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SAN GIOVANNI ROTONDO, Italia.- Las únicas partes visibles del padre Pío son sus dedos, ahora ennegrecidos a 40 años de su muerte. Las palmas, que en otros tiempos dieron origen a intensos debates con respecto a cómo terminaron marcadas con las mismas heridas que las de Cristo, están cubiertas por sus famosos medios guantes (réplicas de los cuales se pueden comprar aquí por ocho dólares, o, por $4.75, una esfera de nieve padre Pío).
La cara está hecha de cera, mostrando una semejanza convincente, con todo y su barba gris. "Me dejó sin aliento", dijo Rosa Michitelli, de 60 años de edad, enfermera que asistió en su infancia a la misa celebrada por Pío, en esa época un monje capuchino del cual el Vaticano sospechaba fraude y autopromoción, pero, desde su canonización en 2002, el santo más reverenciado de Italia. "Es justamente como cuando él estaba vivo".
Michitelli habló justo después de haber visto el cuerpo de Pío, que fue expuesto aquí el jueves de esta semana. Ella fue una de las primeras.
Aproximadamente 750 mil personas han hecho reservaciones para verlo entre ahora y diciembre, testimonio de su resistente popularidad, de un hambre de algo inmediatamente espiritual que la Iglesia católica no proporciona con frecuencia, y, no se puede pasar por alto, la necesidad de expandir el turismo en un poblado que si bien atrae a ocho millones de visitantes cada año, tiene demasiados hoteles y no suficientes turistas que pasen efectivamente la noche en su interior.
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"Estamos ante una oportunidad para convertir el turismo religioso en turismo masivo", destacó Massimiliano Ostillio, quien está a cargo del turismo en la región de Puglia, área que da forma al tacón de la bota de Italia.
Los porcentajes de ocupación correspondientes a los aproximadamente 125 hoteles en este poblado, donde Pío vivió durante más de 50 años, son los más bajos de Italia, notó Ostillio.
Además, dijo esperar que el gran número de personas que, se anticipa, venga a ver a Pío pudiera permanecer por más tiempo, después explorar el resto de Puglia (sin mencionar la posible compra de más dedales del padre Pío, estatuillas, llaveros, rosarios, relojes despertadores, platos y velas), exactamente como lo hacen los visitantes en el santuario de San Francisco, en Asís, rebosando hasta la región circundante de Umbría.
Los lugares sagrados siempre son así, una mezcla de dinero y verdadera devoción, sobre todo en años recientes en Europa, conforme una población entrada en años viaja en tropel a santuarios como Lourdes en Francia y Medjugorje, en Bosnia, en grupos cada vez mayores. Representan, afirman muchos expertos, algo similar a una espiritualidad concreta la curación de una enfermedad, un favor recibido, todo sin las restricciones de la institución de la Iglesia.
La Iglesia, dijo Antonio Socci, experto italiano en Pío, "es el mundo del humano, para bien o para mal". "Pero, en el caso de los santos, es la presencia tangible de Dios", agregó.
Y, por tanto, la Iglesia a menudo ha visto con recelo tanto a los milagros modernos como a las personas que los obran, quizás en mayor medida en el caso de Pío, nacido Francesco Forgione en 1887, en la pequeña aldea sureña de Pietrelcina.
Cerca de 1911, como joven sacerdote de excepcional devoción, escribió que él había empezado a experimentar algo perturbador.
"Anoche, ocurrió algo que no puedo explicar ni entender", le escribió a un amigo.
"En medio de las palmas de mis manos pareció una marca roja, más o menos del tamaño de un penique, acompañado por un agudo dolor en el centro de las marcas rojas".
La herida se extendió a sus pies y su costado. Pronto, su estigmatización se volvió famosa, atrayendo enormes multitudes de peregrinos y suficiente dinero como para que él, con el tiempo, construyera un hospital que llegó a ser el mayor de Italia en el sur de Italia. Sin embargo, los papas albergaron diversas opiniones sobre él, siendo la más severa la de Juan XXIII, quien, con base en información de un nuevo libro, lo consideraba un fraude y un mujeriego. En 1960, el papa escribió sobre el "inmenso engaño" de Pío.
Un médico del Vaticano dijo que era "un ignorante y psicópata que se mutilaba a sí mismo y explotaba la credulidad de la gente". Muchos sospechaban que sus heridas eran provocadas con ácido carbólico, mismo que, según lo alegado en un documento dado a conocer en fecha reciente, él le ordenó a un farmacéutico.
No obstante, el papa Juan Pablo II, quien lo había confesado en la década de los 40 y quien canonizó a más santos que cualquier otro papa, tenía una opinión diferente.
Él canonizó a Pío, quien murió en 1968, a los 81 años de edad, ante lo que se informó que era una de las mayores muchedumbres que haya viajado a Roma alguna vez.
Desde entonces, Pío, oficialmente San Pío de Pietrelcina hoy día, ha sido normalizado efectivamente por el Vaticano, y la muchedumbre reunida aquí al parecer no albergaba dudas con respecto a la legitimidad de sus heridas. (Le han reconocido otros poderes, como levitación y bilocación, la habilidad de estar en dos lugares al mismo tiempo.)
"Él estaba sufriendo", dijo Concetta Crescenzi, de 65 años de edad, la cual visitó a Pío con una amiga alemana en 1966, durante una misa de este jueves que marcó la apertura de la cripta con el cuerpo de Pío en la Iglesia de Santa Maria delle Grazie. "A él le salía sangre de las manos. Si usted lo hubiera visto, lo creería".
Tras ese comentario, Brunella Pardini, de 69 años, se paró desde una silla en la cercanía. "Esta es una demostración de su verdad!'', proclamó, examinando a la gente que había venido a misa. "Benditos aquellos que creen sin ver!"
La muchedumbre, de hecho, pudiera no haber sido la mejor prueba.
Organizadores y medios de comunicación italianos anticipaban una enorme concurrencia, en tanto no menos de 16 camiones con antenas de transmisión satelital estaban a la mano para suministrar cobertura en vivo.
Sin embargo, de ninguna manera se llenaron los 10 mil asientos que los organizadores dispusieron. Era posible ir por un sándwich para almorzar, apenas a unos cuantos metros del santuario, sin necesidad de esperar.
"Yo creí que literalmente iba a resultar imposible caminar", dijo Brady White, actor estadounidense y devoto de Pío que trabaja una parte del año haciendo comerciales de Cartier, como un Santa Claus de alto nivel, y vive aquí el resto del tiempo. "Quizá los italianos saben esperar".
De hecho, varios expertos dijeron que no creían que la concurrencia relativamente pequeña representara cualquier disminución de la popularidad de Pío, cuya imagen protege jardines, restaurantes y vehículos motorizados por toda Italia, particularmente en el sur.
A fin de ver el cuerpo, se debe hacer reservaciones.
Dada la demografía de muchos de los devotos de Pío, lo cual equivale a decir ahorrativos pensionados, al parecer era improbable que vinieran tanto a la misa como después a ver el cuerpo.
Y para quienes pudieron entrar el jueves sin reservaciones, el cuerpo en sí era algo para verse.
Cuando la cripta de Pío fue abierta previamente en este año, la cabeza fue descrita como parcialmente esquelética, aunque se dijo que las manos conservaban su forma a la perfección, sin indicaciones de estigmatizaciones.
Se ordenó una máscara de cera a una empresa londinense, la cual surtió a Madame Tussauds en otra época. Trabajaron por completo a partir de fotografías.
El resultado da un poco de miedo, con sus ojos cerrados y la complexión de la piel entre la vida y la muerte, con su hábito café y sandalias negras. Para muchos locales, era el rostro que ellos vieron en 1968, cuando murió; momento que no puso fin a su veneración sino que, de algunas formas, la colocó en una trayectoria más eterna.
"Yo sentía cómo palpitaba mi corazón", dijo Antonieta Ritrovato, de 63 años de edad, quien lo vio por primera vez más o menos en 1945 y también estuvo en su funeral. "Él ha obrado muchos milagros. Es un hombre que es justo y tiene atributos de santo".
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