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RIAD/Arabia Saudí. -Hay otros ocho hijos en la casa donde Enad al-Mutairi vive con su padre, su madre y la segunda esposa de su padre.
El departamento tiene pocos muebles y nada en las paredes. Los hombres y muchachos se reúnen en una sala de estar frente al salón principal, sentándose en la alfombra ‘beige’ de pared a pared, para ver un televisor colocado en un gabinete torcido.
Las mujeres tienen una sala de estar similar, casi idéntica, detrás de puertas cerradas.
La casa sigue siendo un refugio para Enad y sus primos, quienes a menudo pasan su tiempo libre durmiendo, viendo Dr. Phil y Oprah con subtítulos en la televisión, bebiendo café y té dulce, y fumando.
Enad y su primo Nader al-Mutairi siempre fueron cercanos, pero su relación cambió cuando Nader y la hermana del primero, Sarah, se comprometieron.
El padre de Enad aceptó que Nader se casara con una de sus cuatro hijas. Nader seleccionó a Sarah, aunque ella no es la mayor, en parte, porque realmente vio su rostro cuando era niña y recordaba que era bonita. Rápidamente firmaron un contrato de matrimonio, casándolos legalmente; pero por tradición no se consideran casados hasta la fiesta de bodas, programada para la primavera. Durante los meses intermedios, no se les permite verse o pasar tiempo juntos.
Nader dijo que esperaba ver a su nueva esposa por primera vez después de su ceremonia de matrimonio -que también separará a los asistentes por sexo-cuando sean fotografiados como marido y mujer. “Si quieres saber cómo luce tu esposa, mira a su hermano”, dijo Nader defendiendo la práctica de casarse con alguien a quien solo vio una vez, brevemente, cuando eran niños.Ese es el Nader tradicional, que en ocasiones choca con el Nader romántico.
Pronto sonó su teléfono celular, indicando un mensaje de texto entrante. Nader se sonrojó, sacó la lengua y se volvió ligeramente para leer el mensaje, que provenía de “Mi Amor”. Intercambia llamadas telefónicas y mensajes secretos con Sarah. Cuando ella llama o escribe un mensaje, el teléfono de él muestra “Mi Amor” con dos corazones rojos entrelazados.
“Tengo una conexión”, dijo tranquilamente, mientras leía, explicando cómo Sarah se las ingenia para comunicarse con él. Su conexión es Enad, quien secretamente le dio a Sarah un teléfono celular que Nader le había comprado. Estas conversaciones son tabúes y pudieran causar una disputa entre las dos familias.
Así es que sus conversaciones eran clandestinas, como escaparse para acudir a una cita después de que los padres se van a la cama.
Enad mantiene el secreto, pero añade una tensión latente entre los dos, mientras Nader trata de desarrollar su propia identidad como futuro jefe de familia, como hombre.
Enad se burla de Nader en cierto momento, diciendo: “En un año encontrarás a mi hermana con bigote y a él en la cocina”. “No es cierto”, dijo Nader, mostrando todo el desafío que le fue posible. “Soy un hombre”.
Otro punto incendiario: La luna de miel. Nader está planeando llevar a Sarah a Malasia, y Enad quiere ir. Sugiere que Nader se lo debe. "Sí, llévame", dice Enad, con un toque de malicia en la voz. Nader no parece entender si él está bromeando. "Sabe, puede ser alocado", dijo Nader. "Siempre está enojado. No, no viene. No es una buena idea".
DE VUELTA A LA ALDEA
Nader creció en Riad, y sus padres, como los de Enad, son primos en primer grado. Enad dice que su forma de pensar fue forjada en la aldea de Najkh, 560 kilómetros al oeste de Riad, donde vivió con su abuelo hasta que cumplió 14 años. Es donde él se sigue sintiendo más cómodo.
Cuando puede, hace que un primo lo lleve a casa de su abuelo, una construcción de concreto de un piso en el desierto, a casi seis kilómetros y medio de la casa más cercana. Hay un patio amurallado de arena con pilas de leña usada para calentar la casa en los fríos inviernos del desierto.
Dentro no hay muebles, solo unos cuantos cojines en el piso y un tapete de oración, apuntando en dirección a La Meca. Enad y sus primos sin preocupación lanzan basura por la ventana de la cocina y por el patio, esperando que el sirviente, un hombre llamado Nasreddin originario de India la recoja, y lo hace.
Enad es tranquilo y oculta sus cigarrillos cuando su abuelo se acerca. Nunca diría a su padre o a su abuelo que fuma. Enad permanece sin expresión cuando un primo menciona que una de sus primas, una mujer llamada Al Atti, de 22 años, está interesada en él. El tema surgió porque otro primo, Raed, le pidió a Al Atti que se casara con él y ella se negó.
El conflicto y la filtración tocaban tantos temas -virilidad, amor, relaciones familiares-que provocaron una ráfaga de cuchicheos e, incluso, Enad se sintió atraído. Al Atti había hecho saber a sus hermanas que le gustaba Enad, pero puso en claro que nunca lo admitiría públicamente. Así que pidió a su hermana que divulgara la versión de un primo a otro para que finalmente llegara a Enad. "Está prohibido anunciar tu amor. Es imposible", dijo.
La versión finalmente llegó a Enad, quien trató de permanecer tranquilo pero evidentemente se interesó, y se sintió halagado. En este momento, Enad mismo estaba susurrando sobre Al Atti, tratando de encontrar una forma de comunicarse con ella sin realmente hablar él mismo. Pidió a una visitante que concertara una llamada, y luego transmitiera un mensaje de interés.
Enad dijo que nunca fue su idea buscarla, pero que un hombre -un verdadero hombre-no podía rechazar a una mujer que lo quería.
Para sacar del panorama a su primo Raed, sugirió que el hermano de Al Atti llevara a Raed a escuchar la negativa de Al Atti en persona, en su casa. “Desde detrás de una pared”, dijo Enad. “El amor es peligroso", dijo Al Atti cuando se sentó con sus hermanas en la casa. "Puede arruinar tu
reputación".
UNA CUESTIÓN DE ROMANCE
Fue una visita breve, dos días en la aldea, y luego Enad estaba de regreso en Riad trabajando. En Riad parecía estar entusiasmado y atormentado por el interés de Al Atti. Ese fin de semana, Nader y él salieron al desierto, justo a las afueras de Riad, donde los jóvenes van a conducir jeeps en la arena y a relajarse, libres de la supervisión de la policía religiosa y los vecinos. Se sentaron uno al lado de otro sobre una manta. Nader empezó.
"Soy una persona romántica", dijo. "No existe el romance". Lo que Nader quería decir era que las tradiciones sauditas no permiten el romance entre las parejas de jóvenes solteros. Hay muchas historias de hombres y mujeres jóvenes que se citan en secreto, se enamoran, pero no pueden decírselo a sus padres porque no podrían explicar cómo se conocieron en primer lugar.
Una joven pareja dijo que después de citarse durante dos años en secreto, contrataron a una casamentera para que concertara una presentación falsa a fin de que sus padres pensaran que así se habían conocido. Ahora, en el desierto, la franqueza de Nader molesta a Enad. "Él piensa que no hay romance.
¿Cómo que no hay romance?", dijo Enad, con los ojos desorbitados por el creciente enojo. "Cuando te cases, sé romántico con tu esposo. ¿Quieres conocer a una mujer en la calle para ser romántico?" Nader se sintió intimidado, pero no atemorizado. "No, no", dijo. "Convénceme entonces de que tienes razón", soltó Enad. "Estoy diciendo que no hay romance", dijo Nader, tratando de responder.
Enad no cedió, reprendiendo a su primo. Entre dientes, Nader dijo: "Enad lo sabe todo".
Luego cedió. "Bueno, hay romance", dijo, y se levantó y se alejó caminando, sonrojado y avergonzado. |