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Somos lo que bebemos (II Parte)
 

Miércoles | 17.04.2007

 
Por: Jane E. Brody
The New York Times News Service
 
 
MCT Direct

Con el café, té y cafeína, la historia es mejor. Varios estudios de calidad han relacionado el consumo regular de café con un riesgo menor de padecer diabetes tipo 2, cáncer colorrectal, y, tanto en hombres como mujeres que no han tomado hormonas para el periodo posterior a la menopausia, el mal de Parkinson.

La mayoría de los estudios no han relacionado un elevado consumo de café o cafeína con males cardiacos, aun cuando el café cafeinado eleva la presión arterial un poco, así como café hervido sin filtro (planchado francés y espresso) eleva el nivel del dañino LDL y los niveles totales de colesterol.

No se cree que la misma cafeína sea un problema para la salud o el equilibrio de agua en el organismo, hasta 400 miligramos al día (la cantidad contenida en aproximadamente 30 onzas de café colado).

No obstante, las mujeres embarazadas deberían limitar su consumo debido a que más de 300 miligramos al día pudieran incrementar el riesgo de aborto espontáneo y bajo peso en el recién nacido, dijo el panel.

Ratones proclives a una enfermedad similar al mal de Alzheimer fueron protegidos por el agua que bebían, rociada con cafeína equivalente a lo que los humanos reciben en cinco tazas de café al día. De manera similar, un estudio de más de 600 varones sugirió que beber tres tazas de café al día brinda protección en contra de déficits de memoria y pensamiento relacionados con la edad avanzada.

En cuanto al té, la evidencia sobre los beneficios para la salud es mixta y a veces está en conflicto. El té reduce el riesgo de cáncer en animales experimentales, pero los efectos sobre el ser humano se desconocen. Quizás beneficie a la densidad ósea y ayude a prevenir la formación de cálculos biliares y el decaimiento de la dentadura.

Asimismo, cuatro o cinco tazas de té negro al día ayudan a que las arterias se expandan y por tanto, pudieran mejorar el flujo sanguíneo al corazón.

Y en cuanto al alcohol...

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El alcohol es un caso clásico de “un poquito puede ser mejor que nada, pero mucho es peor que un poco”.

El consumo moderado, para mujeres, es un trago al día. En tanto dos para los varones. Esto ha sido relacionado en muchos estudios de gran tamaño, en el largo plazo, con índices menores de mortandad, en particular a raíz de ataques cardiacos y embolia, y quizás también reduzca el riesgo de padecer diabetes tipo 2 y cálculos.

El panel no encontró pruebas convincentes de que una forma de alcohol, incluido el vino tinto, fuera mejor que otra.

Sin embargo, el alcohol, incluso en cantidades moderadas, eleva el riesgo de defectos al momento de nacer y del cáncer de mama, posiblemente debido a que interfiere con el folato, que es una esencial vitamina B.

Aunado a esto, el consumo elevado de alcohol está asociado con varios cánceres letales, cirrosis hepática, embolia hemorrágica, hipertensión, demencia y algunas formas de males cardiacos.

Lácteos

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Cuando se trata de productos lácteos y bebidas de soya, mi lectura de la evidencia difiere ligeramente respecto a la del panel, mismo que calificó la leche baja en grasa y descremada en tercer lugar, debajo del agua, el café y el té, como una de las bebidas predilectas y dijo que las bebidas lácteas no eran esenciales para una dieta saludable.

El panel también reconoció los beneficios de la leche para la densidad ósea, en tanto notó que a menos que la gente siga bebiéndola, no se mantiene el beneficio del calcio y la vitamina D, contenidos en la leche, para los huesos.

Otros nutrientes esenciales en la leche incluyen al magnesio, potasio, zinc, hierro, vitamina A, riboflavina, folato y proteína, lo cual equivale aproximadamente a ocho gramos en un vaso de ocho onzas (226 mililitros).

A lo largo de 10 años, un estudio de individuos con sobrepeso encontró que aquellos que bebían leche tenían menores probabilidades de padecer un síndrome metabólico, una constelación de factores de riesgo coronario que incluye la hipertensión y bajos niveles de HDL protectivos.

En lo personal, esto dice que quizás nunca superemos nuestra necesidad de leche. El panel, asimismo, hizo énfasis en la necesidad de que niños y adolescentes beban más leche y menos bebidas endulzadas calóricamente.

“La leche de soya fortificada es una buena alternativa para individuos que prefieren no consumir leche de vaca”, dijo el panel, pero advirtió que la leche de soya no puede ser fortificada legalmente con vitamina D y suministra tan sólo 75% del calcio que el cuerpo humano extrae de la leche de vaca.

 
Notas Relacionadas:
- Somos lo que bebemos (I Parte)
 
     
 
 
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