BEIJING, China - Si está planeando visitar China para las Olimpiadas, quizá se esté preguntando qué empacar, o incluso si obtendrá una visa.
La Agencia de Noticias Católicas con sede en Washington informó que las Biblias estarían prohibidas en las residencias para miles de atletas extranjeros. Posteriormente un grupo en Texas dijo que Beijing negaría visas a activistas y otros posibles manifestantes.
Funcionarios de Beijing han negado ambas afirmaciones, pero los Juegos del año próximo serán los primeros en un país no democrático desde las Olimpiadas de Verano de Moscú 1980 y los organizadores admiten que limitarán algunas libertades.
Por ejemplo, una lista recientemente publicada de artículos prohibidos en los Juegos incluye “Cosas impresas que son perjudiciales para los intereses políticos, económicos, culturales y morales de China”.
Para los chinos, esas restricciones no son nada nuevo. El Gobierno de China prohíbe que las tiendas vendan una larga lista de libros y películas que incluyen casi cualquier cosa crítica del gobernante Partido Comunista o sobre historia sensible.
Los textos religiosos no vetados por el Gobierno oficialmente ateo de China, que maneja todas las casas editoriales en China, también están prohibidos.
Un informe de septiembre del año pasado elaborado por el Departamento de Estado de Estados Unidos dijo que China continúa reprimiendo las libertades religiosas.
Entre otras cosas, funcionarios chinos han interrogado recientemente a cristianos que oraban en iglesias no oficiales sobre “conexiones con extranjeros y potenciales planes para perturbar los Juegos Olímpicos de 2008”, decía el informe.
Beijing ha tratado de restar importancia a las restricciones.
El mes pasado, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China Liu Jianchao llamó “puros rumores” a los informes de que las Biblias estarían prohibidas en la villa olímpica.
Sun Weide, portavoz del comité organizador de las Olimpiadas de Beijing, dijo que los atletas y visitantes podrán traer textos religiosos a China en tanto los libros no sean diseminados.
Funcionarios también han negado informes de que monitorearán a los periodistas que cubran las Olimpiadas. Noticias de que Beijing estaban recopilando información sobre los 28 mil periodistas esperados en los Juegos “han sido confirmados como erróneos y faltos de fundamento”, dijo Sun.
Funcionarios de Beijing han sido menos claros, sin embargo, sobre cómo manejarán las protestas durante los Juegos.
Se espera que unos 500 mil extranjeros visiten China durante las Olimpiadas. Los grupos destacarán inquietudes que van de la represión de China al movimiento espiritual Falun Gong, una organización popular a la que Beijing ha llamado un “culto al mal”, hasta la prolongada ocupación de China de la nación himalaya del Tibet, que fue invadida por fuerzas comunistas en 1951.
En un preludio de probables protestas, varios activistas extranjeros colgaron en agosto pasado una enorme pancarta desde la Gran Muralla que decía “Un Mundo, Un Sueño, Tibet Libre 2008”.
Sin embargo, tanto Beijing como el Comité Olímpico Internacional han repetido su oposición a la acción política en los Juegos.
“Debería haber un entendimiento, y regularmente siempre lo hay, de que (las Olimpiadas) son un acontecimiento deportivo, y no una plataforma para hacer declaraciones, ya sean políticas o comerciales”, dijo Giselle Davies, portavoz en jefe del COI.
Señaló que la carta de la organización prohíbe las manifestaciones o “propaganda política, religiosa o racial” en los recintos olímpicos.
Pero determinar qué constituye una manifestación es difícil. Al preguntarle si usar una playera con la leyenda “Tibet Libre” sería considerado un delito castigable, Sun, el portavoz del comité organizador de las Olimpiadas de Beijing, dijo que lo sería, mientras que Davies sugirió que no lo sería a menos que “un bloque de personas quisiera ponerse de pie” usando las mismas playeras.
Para los atletas, el asunto también es confuso. Por ejemplo, los competidores pueden hablar de política en respuesta a preguntas de los medios. Pero serían sancionados por hacer declaraciones independientes, como lo fue el patinador de velocidad estadounidense Joey Clark cuando habló sobre la región devastada por la guerra de Darfur, Sudán, después de ganar una medalla de oro en 2006 (No fue castigado).
Si los atletas hacen gestos políticos mientras reciben medallas -como hicieron los corredores estadounidenses Tommy Smith y John Carlos al levantar los puños cerrados en apoyo del Movimiento del Poder Negro durante los Juegos de Verano de 1968- también podrían ser castigados, dijo Davies.
Fuera de los recintos deportivos, es probable que Beijing prohíba todas las manifestaciones.
Funcionarios han dicho que cualquier protesta tendría que ser aprobada por el Gobierno, que rara vez concede ese permiso.
A los activistas también les preocupa que China simplemente se niegue a darles visas.
La Asociación de Ayuda a China, un grupo basado en Midland, Texas, que promueve una mayor libertad religiosa en China, dijo el mes pasado que Beijing planeaba bloquear el ingreso a varias categorías de personas, incluidos “partidarios de Falun Gong”, y “empleados de medios que puedan perjudicar a los Juegos Olímpicos”.
Sun, el portavoz del comité organizador de las Olimpiadas, dijo que no había escuchado de esfuerzo alguno para impedir que manifestantes ingresen a Beijing.
“Damos la bienvenida a todos los visitantes internacionales que vengan a China para observar los Juegos Olímpicos, pero esperamos que todos los visitantes internacionales se apeguen a las leyes y regulaciones chinas relevantes”, afirmó.
Para los periodistas extranjeros, la situación mejoró cuando Beijing rescindió las reglas que pedían que los reporteros solicitaran permisos para viajar y realizar entrevistas. |