Soy la madre de cabello oscuro y ojos marrones de dos hijos rubios con ojos azules. Espero en aeropuertos y parques que me confundan con su nana.
Mis cicatrices abdominales son evidencia de que son mis hijos biológicos y se formaron usando algunos de “mis genes”. Sin embargo, no somos chícharos de Mendel, y entre más sabemos de genómica menos parecemos chícharos.
Aun si cada uno de nosotros empieza a llevar consigo discos con el genoma personal en los bolsillos, nuestros datos van a diferir del de nuestros hijos en miles de formas.
Y aun cuando nuestros genes parezcan idénticos a los de ellos, nuestros cuerpos y mentes bien pueden diferir, influidos por muchos otros factores, que incluyen las porciones de nuestro ADN que no son parte del código genético, nuestro ambiente y nuestra conducta.
Así es que nuestros hijos feéricos nos pueden ayudar a recordar que nuestras propias vidas y nuestra propia salud seguirán estando -en su mayor parte- más allá de nuestros poderes para predecir cosas. Y las vidas de nuestros hijos, con su surtido misceláneo en su linaje del padre y la madre, tanto o más aún.
“La genética no es el destino”, dijo Dana Waring del Proyecto de educación sobre genética personal, un esfuerzo de un año fundado por un laboratorio de genética de Harvard para informar y comprometer el público a pensar sobre la era genómica personal en curso.
“Entre más aprendemos de genética, más compleja y llena de niveles se vuelve la historia”.
Solía parecer más simple. Hace más de un siglo, Mendel escribió sobre los genes como características diferenciadas: la descendencia de una planta de chícharos con flores moradas y de una con flores blancas florecería en morado o blanco en cantidades bastante predecibles, pero no daría lavanda.
¿Recuerdan los cuadritos de las clases de biología en la secundaria, con la B mayúscula para ojos marrones dominantes y la b minúscula para los ojos azules recesivos?
Algunas características realmente son así de sencillas enfermedades de un solo gen como la de Huntington. Y, en realidad, el color de los ojos y del cabello se transmite así de relativamente simple, sencillamente mis hijos heredaron el de mi esposo.
Los investigadores han tendido desde hace mucho a centrar la atención en tales características más simples porque son más fáciles de investigar y sí explican unas cuantas enfermedades graves.
Sin embargo, ahora cada vez más, ese viejo modelo mendeliano está cediendo el paso tanto en la investigación como en la mente del público a una comprensión más compleja de la genética, dijo el doctor David Altshuler, un genetista del Hospital General de Massachusetts.
La investigación genética finalmente ha desarrollado las herramientas para empezar a desglosar las enfermedades complejas que más dañan la salud humana: cáncer, diabetes, falla cardíaca.
La gran mayoría de las cosas que nos importa transmitir, y desarrollar en nuestro interior, son también características complejas, afectadas por multitud de genes y también por el ambiente. La inteligencia, el temperamento, incluso algo tan aparentemente simple como la estatura.
A principios de este mes, investigadores del Hospital Infantil de Boston del MIT y de otras partes anunciaron que habían identificado el primer gen asociado en forma definitiva y consistente con la estatura en la población en general. ¿Qué tanto cambia las cosas? Cerca de un centímetro o una tercera parte de una pulgada, si se heredaron dos copias de la variante clave.
Los investigadores entendieron que el gen, descubierto en un estudio gigantesco de unas 35 mil personas, representaba sólo 0.3% de la variación total de la estatura en los seres humanos. Entonces, ¿cuántos genes creen que están implicados en una característica más sutil como la coordinación entre ojos y manos del talento atlético o la facilidad para los idiomas? ¿Cientos? ¿Miles? ¿En combinación con millones de minutos en los ambientes escolar y doméstico?
Sí se ven mini yoes aquí y allá, niños que indiscutiblemente parecen clones de alguno de los padres. Y en promedio, su hijo se parecerá muchísimo más a usted que a alguien más, dijo Altshuler. Sin embargo, existe una multitud de variantes genéticas que influyen en quien se es, y otra multitud que influye en su pareja, así es que sus hijos terminan con una mezcla única que difiere drásticamente de cada uno de ustedes.
Más información genómica bien puede arrojar algo de luz a nuestras posibilidades de padecer ciertas enfermedades o tener ciertas características, dijo Waring. Sin embargo, -tan decepcionante como esto pueda ser para muchas personas- proporcionará poco conocimiento previo en blanco y negro sobre enfermedades futuras o la inteligencia futura de un hijo. Principalmente, “iluminará más áreas grises”, dijo.
Así es que sus hijos no son depositarios visibles de sus genes, ¿qué hace que sean suyos?
Quizá: cargarlos. Alimentarlos. Cambiarles el pañal. Permitirles ser propietarios de ustedes.
Se puede decidir tener un hijo con la esperanza de replicarse uno mismo, dijo el doctor Isaac Kohane de la Escuela de Medicina de Harvard, un científico en ciencias de la computación, investigador de genómica y padre experimentado de tres hijos.
Sin embargo, esos “genes egoístas”, señaló, “no son los que se despiertan a las dos de la mañana”.
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