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¿Cuántas veces ha salido del consultorio del médico preguntándose qué fue lo que le dijo sobre su salud o qué era exactamente lo que se suponía debía haber hecho para aliviar o prevenir el problema?
Si es el paciente típico, recordará menos de la mitad de lo que el doctor trató de explicarle. Ya sea que haya abandonado la escuela a los 16 años o tenga un doctorado, ya sea que su ingreso anual tenga cuatro dígitos o seis, ya sea negro, blanco, hispano, asiático o indígena, es probable que haya habido muchos encuentros médicos de los que usted salió sin la comprensión óptima con respecto a cómo puede mejorar o proteger su salud.
Poca información
Investigaciones nacionales han encontrado que “la información básica sobre salud” es asombrosamente reducida, y son más de 90 millones de estadounidenses los que no pueden entender en forma adecuada la información básica.
Los estudios muestran que este obstáculo “afecta personas de todas las edades, razas, ingresos y niveles educativos”, escribió el doctor Richard H. Carmona, director general de Salud Pública, en un número de The Journal of General Internal Medicine, dedicado a la información básica sobre salud.
Consecuencias
Los efectos no son nada triviales. Los investigadores encontraron que tener poca información básica, que prevalece en especial entre los ancianos, tiene por resultado que no se sigan bien las instrucciones de las recetas médicas, que no se usen los servicios médicos preventivos con frecuencia, que haya un aumento en las hospitalizaciones y en la asistencia a las salas de urgencia, y que haya un peor control de enfermedades crónicas.
Las consecuencias son una peor salud y mayores costos médicos. Todo porque los doctores no le hablan a los pacientes en inglés, español, chino o cualquier otro idioma, y no se aseguran que los pacientes entiendan lo que se les ha dicho y lo que se supone tienen que hacer y porqué.
En una investigación publicada en la revista de medicina interna, realizada entre 2 mil 512 ancianos y ancianas que viven solos en Memphis y Pittsburg, se encontró que quienes tenían información básica limitada tuvieron casi el doble de probabilidades de morir en un período de cinco años que los que tenían información adecuada sobre la salud.
Eso siguió siendo cierto cuando se tomaron en consideración edad, raza, factores socioeconómicos, situación actual de salud, acceso a la atención y otras conductas relacionadas.
Otro estudio publicado en la revista, realizado entre 175 adultos con asma que fueron atendidos por médicos de la Universidad Cornell, encontró que “se asoció menor información básica sobre salud con peor calidad de vida, peor funcionamiento físico y mayor uso de las salas de urgencia a causa del asma en un período de dos años”.
Erróneas interpretaciones
Entre los muchos problemas que resultan de información básica limitada están las interpretaciones equivocadas de las etiquetas de advertencia o de las medicinas que requieren receta médica.
Por ejemplo, entre 251 adultos que asistían a una clínica de primer nivel en Shreveport, Luisiana, quienes tenían poca información básica presentaron probabilidades tres veces mayores de malinterpretar las advertencias que los que sí contaban con más datos.
Cuando la etiqueta de advertencia decía: “No se mastique ni se aplaste, tráguese entera”, las interpretaciones equivocadas incluyeron: “Mastíquela para que se disuelva” y “No la trague entera porque se puede ahogar”.
Cuando la advertencia decía: “El medicamento se debe ingerir con mucha agua”, los errores incluyeron: “No se tome cuando esté mojado” y “No beba agua caliente”. Cuando la advertencia era: “Sólo para uso externo”, las equivocaciones incluyeron: “La medicina hará que se sienta mareado” y “Tenga precaución extrema cuando la ingiera”.
Espere la próxima semana la segunda parte de este artículo. |