CANALES
  Reportaje especial
  Tecnología
  Bebés
  Salud
  Mascotas
  Psicología
  Hogar
  Psicología sexual
 
  ENTRETENIMIENTO
  Discos
  Cine
  Farándula
  Libros
  Tecnología
 
  EL IMPRESO
  Hoy por hoy
  Panorama
  Nacionales
  Opinión
  Perspectiva
  Deportes
  Mundo
  Economía y Negocios
  Vivir +
  Reseña
  Sociales
  Horóscopo
 
  SUPLEMENTOS
  Ellas Virtual
  Martes Financiero
  Aprendo Web
  Reseña Empresarial
   Pulso de la Nación
 
  TIEMPO LIBRE
  Turismo
  De interés
  Cine
  De noche
 
  SERVICIOS
  Contáctenos
  ¿Quiénes somos?
 
 
 
 
 
Castro elimina algunas barreras en Cuba
 
 
Sábado | 05.04.2008
 

Por: Fernando García
The New York Times

 
 
AP/Ismael Francisco

Cuba está de reformas. Raúl y su gobierno han empezado tirando tabiques; derribando los muros interiores que, levantados a principios de los 90 para contener las desigualdades en un momento de fugaz apertura económica, acabaron creando grandes ámbitos de marginación de los propios cubanos dentro de su país.

Este lunes, el nuevo presidente caribeño demolió una de las paredes más feas de la casa al permitir el alojamiento de sus conciudadanos en los hoteles internacionales, hasta ahora reservados al turismo externo. El Ejecutivo dio también la orden de permitir a los cubanos alquilar coches, otro aspecto del llamado apartheid turístico que pasa a la historia.

Los cubanos que quieran pasar una o más noches en el Nacional o el Riviera por citar hoteles emblemáticos en la isla, tendrán que pagar un precio que multiplica varias veces el salario medio en el país, inferior a 15 euros. Al menos así será en principio, pues, como señalaron los directivos y empleados del sector tras recibir la orden del Ministerio de Turismo de levantar el veto a los nacionales, estos deberán pagar en pesos convertibles o CUC, cuyo valor es de 24 pesos cubanos o 1.08 dólar. No hubo indicación de posibles tarifas especiales o diferenciadas de las que ahora rigen para los turistas.

Está por ver si, para salvar el abismo entre los precios y la capacidad adquisitiva de la mayora de los cubanos, el Gobierno establece algún acuerdo con las cadenas internacionales y empresas mixtas que gestionan los centros turísticos. En la actualidad, el Estado sufraga íntegra o parcialmente las facturas hoteleras de los cubanos a los que, en premio a su buen desempeño laboral, se permite pasar unas vacaciones junto con sus familias en determinados hoteles del país. Ahí el pago de la parte no subvencionada se hace en pesos cubanos.

REUTERS/Enrique De La Osa

Esos trabajadores destacados o de vanguardia eran hasta la medianoche del domingo, junto con los mejores estudiantes o militantes y los recién casados, los únicos cubanos residentes que podían dormir en algunos hoteles de la isla.

Sólo los no residentes, es decir los familiares emigrados a EU u otro país, tenían libre acceso a cualquier instalación turística. Pero no podían invitar a sus familiares internos, lo que ocasionaba una gran frustración.

Las remesas de los emigrantes constituyen la principal de las fuentes de provisión legal de divisas con que cuentan los cubanos que siguen en Cuba; las otras son los turistas, el propio Estado a través de su política de estímulos laborales en CUC y las empresas extranjeras que pagan sobresueldos en dicha moneda.

Las grandes fuentes ilegales de CUC son el robo de mercancías al Estado y el enorme mercado negro.

El problema de la carestía de precios no limita sólo el alcance de la decisión adoptada para los hoteles y coches de alquiler, sino también las recién anunciadas respecto a la libre venta de ordenadores, DVD, microondas y demás electrodomésticos, que este martes entraron en vigor, y la legalización de la tenencia y el uso de teléfonos móviles contratados en CUC, a partir del 14 de abril.

La dificultad o imposibilidad para la mayoría de acceder a todos esos bienes y servicios puede alimentar o poner al descubierto las desigualdades entre los isleños y crear la sensación de que hay dos Cubas: la de quienes manejan la moneda dura en una cierta cantidad y la del resto del país.

MCT/Direct

Esa realidad y esa imagen fueron las que Fidel Castro quiso evitar cuando, al abrir el país al turismo, inversiones y nuevos consumos a fin de paliar el desastre del fin de la URSS, optó por vedar a sus paisanos el disfrute de gran parte de todo ello. Unas restricciones que - según Raúl destacó al tildarlas de "prohibiciones excesivas" y anunciar su abolición el 24 de febrero, cuando tomó el relevo de la presidencia- han perdido todo su sentido.

Frente al riesgo de hacer aflorar definitiva y dramáticamente una clase de nuevos ricos cubanos que de hecho ya existe, el desmantelamiento de barreras interiores coronado el lunes con el fin del apartheid turístico presenta grandes virtudes y ventajas. La primera bondad está en la justicia de las decisiones, que en principio ha de tener efectos polticos favorables para Raúl y le da un respiro con vistas a la preparación de necesarias medidas económicas más complicadas.

Otra consecuencia favorable del fin de las "prohibiciones absurdas" es un mayor ingreso y acopio estatal de CUC, imprescindible para afrontar urgentes inversiones productivas. La economía cubana acusó en 2007 de manera notable la escasez de divisas en un momento delicado de alza de precios internacionales.

Es de esperar que el levantamiento de algunas de las restricciones acabe con parte del mercado negro alimentado con las mercancías cuya venta ahora se libera. Esto en cuanto a los productos que ahora salen al mercado legal y al tráfico de teléfonos móviles.

Respecto a la medida efectuada este lunes, el libre alojamiento en los hoteles no solo puede aportar beneficios sociales y económicos al terminar con una discriminación e impulsar la primera fuente de ingresos del país; también es positiva desde el punto de vista jurídico, ya que acaba con una flagrante violación constitucional. Y es que la Carta Magna cubana establece en su artculo 43 el "derecho de todos los ciudadanos (...) a alojarse en cualquier hotel".

REUTERS/Enrique De La Osa

Las reformas de Raúl no tocan por ahora esos muros exteriores que son los permisos de salida y otros límites para viajar; tampoco los gruesos tabiques de las fuertes restricciones para adquirir viviendas y coches. Los cubanos esperan que también esas paredes caigan.

Goteo de las reformas

La primera de las medidas populares anunciadas por el Gobierno de Raúl Castro entró en vigor este martes. Se trata de la libre venta de ordenadores, DVD, microondas, televisores de ciertas medidas y bicicletas eléctricas, entre otros electrodomésticos. Hasta ahora, sólo los extranjeros podían comprar estos productos, gravados con un coeficiente de más del 200% sobre su precio de importación.

Habrá que ver cuánto cuestan estos equipos en los almacenes habilitados para su venta general, que se efectuará en CUC, la moneda dura y divisa cubana.

Los isleños podrán comprar un teléfono móvil a partir del 14 de abril, avanzó ahora el viceministro Ramón Linares. El precio de alta se mantendrá en 111 CUC, cantidad que multiplica por 6 el salario medio en pesos cubanos. Linares avanzó no obstante la futura oferta de móviles en pesos cubanos bajo restricciones similares a los límites - considerables- que rigen para los fijos. Otros productos como los aparatos de aire acondicionado o las tostadoras se liberarán en los próximos dos años para adecuar la red eléctrica.

Economía

La apertura de los hoteles internacionales a los ciudadanos cubanos viene a contribuir al impulso que el turismo viene pidiendo aquí a gritos tras unos años de declive. La medida va en la misma línea que el reciente anuncio de la creación, antes de 2010, de 30 hoteles. El sector, clave en la isla, genera unos ingresos de más de 2 mil millones de dólares al año.

 
     
 
¡ESCRÍBENOS TUS COMENTARIOS AQUÍ!
   
     
 
 
 
© Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá