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En bares para las mujeres
 
 
Domingo | 30.12.2007
 

Por: Somini Sengupta
The New York Times News Service

 
 
MCT/Direct
NUEVA DELHI, India. - Incluso otra ley de la era británica ha sido derribada como un borracho del banco de un bar, en un cambio que les da a las mujeres la libertad de ganarse la vida mezclando el cosmopolitan perfecto.

Al revocar una ley de 1914 que prohibía el servicio de mujeres detrás de la barra aquí, en la capital, la Suprema Corte de la India no solo elevó su copa por el cambio de las costumbres sociales en este país, sino también les dio a las mujeres indias acceso a uno de los empleos más lucrativos en la nueva economía.

La prosperidad ha dado como resultado la proliferación de bares de moda a lo largo de la urbana India, con lo elegantes que son algunos de ellos lugares en los cuales una copa de Bordeaux cuesta casi el salario semanal de un jornalero, el consumo de bebidas embriagantes está empezando a perder su tufo a vicio y peligro en las mentes del indio de clase media.

En una noche cualquiera, en cualquier salón de un bar en las grandes ciudades de la India, las mujeres pueden ser vistas bebiendo alegremente, llegando incluso a estar, a veces, sin la compañía de varones.

MCT/Direct
De hecho, una estudiante de administración hotelera, de nombre Aditi Soni, de 20 años de edad, dijo que incluso su abuela, quien es profesora, había llegado a convencerse de que el trabajo en un hotel de lujo, con un lujoso bar, no era tan mala idea para una
mujer.

Como cantinera, les ha dicho Soni a sus mayores, fácilmente puede ganar más de mil dólares mensuales, lo cual equivale a más del triple del salario de un empleado en un centro de atención a clientes, por ejemplo, o el de una mesera en un restaurante de lujo.

Originalmente, ella había considerado una carrera como cantinera, pero optó por estudiar administración de restaurantes, luego de darse cuenta que en Delhi es ilegal que una mujer atienda una barra. En esta semana, Soni saludó a la corte con una sonrisa de oreja a oreja, y dijo que estaba contenta por las nuevas oportunidades.

“Es redituable, tanto en el sentido económico como de diversión”, dijo. “Hay que improvisar. Es un empleo saturado de acción”.

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Incluso así, la conmoción con respecto a quién puede trabajar como cantinero indica una perdurable ambivalencia con respecto al tema del alcohol, y las mujeres sirviéndolo. Cada uno de los 29 estados de la India tiene sus propias leyes que rigen la venta de bebidas alcohólicas, y muchos, en diversos grados, restringen el trabajo de mujeres detrás de la barra.

En Bombay, por ejemplo, la capital india del entretenimiento, las mujeres tienen prohibido trabajar en bares o cantinas después de las 20:30 horas, ley que se hace valer con tan poca frecuencia que Shatbhi Basu, cantinera que es una celebridad y la anfitriona de un programa de bebida por televisión, amén que enseña un curso para cantineros, no estaba del todo segura cuándo debían las mujeres registrar la tarjeta de salida en el reloj. Muchos empleados no prestan atención a la ley que dicta el límite de las 8:30, dijo, pero les conceden precauciones de seguridad a las empleadas, como enviarlas a casa en un automóvil de la empresa.

De manera similar, todo parece indicar que la policía no hace valer otra norma encantadoramente anticuada, la cual les exige a los motoristas presentar un permiso certificado por un médico en el que se declare su necesidad de un trago.

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En Chennai y Bangalore, dos de las capitales tecnológicas de la India, los bares - que suelen rebosar de gente joven- supuestamente cierran entre 11:00 y 11:30 p.m., mas no con frecuencia.

En cualquier caso, destacó Basu, muy pocas mujeres atienden la barra de cantinas en cualquier parte de India, y ella no anticipaba que el fallo de la corte impulsara a otras mujeres a sumarse a la profesión en grandes números. En su curso de cantinero, aún es muy inusual encontrar compañeras de su sexo.

“No tiene que ver con la Corte; más bien con la familia de la que vengas”, arguyó Basu, de 48 años de edad, quien empezó a trabajar como cantinera en 1981. “Las jóvenes desean hacerlo. A final de cuentas, es la familia la que manda. Todo tiene que ver con el honor familiar, con qué pasará, si serás capaz o no de contraer matrimonio ... todo ese tipo de cosas”.

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La Asociación de Hoteles y Restaurantes del oeste de India, que incluye a Mumbai, anteriormente Bombay, está considerando una apelación a su gobierno estatal para que relaje la regla de las 8:30 p.m. El fallo de la Suprema Corte no incide directamente sobre otras leyes estatales que rigen la venta de alcohol.

El fallo de la Suprema Corte fue impulsado por una demanda entablada por la Asociación de Hoteles y Restaurantes, grupo industrial con sede en Delhi. El Gobierno había justificado la ley con base en el argumento que el trabajo ya entrada la noche generaba un peligro potencial para las mujeres.

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Luego que la Alta Corte de Delhi fallara en contra de la ley, un ciudadano particular la llevó a la Suprema Corte, donde abogados que defendieron la ley citaron el caso de Jessica Lall, modelo convertida en cantinera que fue muerta a balazos en un exclusivo restaurante de esta ciudad, en 1999, tras negarse a servirle a un cliente exigente.

En su veredicto de este mes, la Suprema Corte de la India citó un caso de la Suprema Corte de Estados Unidos, el cual se burla de lo que denominó “paternalismo romántico’, que, en términos prácticos, pone a las mujeres no en un pedestal, sino en una jaula”.

Si las mujeres pudieran trabajar como agentes de policía y directoras ejecutivas, opinó esta corte, ¿cómo podría la ley impedirles atender una barra? Los magistrados se refirieron a la ley de 1914 como una “discriminación envidiosa que perpetúa diferencias sexuales”.

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Para Anushika Pradhan, de 25 años de edad, quien llegó a Delhi hace unos cuantos años proveniente de una pequeña ciudad al noreste, Gangtok, el dictamen de la corte significó que ella pudo salir del clóset de las cantineras. A lo largo de casi seis meses, mientras trabajaba como recepcionista en una cafetería de un hotel de cinco estrellas, ella había estado aprendiendo el oficio en secreto, bajando las escaleras, en la taberna bajo el nombre de Dublín.

El día posterior al fallo de la máxima corte, Pradhan, vestida con un traje negro, estaba detrás de la barra, tirando vigorosamente de la espita, preparando güisqui con soda y sonriendo, consciente de sí, para todos aquellos que la reconocieron. Ella había sido ungida por los medios de comunicación local como la primera cantinera de la capital.

“¡Oye, tu estuviste en televisión!” exclamó un hombre. Otro, en estado de ebriedad, intentó reclinarse sobre la barra unas cuantas veces antes que guardias de seguridad lo acompañaran a su habitación.

En las pantallas planas de televisión en ambos extremos del bar, se transmitía un enfrentamiento de lucha libre en el que un hombre sostenía la cabeza de otro entre sus rodillas.

Uno de los meseros hizo venir a Pradhan y le devolvió un cosmopolitan que ella acababa de preparar. “Demasiado fuerte”, fue el veredicto del cliente. Pradhan parecía confundida.

“¿Demasiado fuerte?”, preguntó, y agregó un chorrito de refresco.
 
     
 
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