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CAMBRIDGE, Inglaterra.-
Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) empieza a cuestionar si la globalización económica conduce a la felicidad universal. "La globalización financiera, y especialmente las inversiones directas extranjeras, parece estar relacionada con niveles de desigualdad más elevados", asegura el informe semestral Expectativas económicas mundiales del FMI.
“Las inversiones directas exacerban la desigualdad tanto en los países en desarrollo como en las economías avanzadas”, añade.
Al concentrarse estas inversiones directas en sectores tecnológicamente intensivos, tienden a ensanchar los diferenciales de renta, ya que la tecnología, según el FMI, beneficia de forma desproporcionada la mano de obra cualificada. El FMI, sin embargo, sostiene que la liberalización de bienes comerciales reduce la desigualdad.
Desde los años 1990, el FMI ha venido relativizando la tesis del llamado consenso de Washington según la cual la liberalización y apertura en todas las áreas de la economía beneficia tanto a los países en desarrollo como a las economías ricas.
Primero, tras la crisis asiática a finales de 1990, reconoció que la liberalización excesivamente rápida de la cuenta de capitales de países en desarrollo podía desencadenar fugas dañinas de capitales con desastrosos efectos sobre la economía.
Pero seguía recomendando las inversiones directas como una fuente fiable de capital y transferencia de tecnología sin advertir de las consecuencias negativas para la equidad. Ahora se reconoce que, aunque las inversiones directas sean deseables, conllevan un coste social.
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En este sentido, el FMI advierte que “aunque la profundidad financiera - consecuencia de la liberalización- se relaciona con crecimientos más altos, un porcentaje desproporcionadamente grande va a parar a quienes tienen más patrimonio y mayor renta”.
Esto se ha comprobado en casi todos los países del mundo. En Europa, la desregulación financiera iniciada en 1980 y 1990 coincidió con un aumento de la desigualdad en todos los países menos Francia, Estados Unidos y el Reino Unido son los países occidentales con mayores niveles de desigualdad.
Según datos recientes, la desigualdad en EU batió todos los récords históricos en 2005. Al 1% de estadounidenses con más patrimonio le corresponde el 21.2% de la renta total del país, una concentración de la riqueza jamás vista desde los años 20.
El trozo del pastel correspondiente al 50% más pobre cae al 12.8%, frente al 13.4% el año anterior. Según Steven Kaplan, de la Universidad de Chicago, esta creciente desigualdad es achacable al poder del sector financiero y el enriquecimiento en Wall Street.
En los países en desarrollo, el aumento más espectacular de la desigualdad se ha producido en China, donde los diferenciales de renta se han disparado 50% desde 1980, antes de la apertura.
En los tigres asiáticos en general la desigualdad se ha disparado en las últimas dos décadas y en Latinoamérica, la región más desigual del mundo, los diferenciales de renta han subido más rápidamente que en otras regiones.
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Esto pese a que Brasil y México hayan logrado reducir en los últimos años la desigualdad tras fuertes aumentos en 1980 y 1990, coincidiendo con la liberalización y, en el caso de México, gracias al tratado de libre comercio de América del Norte.
El FMI destaca que la creciente desigualdad no ha impedido que la globalización comercial y financiera coincida con subidas de los niveles de renta de los más pobres, sobre todo en Asia, y un aumento de la renta per cápita, exceptuando Latinoamérica. Pero advierte que la desigualdad "puede perjudicar a los motores del crecimiento".
Aunque el informe cuestiona algunas ortodoxias del pasado, mantiene la tesis principal de la economía liberal en el debate sobre la globalización, que la liberalización comercial tiene efectos positivos y no aumenta la desigualdad: “En contra de la preocupación popular, la globalización comercial no tiene un impacto negativo sobre la distribución de la renta ni en los países en desarrollo ni en las economías avanzadas”.
Perspectiva
A causa de la crisis financiera, la economía global tendrá un 2008 menos próspero de lo esperado. El crecimiento del PIB mundial será del 4.8% el año próximo, frente al 5.2% esperado en julio, según fuentes alemanas cercanas al FMI. La perspectiva para EU es del 1.9% (2.8% antes), y para la zona euro del 2.1% (frente al 2.5% esperado). |