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Bárbara Jarvis era una mujer alta, delgada, físicamente activa, consciente de su salud y muy saludable que vivía en Kauai, "la isla jardín" de Hawai. A los poco más de 50 años, empezó a experimentar dificultades para respirar, que al principio pensó se debían a una recurrencia del asma que padeció de niña. Su médico le suministró tratamiento para alergias y neumonía.
Sin embargo, Bárbara empeoró al paso de los años. Para cuando se diagnosticó con precisión que sus síntomas se debían a una infección por micobacteria, que crecen en lugares cálidos y húmedos, su pulmón izquierdo estaba seriamente infectado y el derecho, implicado.
Para complicar las cosas, Bárbara tuvo una reacción alérgica terrible al régimen de antibióticos complejos, necesarios para controlar esta enfermedad. A pesar del mejor tratamiento que pudo tolerar, y totalmente chupada, Bárbara murió a los 62 años. Fue víctima, dijo su madre, "de la falta de educación de la profesión médica" respecto a este padecimiento.
Se conoce mejor a las micobacterias como causa de la tuberculosis (M. tuberculosis) y la lepra (M. lepra). Pero hay un montón de otras micobacterias, algunas de las cuales causan infecciones prolongadas, severas y que amenazan la vida. La más común es el complejo avium micobacteriano (MAC, por sus siglas en inglés) que fue el que infectó a Bárbara.
Las infecciones micobacterianas no tuberculosas se pueden adquirir por las regaderas, tinas con agua caliente, jardines y, al parecer, por el aire que la gente respira, en especial cuando es cálido y húmedo.
Antes de que estuvieran disponibles los medicamentos para controlar el sida, las infecciones micobacterianas se presentaban en los pacientes como complicaciones comunes y en ocasiones letales. Estas infecciones también pueden ser un problema para los receptores de órganos trasplantados, que deben tomar medicamentos supresores del sistema inmunológico para evitar el rechazo.
Las personas que padecen enfermedades de los pulmones como la fibrosis cística también son muy vulnerables a estas infecciones. En los años de 1960 y 1970, estas infecciones se presentaban principalmente en hombres que fumaban mucho y padecían alguna enfermedad del pulmón, dijo el doctor Steven Holland, especialista en enfermedades infecciosas del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas.
Sin embargo, ahora los médicos como Holland que tratan estas infecciones las están viendo más en personas sanas, en especial en mujeres blancas posmenopáusicas que nunca fumaron y siempre han sido delgadas. Aun cuando abundan las teorías, nadie sabe la razón.
Lo que hace que el misterio sea aún más intrigante es la ubicuidad en el ambiente de la micobacteria infecciosa: en la tierra y el agua, incluida el agua potable del suministro municipal. ¿Por qué algunas personas se contagian de estas enfermedades y otras no?
Holland dice que coordina "un gran programa con el que se trata de comprender porqué está sucediendo esto".
Agregó que las infecciones no tuberculosas, "sin duda, se están diagnosticando con mayor frecuencia y, al mismo tiempo, trágicamente es frecuente que pasen sin ser diagnosticadas, como sucedió con Jarvis".
Vea la próxima semana la segunda parte del artículo. |