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Sudán da a los huérfanos un salvavidas
 
 
Domingo | 13.04.2008
 

Por: Lydia Polgreen
The New York Times News Service

 
 
AP/Archivo

Como tantos bebés en el Orfanato Maygoma, Nariman Siddiq Ahmed Ali fue llevado allí al día siguiente de nacer, enfermo y apenas vivo, con un peso de menos de dos kilos.

Extraños lo encontraron a fines de febrero después de que fue arrojado al lado del camino en un remoto suburbio de esa capital en auge. Casi seguramente fue producto de una unión ilícita, la evidencia irrefutable de un adulterio o de fornicación en un país donde eso significaría una vida de vergüenza o incluso la muerte, para la madre y el niño.

Hace apenas unos años, las posibilidades eran que Narim hubiera perecido en el Orfanato Maygoma, como 80% de los niños lo bastante desafortunados para terminar ahí, según la UNICEF. Los huérfanos en Maygoma enfrentaban una existencia dickensiana de miseria y descuido, muchos creciendo casi mudos y muy atrofiados, atendidos por empleados que apenas les hablaban y nunca los cargaban, apartándose de ellos muy similarmente a la sociedad que los consideraba irredimiblemente corruptos por la mancha de su desafortunado nacimiento.

AP/Archivo

Pero en los últimos años ha tenido lugar un cambio radical encabezado por una inusual coalición de funcionarios de gobierno, organizaciones de ayuda occidentales y líderes religiosos.

Ha rescatado a muchos infantes de Maygoma de un destino sombrío transformando las actitudes religiosas y legales hacia los hijos ilegítimos en esta sociedad profundamente conservadora.


Las costumbres sociales allí tradicionalmente han pasado los pecados de los padres al hijo, dejando a la adopción -ya un asunto complejo en el islamismo, que enfatiza los lazos familiares de sangre- en gran medida fuera de discusión. Pero según este nuevo enfoque, Nariman, que el mes pasado yacía balbuceante en una cuna que compartía con un osito de felpa rosa, ganando peso y siendo acunado por enfermeras, puede esperar no la muerte o una vida de desesperación sino su colocación en un hogar sustituto y eventualmente una familia que se haga cargo de él de manera permanente.

Cambios

“Es realmente una revolución social”, dijo Monaa Abdullah El Faki, trabajadora social del Gobierno que supervisa el cuidado sustituto de los niños de Maygoma. “Fue muy difícil convencer a la gente de que la adopción no está prohibida en el Islam. Hay muchas malas concepciones”.

Pocas religiones demandan a sus seguidores contribuir a la caridad tan fuertemente como el islamismo, y atender a los huérfanos conlleva bendiciones especiales. Pero la ley islámica también prohíbe la adopción en el sentido occidental, en el cual un niño es absorbido por la familia adoptiva en igualdad de condiciones que los hijos biológicos. La relación consanguínea entre el padre biológico y el niño y todos los derechos y responsabilidades que confiere son sacrosantos y no pueden ser imitados, según expertos legales aquí.

AP/Archivo

Como resultado, un niño en Sudán criado por una familia diferente a su familia biológica no puede recibir el nombre de esa familia ni puede heredar la propiedad de su padre como lo haría un hijo biológico, dicen expertos legales y trabajadores sociales aquí. Además, a un hijo adoptado, una vez que cumpliera 18 años, no se le permitiría ver a su madre o hermanas descubiertas, ya que carecen de relación consanguínea que les impida casarse, y una niña adoptada enfrentaría problemas similares de tener que cubrirse ante los familiares varones. La adopción por parte de extranjeros está prohibida aquí.

Este montón de asunto legales ha llevado a algunos musulmanes a concluir que toda la idea de tener a un niño permanentemente en la casa de uno está haram, o prohibido, según las leyes del Islam. Esto es especialmente cierto en países como Sudán, donde la Shariah, o código legal islámico, es la que rige en el país.

Para cambiar esas actitudes, el Gobierno, ayudado por la UNICEF y algunas organizaciones de ayuda locales, consultó con cientos de líderes religiosos y sociales, se reunió con grupos de mujeres, acudió a preparatorias y alentó a los medios noticiosos a visitar Maygoma y ver las terribles condiciones ahí.

“No era un lugar para criar niños”, dijo Osman Abu Fatima, funcionario del programa de la UNICEF. “Había niños que no sabían hablar porque nadie les hablaba. Algunos estaban desnutridos. Todos eran poco amados. Nadie los tocaba o los cargaba. Después de mi primera visita quedé traumatizado por mucho tiempo”.

Todo eso ha cambiado, las admisiones al orfanato se han mantenido constantes entre aproximadamente de 500 a 700 al año, según estadísticas de la UNICEF, pero el orfanato ha sido renovado, y sus habitaciones han sido decoradas con relojes de Snoopy y carteles de Care Bears en las paredes pintadas de amarillo, rosa y azul. Las enfermeras son entrenadas para cargar y jugar con los niños mientras los alimentan y los atienden. La atención médica ha mejorado enormemente. En 2001, murieron 479 niños. En 2006, sólo 186, según la UNICEF.

AP/Archivo

Legislación

En 2004, el Gobierno aprobó una nueva ley que decía que los niños deberían ser criados en familias, no instituciones, en tanto fuera posible. Pero el cambio más importante ocurrió en 2006, cuando el más alto órgano religioso de Sudán, el Consejo Fatwa, emitió un decreto que cambió la forma en que los huérfanos eran vistos en la sociedad sudanesa.

En el pasado, solo los niños cuyos padres se sabía habían muerto eran considerados huérfanos en el sentido islámico, y solo esos niños tenían derecho a la caridad demandada a los musulmanes. Pero la fatwa dictaminó que los niños abandonados también deberían ser considerados huérfanos, lo cual significaba que toda la sociedad tenía el deber islámico de cuidar de ellos.

El fatwa también declaró que el embarazo en sí mismo no era evidencia suficiente para condenar a una mujer por adulterio, y que los niños nacidos fuera del matrimonio no deberían sufrir las consecuencias de los pecados de sus padres.

Funcionarios en Sudán esperan convencer a las familias de niños nacidos fuera del matrimonio de aceptarlos y criarlos, pero la crisis de abandono continua virtualmente sin cambio. Ahora más de la mitad son adoptados por otros, y un creciente número ha sido reunido con sus padres biológicos, algo que solo es posible cuando un familiar deja al infante en el orfanato en vez de arrojarlo en algún lugar donde pueda ser encontrado.

“Necesitamos un cambio social fundamental”, dijo Hamad al Neer Haider, que trabaja en el orfanato. “Como sociedad, necesitamos dejar de arrojar por ahí a bebés inocentes”.

 
     
 
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