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España puede pasar a la historia por muchas cuestiones, pero es casi seguro que lo hará por ser el país europeo que más ha cambiado en lo que se refiere al ámbito social en los últimos años.
Basta con echar la vista atrás unos 40 años, para comprobar el cambio: de ser un país en el que el único modelo familiar socialmente admitido era el matrimonio eclesiástico, se ha pasado a asumir con total naturalidad parejas de hecho, hijos fuera del matrimonio, divorcios, familias monoparentales y unipersonales y, sobre todo, el matrimonio homosexual.
Y todo ello, sin que el concepto familia se haya visto mermado, como revelan las distintas encuestas realizadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas.
Pero, a pesar de todos estos cambios, hay algo que no ha variado: el papel que representa la mujer dentro de la familia, sea esta del tipo que sea.
“La mujer sigue asumiendo el papel heredado de sus madres, y estas de sus abuelas y así progresivamente”, señala la directora del Instituto de la Mujer, Rosa Peris.
Esto hace que ella misma siga considerando, pese a los desequilibrios que esto le ocasiona, que el cuidado de los niños es cosa suya, así como poner la lavadora, comprar la ropa o asegurarse de que en el frigorífico no falta leche.
Pero, ¿por qué la mujer se cree más preparada que el hombre para poner la lavadora, aunque su pareja sea informático?, ¿por qué una mujer cree que la atención a los niños es algo que le corresponde a ella, cuando el hombre es el padre?, ¿por qué la mujer se siente culpable por el hecho de que el niño suspenda un examen, mientras que el progenitor se limita a asumir que el chaval no ha estudiado lo suficiente?
La respuesta la dan tanto la presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, Altamira Gonzalo, como la portavoz de la Federación de Mujeres Progresistas, Carmen Laviña.
Ambas creen que todo es fruto de larguísimos años de educación centrados en la diferenciación de sexos: el mundo público para ellos, el ámbito privado para ellas. Y los papeles se reproducen de generación en generación.
El borrador del Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades 2008-2011, en el que trabaja el Gobierno, considera estos estereotipos completamente “inaceptables” y discriminatorios.
Y vaticina que esta situación “continuará reproduciéndose, a menos que la sociedad en su conjunto se proponga erradicarla”.
Para la secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, una sociedad que aspira a ser avanzada no puede prescindir de la capacidad y la inteligencia del 50% de sus ciudadanos.
Sin embargo, son muchos los expertos que creen que más pronto que tarde los estereotipos terminarán cayendo, principalmente, porque son las propias mujeres las que están interiorizando el cambio.
Pero la tarea que resta no es fácil, ya que cambiar la mentalidad es un proceso largo y complejo, al que las leyes, como las de Igualdad, ayudan pero no erradican.
Falta más. “Hay que intensificar las imágenes que muestren una sociedad igualitaria, porque está comprobado que es el instrumento más efectivo; tú saca en la televisión varias veces un hombre planchando y al final los ciudadanos asumen que un varón plancha”, señala Laviña.
Y esa es la línea que va a seguir el Gobierno en los próximos años, intensificar las campañas de sensibilización, sobre todo, las dirigidas a los jóvenes.
Quizá sean ellos los que consigan que España pase a la historia por erradicar las desigualdades de género. |