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La brecha china en la energía ecológica
 
 
Domingo | 28.10.2007
 

Por: Keith Bradsher
The New York Times News Service

 
 

LA PRENSA/Jihan Rodríguez

BOXING, China.- Para el próximo otoño, un fangoso sitio de construcción aquí, en una parte rural del oriente de China, dará paso a una pequeña planta de energía que quemará tallos de maíz y algodón para generar electricidad para los pueblos cercanos y vitalizar un complejo industrial vecino.

La planta estará lista muy pronto, pero solo cuatro compañías de China hacen las calderas de precisión especializadas que requiere la planta de biomasa. Y todas esas compañías están en serios problemas por el retraso en el surtido de órdenes y entregas tardías. Problemas similares agobian a la industria de turbinas eólicas en China.

La misma compañía de servicio público que construye la planta ecológica en Boxing, CLP, acaba de abrir una planta de combustión de carbón en el extremo sur del país. A la hora prevista y construida con la mitad de lo que podría costar en Occidente, la planta generará mil 200 megavatios de electricidad comparados con los seis mil megavatios de la planta de biomasa de Boxing. CLP es tan impresionante que está licitando para construir plantas de combustión de carbón en India con tecnología china.

Estas son realidades que enfrentan compañías que buscan hacerse más amigas del ambiente en China, donde el carbón es el que manda. Las plantas de combustión de carbón son rápidas y baratas de construir y fáciles de operar.

Si bien el Gobierno chino ha establecido metas para incrementar el uso de una larga lista de energías alternativas -incluida la eólica, biomasa, hidroeléctrica, solar y nuclear- todas enfrentan obstáculos que van desde la burocracia hasta cuellos de botella en la manufactura.

Las diferentes opciones de energía de CLP son todo un caso de estudio sobre cómo una compañía trata de atender las necesidades de proporcionar electricidad a cientos de millones de asiáticos de escasos recursos, aun cuando está bajo un objetivo auto-impuesto de tratar de limitar las emisiones de gases que provocan el calentamiento global.

Controlado por la familia Kadoorie -una de las más opulentas de Hong Kong, con un largo historial de apoyo a las causas ambientalistas- el directorio de CLP empezó a considerar un plan para limitar las emisiones que causan el efecto de invernadero.

Si bien faltan por afinar los detalles, la compañía tiene planes de comprometerse en hacer “reducciones materiales y drásticas” de tales emisiones en países industrializados como Australia, mientras busca controlar el crecimiento de emisiones en naciones en desarrollo, como China, indicó Andrew Brandler, director ejecutivo de CLP.

“Creemos que el mundo tiene que abordar el problema del cambio climático como un asunto de emergencia”, señaló Brandler.

Pero las operaciones de CLP están creciendo tan rápido en China, India y otras naciones en desarrollo en respuesta a la creciente demanda de electricidad que Brandler precisó que las emisiones totales de gases emitidos por la compañía y que causan el calentamiento global podrían aumentar a corto plazo.

LA PRENSA/Jihan Rodríguez

El problema es particularmente agudo porque gobiernos de toda Asia, desde China e India pasando por Indonesia y Filipinas, están recurriendo principalmente al carbón para atender las crecientes necesidades de electricidad, dejando de lado cualquier otra fuente importante de electricidad.

El aumento de China ha sido sustancial. Solamente el año pasado, el país construyó 114 mil megavatios de capacidad generadora basada en el combustible fósil, casi todo combustión de carbón, y está en camino de completar 95 mil megavatios más este año.

En comparación, Gran Bretaña tiene 75 mil megavatios en operación, construidos en un espacio de décadas.

La alternativa más mencionada para el carbón en China involucra planes para cuadruplicar la proporción de electricidad del país originada en la energía nuclear para el 2020. Sin embargo, el plan, que contempla decenas de reactores, sigue representando 31 mil megavatios de energía nuclear en los próximos doce años.

“Esto es muy poquito”, indicó Jonathan Sinton, experto chino de la Agencia Internacional de Energía. China construye más capacidad de combustión de carbón que esta cifra cada cuatro meses.

Dos grandes preguntas persisten incluso para los objetivos modestos: ¿puede fabricarse equipo para las decenas de reactores nucleares? Y ¿puede China capacitar los suficientes trabajadores para operarlos?

En la planta nuclear Daya Bay de CLP en Shenzhen, un domo de acero especialmente endurecido del tamaño de una casa se encontraba paralizado junto a una enorme grúa, esperando ser movido y colocado en una posición como parte del sexto reactor del lugar.

La ganancia era que el domo de Daya Bay estaba ahí: los reactores en otras partes de China esperan hasta siete años. Solo un puñado de siderúrgicas de todo el mundo puede colocar los pesados domos, y hasta apenas ahora aparecen las dos primeras siderúrgicas en China para entregar el equipo y fabricarlos.

Los mil 750 empleados de la planta, mientras tanto, están capacitando a 500 practicantes a la vez, de acuerdo con Stephen Lau, el primer subgerente general de la planta: la compañía gubernamental de energía nuclear pidió que fueran capacitados mil a la vez, pero la empresa conjunta que opera la planta no podía manejar a tantos.

Por el contrario, no hay escasez de trabajadores para operar las plantas nucleares de combustión de carbón. China está salpicada de plantas gubernamentales decrépitas de combustión de carbón que emplean, cada una, a mil personas para producir solo de 50 a 100 megavatios.

La Prensa/Archivo

Frecuentemente, el Gobierno pide a las compañías cerrar una de estas operaciones ineficientes y altamente contaminantes, y proporcionar empleos o dinero a los trabajadores, antes de permitir la construcción de una nueva planta de combustión de carbón.

La moderna planta de CLP ubicada en Fangchenggang, en el extremo sur de China -un par de torres grises de 78 metros que dominan un paisaje tropical de campos de madera y arroz salpicado de ganado- emplea a solo 270 trabajadores para generar mil 200 megavatios.

Antes de que fuera construida la planta de Fangchenggang, el gobierno local tuvo que comprar la tierra a residentes de un cercano pueblo pesquero, desatando discusiones acerca de qué tierra debía ser sacrificada, afirmó Shang Zhengde, un longevo líder comunitario.

“Hubiéramos preferido tener un sitio más pequeño, si hubiera acaparado más terrenos, habría alterado nuestras vidas, y la compensación del Gobierno no puede resolver esto”, dijo.

Pero los problemas del carbón no son nada comparados con los desafíos que enfrenta la industria eólica, la cual requiere de mucho más tierras y está agobiada por una añeja escasez de un rango más amplio de refacciones, así como por políticas normativas de tipo contradictorio.

Por ejemplo, Beijing ha decretado que las compañías de transmisión de energía paguen por lo menos 6.5 centavos de dólar por kilovatio-hora para comprar electricidad generada por el viento a los productores de energía aprobados, no muy por encima de los 4.5 centavos por hora que pagan por la energía generada con carbón.

Pero el aliciente es tan pequeño que solo una tercera parte del 1% de los proyectos de energía eólica regulados a nivel nacional y aprobados en 2004 han sido construidos y ninguno de los aprobados en los dos últimos años, dijo Vivek Kher, un vocero de Suzlon Energy, un fabricante de turbinas de viento de India.
 
 
     
 
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