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La medicina deshumanizada: Una soledad nada hospitalaria
 

Martes | 17.07.2007

 

Por: Marta Ricart

The New York Times News Service
 
 
LA PRENSA
BARCELONA, España.- Antonia, de 84 años, operada de una fractura y con otras dolencias crónicas. Pasará al menos diez días en el hospital. Muchas horas, sola. Es un caso ficticio, pero ilustra lo que se repite en cada vez más habitaciones en los últimos años.

No es que nuestra sociedad haya acabado con el cariño familiar o la compasión por quienes sufren. Es que muchas personas no tienen a nadie, o bien, que sus familiares y amigos ven limitado el tiempo en que pueden acompañarles, debido a los cambios sociales. La situación va en aumento, pero ya han surgido soluciones, como los voluntarios o los cuidadores contratados.

Que haya enfermos que no tengan quien los acompañe, nunca o la mayor parte del tiempo, preocupa a Salut, Marina Geli, que lo reconoce como una circunstancia social que contribuye a que estén más deshumanizados los servicios sanitarios.

Pero no ve la solución sin ayuda de la sociedad -hace poco, Geli ya se lamentaba de que las dificultades de los padres y madres para conciliar horarios laborales y familiares complican la organización de las consultas médicas de pediatría-.

En los hospitales, el personal de enfermería sobre todo, que vive e cerca la estancia de los pacientes, confirma que desde hace unos años crece el número de pacientes que están solos, siempre o la mayor parte del tiempo. Porque no tienen a nadie - muchas mujeres de edad avanzada viven solas, por ejemplo-; porque son ancianos con pareja o hijos ya mayores de salud tanto o más delicada, lo que hace poco recomendable que estén día y noche en la cabecera de su cama; porque tienen hijos, nietos o hermanos, pero no pueden prodigar sus visitas por los horarios laborales; porque residen o trabajan lejos, o porque muchas familias ya no son tan extensas o no mantienen un contacto frecuente.

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"Se suman el envejecimiento de la población; los horarios laborales, que ahora también condicionan a muchas mujeres cuando antes éstas eran las tradicionales cuidadoras de dependientes en las familias, y que la red familiar y social es más diluida, principalmente en las áreas urbanas",
opina Pilar Llompart, profesora de Enfermería y coordinadora de voluntariado en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona.

Hospitales grandes como los barceloneses Vall d'Hebron, Clínic o Bellvitge son centros de referencia de algunas patologías y reciben a
enfermos de otras ciudades o autonomías.

A veces, las estancias son largas. Aunque los acompañe un familiar que intente estar todo el tiempo a la cabecera de la cama, de vez en cuando éste necesita ausentarse, señalan Llompart y Encarna Martín, trabajadora social de medicina interna del Clínic. En algún caso, personal de un hospital o voluntarios han tenido que acompañar incluso a un enfermo al avión, por ejemplo.

Llompart y Martín precisan que todavía en la mayoría de los casos en que el enfermo tiene familiares, estos hacen un esfuerzo para acompañarlo, turnándose y quedándose uno por la noche - pese a la falta de comodidad de la mayoría de las habitaciones-, sobre todo en casos de enfermos graves o recién operados.

Pero también muchos pacientes durante el día pasan horas solos. Y la situación se complica cuando el paciente debe ser hospitalizado repetidamente - lo que ocurre cada día más con el envejecimiento de la población y el aumento de los pacientes crónicos- o cuando las estancias se alargan. Al acompañante nocturno, si debe trabajar, pasar muchas noches sin descansar demasiado le dificulta la vida cotidiana.

MCT Direct

Esto se da con pacientes de todas las edades, por ejemplo, jóvenes accidentados que pasan semanas en el hospital. Muchos inmigrantes también están solos en el país o con apenas familia. Claro que, en el extremo opuesto, hay personas de algunas nacionalidades o de etnia gitana en que su familia y amigos toman el hospital o, si se reduce la presencia de acompañantes en la habitación, acampan fuera todo el fin de semana, cuentan en los centros.

Encarna Martín recuerda que cuando una persona está hospitalizada, el centro cubre su atención, tanto médica, como la higiene o ayudarle a comer si lo necesita. Además, se cuenta con trabajadores sociales en los centros. La ayuda de un familiar será más personal, preservando más la intimidad, más afectuosa..., pero, sobre todo, el acompañante es un puntal psicológico y emocional insustituible.

De todos modos, los hospitales han habilitado mecanismos. Se han convertido en centros más abiertos que años atrás, para facilitar las
visitas de los allegados. Y raro es el centro en que no colaboran entidades con voluntarios, que acompañan a los enfermos para hacerles más llevaderas las horas ingresados. No se busca sustituir a la familia, pero sí suplir su ausencia, y favorecer un clima más humano para los hospitalizados.

En el hospital de Bellvitge, además de los voluntarios, funciona incluso lo que su director adjunto de gerencia, Francesc Rillo, denomina humorísticamente servicio VIP.

Personal de atención al usuario visita a enfermos solos o con necesidades especiales. Como la anciana que vive sola y los servicios sociales de su municipio alertaron de que no tiene familia. U otra, también sin familia, que no se dejaba tratar y pedía el alta. En una visita se averiguó que quería volver a casa porque su loro se había quedado solo. Se arregló con una llamada del hospital a una vecina.

Los enfermos que viven solos plantean también problemas sanitarios porque a veces se les podría dar el alta antes pero se les retiene más días en el centro sanitario o traslada a un centro sociosanitario hasta que puedan manejarse solos (por ejemplo, que no tengan que hacerse curas). Las unidades de atención domiciliaria sanitarias y la extensión de cuidados domiciliarios, que debe facilitar además la ley de Dependencia, van mejorando la atención de estas situaciones.

 
 
     
 
 
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