| ACTUALIDAD |
|
|
| EL
IMPRESO |
| |
| SUPLEMENTOS |
| |
| TIEMPO
LIBRE |
| |
| SERVICIOS |
| |
|
|
| |
 |
| |
| |
Sentida súplica para una salida digna
|
| |
| |
|
| |
| Por: Jane E. Brody |
The New York Times News Service |
| |
| |
Después de haber leído la columna de Salud Personal del mes de noviembre pasado sobre la prevención del suicidio geriátrico, Gloria C. Phares, profesora retirada, de Missouri, escribió:
“Fui saludable hasta los 90 años de edad, y entonces, ¡Pum! Fibrilación atrial (auricular); quedé sorda, no puedo disfrutar de la música u oír una voz a menos de 25 centímetros de mi oído; después caí, fracturándome el muslo y quedando ahora como inválida; padecí una ligera embolia el día posterior a la muerte de mi amado marido luego de 61 años de matrimonio”.
“He tenido una vida feliz, pero de aquí en adelante todo es cuesta abajo. ¿Tiene algún sentido vivir por más tiempo? Yo no estoy viviendo, solo existo. Albergo un gran deseo de morir, pero nuestra sociedad no me lo permite. Ah, una píldora que me permite salir y ponerle fin a mi dolor, dolor, dolor”.
Como decía esta columna, la depresión no atendida es una causa común de suicidio entre personas de edad avanzada, aunque por ningún motivo es la única. Pero, cuando hablé con Michael, el hijo de Phares, con su permiso, él me aseguró que ella no estaba deprimida, tan solo harta de vivir lo que ella ve como una existencia sin sentido y dolorosa. Él le sugirió, no del todo en broma, mudarse a Oregon o Países Bajos, donde el suicidio con la ayuda de un médico es legal.
La medicina moderna puede mantener con vida a la gente hasta que lleguen a su novena o décima década, cuando, en el pasado, habrían sucumbido a cualquier cantidad de padecimientos. Ahora, un pequeño número, aunque en aumento, de estas personas está preguntando por qué.
¿Cuál es el objeto de vivir por tanto tiempo que ya no sea posible disfrutar la vida? ¿Cuál es el sentido de vivir hasta que tu mente se haga pulpa y quedes reducido a una existencia que es subhumana?
El suicido asistido hace surgir complicados interrogantes éticos, razón por la cual las leyes en Oregon y Países Bajos están repletas de salvaguardas enfocadas a prevenir un uso indiscriminado de las mismas. Sin embargo, la pregunta de Phares también es compleja, y no puede desecharse a la ligera.
Cuando ‘cada día es malo’
En la preparatoria, mi profesor de biología tenía 94 años de edad cuando lo visité en un denominado centro de vida asistida. Si bien era independiente físicamente y estaba en buena condición médica, no estaba conforme.
Luego de hacer un ademán indicando un comedor lleno de personas en diversas etapas de debilidad física y mental, él dijo: “Siento que mi mente se está yendo, y no quiero terminar como ellos. Mientras aún pueda, quiero ser capaz de salir por mi propia decisión. ¿Me ayudarías?”.
Le dije que simpatizaba con su petición. Pero, debido a que yo no estaba en posición de cumplirla, sugerí que hablara con sus hijos, mismos que deberían estar de acuerdo con cualquier estrategia de salida que él contemplara y, quizás, ser capaz de expeditarla. ¿Por qué no habría de renunciar una persona emocionalmente firme y reflexiva cuando la vida ya se ha prolongado demasiado? ¿Cuándo no hay ya nada que ganar y sí mucho que perder a partir de una existencia en marcha?
Pensé en mi madre, quien murió a los 49 años de edad, un año después de enterarse que tenía cáncer ovárico en una etapa avanzada. Cuando quedó claro que ninguna terapia podría salvarla, cuando su vida había sido reducida a tratamientos sin sentido y prolongadas hospitalizaciones, ella intentó ponerle fin a todo en dos ocasiones, primero cortándose las venas de las muñecas y después bebiendo alcohol isopropílico.
Dos veces, en mi mente de adolescente de 16 años, habían salvado su vida. Pero, una vez que crecí, me pregunté, ¿salvada de qué? ¿Más miseria, un futuro cada vez más sombrío, sin esperanza de recuperación? Si yo estuviera en una posición similar, querría ser rescatado?
Ahora puedo entender lo que pensaba la madre de Betty Rollin, Ida, quien, a los 75 años de edad, también presentó cáncer ovárico en estado avanzado.
Según lo contó Rollin en Último deseo (Last Wish, por editorial Linden, 1985), Ida era un ser humano cariñoso, divertido y cautivador. Además, ella era una persona que no se andaba con rodeos y se hacía cargo de la situación.
Así que cuando la vida de Ida se había convertido en una serie de debilitantes condiciones médicas -“Cada día es malo”, decía-, ella le pidió a su hija que la ayudara a ponerle fin a esa situación.
“Madre”, respondió Rollin, “¿realmente eso es lo que deseas, morir?”.
“Por supuesto que deseo morir”, respondió Ida. “Después de la felicidad de mis hijos, lo que más deseo en este mundo es morir”.
Y así, Rollin se embarcó en una búsqueda para averiguar cómo podría concederse el deseo de su madre. El esfuerzo requirió de valor y perseverancia. Pero, más que nada, requirió de amor, muchísimo amor y respeto hacia una mujer que sabía lo que quería “más que nada en este mundo”. Con la prescripción indicada finalmente en sus manos, Ida murió apaciblemente por su propia mano.
Cuando pacientes sumamente enfermos reciben respaldo médico para aliviar los síntomas, así como social y emocional, que actualmente es suministrado por cuidados paliativos y en hospicios, muy pocos persisten en su deseo de muerte antes que la naturaleza siga su curso. Pero, incluso si hubiera estado disponible ese tipo de atención médica para Ida y mi madre, no habría devuelto a ninguna de las mujeres a una vida que ella considerara que merecía la pena vivir.
En busca de dignidad y de paz
En estudios realizados a pacientes moribundos que buscan acelerar la muerte se ha visto que, con frecuencia, sus razones van más allá de lo físico, como un dolor intratable o emocionales, como sentirse impotente.
A menudo las razones son de índole existencial: el reconocimiento de que sus vidas han perdido todo significado, preocupación en cuanto a que se han convertido en una carga excesiva para sus seres amados, el deseo de evitar una larga agonía o tensión a causa del tiempo y dinero que se está “desperdiciando” para prolongar sus vidas, que de cualquier forma van a terminar pronto.
El doctor Timothy E. Quill, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Rochester, dice creer que a veces surge la necesidad de una muerte asistida. Como escribió en el ejemplar de mayo de 2004 de la Revista de Medicina de Nueva Inglaterra: “En fecha reciente ayudé a mi padre a morir. Él era ingeniero, una persona independiente, siempre moviéndose y en control de la situación. Empezó a deteriorarse a grandes pasos a causa de una mal definida enfermedad que causa demencia, y su confusión y agitación intermitente no respondieron a los tratamientos usuales que se probaron. Él ya había dejado en claro sus deseos con respecto a evitar cualquier prolongación de su muerte, pero ahora había perdido la capacidad de tomar decisiones por sí mismo”.
“Él no era capaz de dormir o relajarse por las noches, pese a las pruebas con neurolépticos, antidepresivos y agentes para combatir la ansiedad. ¿Cómo íbamos a respetar sus deseos y valores, así como ayudarle a encontrar dignidad y paz en la última fase de su vida?
“Elegimos probar con una dosis baja de fenobarbital. Él despertaba periódicamente para intercambiar unas cuantas palabras, pero casi dejó de comer y beber por completo. Murió apaciblemente, cinco días más tarde”.
Quill escribió que conocer las opciones de último recurso que están disponibles “es de suma importancia para quienes temen quedar atrapados en una vida llena de sufrimiento, sin la perspectiva de un escape a tiempo”.
“Quienes saben que el escape es posible”, prosiguió, a menudo se sienten libres de consumir su energía en las cuestiones de mayor importancia, y en su mayoría no necesitarán ese escape si reciben un apropiado cuidado de tipo paliativo. Unos cuantos, sin embargo, como mi padre, terminarán en condiciones de sufrimiento inaceptable”.
En lo personal, a mi familia le he dejado bien claros mis deseos. Cuando la tortura de una existencia continua sin esperanza de recuperación supera los beneficios de mantener dicha existencia, yo quiero irme. Y albergo la esperanza de que quienes me aman encuentren una forma de lograr que eso ocurra. |
| |
| |
|
| |
| |
¡ESCRÍBENOS
TUS COMENTARIOS AQUÍ! |
| |
|
|
|
|
| |
|
|