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La monarquía en España
 
 
Domingo | 21.10.2007
 

Por: Victoria Burnett
The New York Times News Service

 
 

AP/Angel Milan

MADRID, España.- Durante más de tres décadas, el rey Juan Carlos de España ha gozado de la lealtad incuestionable de sus súbditos y el respecto discreto de los medios informativos. Sin embargo, podría estarse acercando el fin de la época de deferencia durante la cual el estilo de vida jet set de la familia real y sus asuntos personales estaban lejos del escrutinio público.

Una serie de protestas reducidas contra el rey efectuadas por nacionalistas catalanes y llamados de un comentarista conservador a que abdique, han roto con un tabú de tiempo atrás en cuanto a las críticas abiertas a la familia real y generado un debate sobre el papel de la monarquía, así como de los privilegios y reverencia poco común de los que disfruta el rey.

Juan Carlos dio un paso poco usual la semana pasada para defender la monarquía constitucionalista cuando dijo que había ayudado a garantizar “el período más prolongado de estabilidad y prosperidad que haya vivido España bajo un régimen democrático”.

Hasta cierto punto, la controversia refleja un debate más amplio sobre la pertinencia de la monarquía en Europa, ya que los miembros de la generación más joven se casan con quienes no pertenecen a la realeza y tienen pasados con altibajos, y los contribuyentes cuestionan el gasto de mantener el estilo de vida de sus monarcas. Sin embargo, el desafío en España también tiene su origen en un nacionalismo ferviente en algunas regiones que resienten el poder centralizado de Madrid, así como los cuestionamientos cada vez más frecuentes de si una monarquía inaccesible es anacrónica en una democracia moderna.

El papel que jugó el rey para ayudar a restaurar la democracia en España después de la dictadura del general Francisco Franco le ganó la gratitud y el respeto permanentes de una mayoría de españoles.

Nacido en Roma en 1938, el rey regresó a España a los 10 años, donde estudió y se le preparó para ser el sucesor de Franco. Fue proclamado rey en 1975, después de la muerte de Franco, pero llevó el país hacia un sistema parlamentario, y ahora tiene muy poco poder real.

Durante un intento de golpe de Estado militar en febrero de 1981, el rey apareció en televisión para denunciar el cuartelazo y exhortó al pueblo español a apoyar el gobierno democráticamente electo.

“Jugó un papel increíblemente valiente en la transición", dijo Paul Preston, un catedrático de historia en la London School of Economics y autor de varios libros sobre España. "Se ganó el derecho a ser rey”.

La familia real sigue siendo popular entre los españoles, quienes en mayo votaron al rey Juan Carlos como el español más grande de todos los tiempos. Sin embargo, el afecto por el rey mismo no se extiende a la institución de la monarquía, y muchos se autodenominan juancarlistas en lugar de monarquistas.

Por décadas, los medios informativos han girado alegremente en torno a la familia real, absteniéndose de chismes y limitándose a descripciones dóciles del rey y la reina durante sus muchos viajes oficiales y de sus nietos pequeños en trajes blancos de encaje.

Mientras que los españoles devoran revistas innumerables con fotografías comprometedoras de la realeza y las celebridades europeas, los editores dicen que no les interesa ver imágenes vulgares de su propia familia real.

AP/M.H. de Leon

Entonces, en junio, la revista de sátira El Jueves, una publicación catalana, publicó un cartón en su portada en la que se presenta al príncipe heredero Felipe, el hijo de Juan Carlos, y a su esposa la princesa Letizia teniendo sexo -un dibujo cuya intención, según dijo el editor, era ser un chiste.

El fallo de un juez de retirar la revista y enjuiciar los cartonistas bajo cargos de dañar el prestigio de la corona desencadenó un furor de interés por la publicación poco leída, así como un debate feroz sobre la libertad de expresión. Los culpables de dañar la imagen de la monarquía enfrentan hasta dos años en prisión.

"La forma en la que manejamos nuestra monarquía es muy anticuada, y la represión tiene un efecto contraproducente", dijo Fernando Bouza, un experto en opinión pública de la Universidad Complutense de Madrid.

La controversia por los cartones pareció inspirar otros para ventilar sus críticas, y dio impulso al resentimiento entre los nacionalistas y anarquistas catalanes, dijeron comentaristas políticos.

Le siguió una serie de mítines reducidos de izquierdistas descontentos que apoyan la independencia de Cataluña en el noreste, y ven al rey como un símbolo de una España opresiva y centralizada. En las últimas semanas, los manifestantes quemaron mantas con la imagen del rey y gritaron consignas que incluían: "Los catalanes no tienen rey".

En una parodia de linchamiento la semana pasada, dos encapuchados colgaron de lo alto de la Universidad Autónoma de Barcelona un maniquí con una corona, decían las noticias locales.

También un grupo de manifestantes en Valencia, una región de habla catalana en el este de España, quemó carteles con la fotografía del rey, y hubo escaramuzas entre ellos y derechistas en favor de la monarquía durante un festival local, de acuerdo al periódico El País.

El Esquerra Republicana de Catalunya, un partido catalán de izquierda, ha cabildeado para obligar a que la casa real revele detalles de sus finanzas, y en julio, esta designó un auditor interno para supervisar sus cuentas.

La casa real española declinó hacer comentarios sobre los incidentes recientes o la respuesta del rey, como es la práctica habitual.

Miguel Angel Moratinos, el ministro de relaciones exteriores, rechazó las protestas por considerarlas "antigüedades de una fracción radical" cuando dijo que el rey es "una figura fuerte valorada por la gran mayoría de los españoles".

Sin embargo, los ataques no sólo han provenido de la izquierda. El mes pasado, Federico Jiménez Losantos, un comentarista de radio conservador que no se anda con rodeos, hizo un llamado a Juan Carlos para que abdique en favor de su hijo Felipe para permitir la regeneración de la monarquía.

REUTERS/Enrique Shore

Comentaristas de ambos lados del espectro político dijeron que el rey también podría haberse convertido en víctima del mismísimo papel por el que se le reverencia tan ampliamente: ayudar en la transición a la democracia, que fue algo así como un proceso de perdonar y olvidar con la intención de cerrar la puerta de la terrible guerra civil de España, de 1936 a 1939, y las décadas de dictadura que siguieron. No se llevaron a cabo juicios por crímenes de guerra, y varios aliados de Franco continuaron en la política y el ejército.

En los últimos años, ha surgido un interés en la transición, y el silencio que según dicen muchos la acompañó, y muchos, en particular de la izquierda, cuestionan qué tan exitosa o justamente lidió con el pasado sangriento de España. Legisladores de izquierda y grupos que representan las víctimas de Franco promueven una ley de "memoria histórica" que busca desagraviar las víctimas de la guerra civil.

Políticos y comentaristas conservadores dicen que el rey es la víctima más reciente de una campaña gubernamental del primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero por socavar el valor de las instituciones de España: la Iglesia católica romana, el matrimonio, la monarquía.

"El rey es la personificación de la transición", dijo el columnista conservador Hermann Terstsch en una entrevista. "Estos ataques son una desgracia, pero lógicos si se considera que el gobierno ha incendiado todas nuestras instituciones".

A pesar de los cuestionamientos recientes, políticos, historiadores y comentaristas dijeron que creen que se recuperará el rey.

“Este es un país que básicamente está inclinado hacia el republicanismo, pero la gente no ve que un cambio de sistema sea algo necesario”, dijo Bouza.
 
 
     
 
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