis mínimo genético para la vida”, explica Lluís Ribas de Pouplana, profesor Icrea y jefe del laboratorio de traducción genética del Institut de Recerca BiomSdica de Barcelona.

MCT/Direct

Lita Proctor, izq., miembro de Gordon and Betty Moore Foundation, posa junto a Sally Chisholm y David Karl, de Marine Microbe Initiative, con el científico Craig Venter y David Kingsbury, en San Francisco, California. La Fundación Moore ha apoyado también los estudios de la vida marina.

Sin los resultados, los investigadores son prudentes, pues Ribas apunta que habrá que ver si los 381 genes seleccionados son los debidos o falta alguno. También precisa que esa bacteria, por ejemplo, seguramente no será muy viable, pues no tendría mecanismos de defensa. Pero si la bacteria con el cromosoma artificial vive sería un primer paso hacia la creación de genomas artificiales. “De momento, la investigación nos acercaría a comprender el origen de la vida, el conjunto mínimo de genes que la hacen posible”, dice Ribas.

Luis Serrano, vicedirector del Centre de Regulació Gen.mica del Parc de Recerca BiomSdica de Barcelona y director de biología de sistemas, trabaja también en un proyecto de biología artificial. Su equipo rediseña igualmente una bacteria. Opina que el proyecto de Venter va más encaminado a establecer los mínimos de la vida y sentar las bases del diseño de genomas que a utilidades más funcionales.

Señala que otros trabajos en biología sintética, en lugar de sustituir el material genético de un organismo por otro creado en el laboratorio, lo que hacen es introducir sólo una parte creada en laboratorio, dirigida a las funciones que se desea mejorar de ese organismo y que por ahí se avanzará.

Sobre posibles aplicaciones futuras de la biología artificial, Venter es ambicioso: ha hablado de organismos que puedan, por ejemplo, suponer nuevas fuentes de energía o eliminar contaminantes, para así reducir el impacto del cambio climático.

La nueva investigación abre un debate ético sobre la posibilidad futura de rediseñar especies. Las primeras voces de alerta ya se han oído. Venter dice que han pensado en las implicaciones éticas y que “creemos que esto es buena ciencia”.

Este podría ser el mes Craig Venter. Antes de final de octubre, está prevista la presentación de su autobiografía (A life decoded) y también se prevé que se haga pública la secuenciación de su genoma, después de que revelara que fue en buena parte su material genético el que se empleó para descifrar el genoma humano. Ya le ha revelado que tiene propensión a sufrir enfermedades cardiovasculares y demencia.

Venter aún trabaja en otro proyecto no menos ambicioso y global: quiere descifrar el genoma de 10 mil personas para tener bases de datos genéticos.

 
 
     
 
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