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De microbios y los seres humanos
 
 

Lunes | 03.03.2008

 
Por: Colin Nickerson
The New York Times News Service
 
 
MCT Direct
Los científicos estiman que el 90% de las células contenidas en el cuerpo humano pertenecen a organismos “no humanos”, en su mayoría bacterias, pero también unos cuantos hongos y otras entidades diminutas.

Aproximadamente 100 mil millones de microbios anidan en nichos que van desde nuestros dientes hasta nuestros dedos del pie.

Sin embargo, lo que está poniendo a la ciencia de cabeza en las últimas fechas no son los vertiginosos números de los bichos, sino más bien el reconocimiento cada vez mayor en cuanto a que ellos son mucho más que polizones casuales capaces de provocar enfermedades.

Quizá sean tan esenciales para el bienestar que los seres humanos no podríamos vivir sin ellos.

En esta visión que va surgiendo, los seres humanos y sus microbios -o como algunos biólogos lo expresan juguetonamente, los microbios y los humanos que tienen adheridos- han evolucionado juntos para formar un extraordinario y complejo ecosistema.

“Nosotros no somos individuos, somos colonias de criaturas”, destacó Bruce Birren, el director de secuenciación microbiana por el Instituto Broad, centro de investigación afiliado con Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Su equipo forma parte de un esfuerzo que el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos lanzó en fecha reciente con miras a mapear el ADN, así como enfocado a completar el primer censo ampliado de especies microbianas que son inseparables de la existencia humana.

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“No podemos nutrirnos de manera apropiada sin las bacterias. No podemos combatir gérmenes nocivos sin gérmenes buenos”, dijo.

“Pudiera resultar que las secreciones de bacterias afectan no solo la salud en el largo plazo, sino el estado de ánimo hora por hora; ¿podría depender la felicidad de una persona de sus bichos? Es posible.

Nuestras existencias están increíblemente entretejidas”.

No obstante, en la opinión de algunos investigadores, esta inusual unión pudiera estar avanzando hacia algunos problemas debido al profuso uso de antibióticos y estilos de vida antisépticos, mismos que disuaden la transferencia de variedades vitales de bacterias que han inundado nuestros sistemas al menos desde las primeras incursiones de los primeros humanos fuera del África.

Algunas especies de bacterias están desapareciendo de los humanos, particularmente en países industrializados, y pudieran estar vinculadas con sustancias destructoras de gérmenes en todo, desde servilletas hasta hamburguesas.

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“Estamos viendo el equivalente del calentamiento mundial en el ecosistema humano”, dijo el doctor Martín J. Balser, catedrático de microbiología y presidente del departamento de medicina en la Universidad de Nueva York.

“Están ocurriendo cambios de enorme magnitud a lo largo de unas cuantas generaciones. La naturaleza es famosa por aborrecer los vacíos: las bacterias que desaparecen de nuestros sistemas... pudieran ser reemplazadas por organismos que, por mucho, no son tan benignos”.

Desde finales del siglo XIX, cuando se descubrieron los microbios, los investigadores se han concentrado principalmente en bacterias que causan enfermedades.

“Nadie le estuvo prestando demasiada atención a las especies, mucho más numerosas (dentro del organismo), que no hacen daño y pudieran estar haciendo mucho bien”, destacó Roberto Kolter, catedrático de microbiología en la Escuela de Medicina de Harvard y presidente electo de la Sociedad Estadounidense de Microbiología. “Sin estos microbios, los seres humanos estarían en problemas”.

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Intestinos, garganta, boca, piel y otras regiones anatómicas del ser humano albergan miles de especies de microbios que nunca han sido contadas, ya no digamos escrutadas. Las bacterias y otras entidades microbianas son diminutas, así que aunque conforman la gran mayoría de las células que viven sobre y dentro de nosotros, constituyen apenas una fracción de nuestra masa general.

Cuando se completó el genoma humano en 2003, los científicos quedaron pasmados al darse cuenta de que los humanos poseían aproximadamente 20 mil genes, muchos menos de los anticipados.

Por contraste, los microbiólogos estiman que los microbios en nuestro sistema portan tres millones de genes, con los cuales intercambiamos constantemente sustancias moleculares relacionadas con el crecimiento, el desarrollo y la reproducción.

Con base en teorías que están surgiendo, el desarrollo y la conducta humana -así como su salud-pudieran recibir la influencia de los genes de las especies en su interior.

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“Aún no hemos extraído la evidencia firme, pero la ciencia está avanzando en esa dirección”, dijo Kolter.

El nuevo pensamiento surgió, en parte, del trabajo de Norman Pace en 1990, un catedrático en la Universidad de Colorado que usó análisis de ADN para mostrar más biodiversidad en una onza de sedimento de manantiales termales en el Parque Nacional de Yellowstone de los que los científicos habían sospechado previamente que existían en todo el mundo.

Esto inspiró a los microbiólogos a empezar su búsqueda de ADN en todo tipo de extraños lugares, dando origen a hallazgos en el sentido que múltiples bacterias prosperan en áreas, como el esófago, donde se daba por hecho que eran inhóspitas para la vida.

Hasta hace poco, la ciencia microbiana había estado impedida por el hecho de que muchas variedades de bacterias no pueden ser “cultivadas”, u obligadas a reproducirse en placas petri en el laboratorio. Eso les dificultó el estudio a través de las herramientas del microscopio y nutrientes, probadas por el tiempo.

Sin embargo, ahora una tecnología de alto poder y relativamente barata para secuenciación de ADN, que es similar a la empleada para mapear el genoma humano, se está aplicando sobre nuestros microbios.

Un proyecto del Microbioma Humano, en marcha desde el mes pasado, buscará producir un punto genético que sea preciso sobre las miles de especies que habitan cinco regiones de la anatomía: el sistema digestivo, boca, nariz, piel y tracto urogenital femenino.

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“El objetivo consiste en descubrir qué comunidades microbianas existen en diferentes partes del cuerpo y cuál es su efecto sobre la salud y la enfermedad”, comentó Lu Wang, director del programa para secuenciación en gran escala por el Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano.

No todo el cuerpo está repleto de gérmenes. El cerebro, el sistema sanguíneo, así como la mayoría de los órganos, al parecer están exentos de microbios, dicen algunos científicos.

Los seres humanos nacen pateando, gritando ... y estériles. El útero no tiene gérmenes, pero al momento que nace un nuevo bebé es colonizado por microbios que se multiplican rápidamente: del pecho de su madre, de la ropa en que es envuelto por vez primera, del aire lleno de gérmenes o con su primer aliento. No todos los bebés adquieren los mismos gérmenes.

Un bebé nacido mediante una cesárea, por ejemplo, captará otros gérmenes que un bebé nacido por parto natural. Además, existen indicaciones de que adquirir la combinación correcta de bacterias incide sobre la salud en formas similares a heredar buenos genes.

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Si bien la combinación de la profusión microbiana dentro de los seres humanos varía en diferentes partes del mundo, algunos gérmenes al parecer han acompañado al humano a todas partes, al tiempo que la menguante presencia de algunos de estos bichos dentro de habitantes del mundo industrializado es todo un acertijo entre investigadores; así como de cierta alarma.

Consideremos, por ejemplo, la bacteria estomacal Helicobacter pylori, un germen ambivalente: ha sido vinculado a úlceras y cánceres estomacales. Sin embargo, pudiera también brindar protección contra el asma y enfermedades del esófago, con base en datos de nuevas investigaciones.

En África, 90% de los niños son portadores de Helicobacter pylori en sus estómagos. Al igual que los niños de Estados Unidos, hasta hace unas cuantas décadas atrás.

Todo parece indicar que la bacteria es transferida dentro de familias que viven en estrecha proximidad, compartiendo camas, utensilios de comida y hacinadas habitaciones.

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En últimas fechas, tan solo cinco por ciento de los niños estadounidenses, en promedio, albergan la bacteria.

Eso se debe a que los niños estadounidense a menudo crecen en pequeñas familias, ocupan habitaciones privadas, beben agua limpia, y devoran comida de platos lavados en máquinas lavaplatos que usan jabones antibacterianos.

Una buena consecuencia es que las enfermedades del estómago están declinando en Occidente, notan investigadores.

Sin embargo, las enfermedades del esófago, alergias y asma infantil van en aumento. Además, la investigación por parte de Blazer y Yu Chen, epidemiólogo de la Universidad de Nueva York, deja entrever que la Helicobacter pylori suministraba protección en contra de enfermedades esofágicas -incluido el cáncer- así como asma. Su estudio entre 7 mil 663 adultos, efectuado el año pasado, encontró que quienes eran portadores de la bacteria tenían probabilidades 40% menores de padecer asma hasta los 15 años de edad, en comparación con quienes no la tenían.

“Lo que vemos, con toda certeza, es que la microecología humana está cambiando justo bajo nuestras narices”, dijo Blazer.

“Esta bacteria ha sido el organismo dominante en nuestro estómago durante decenas de miles de años. Actualmente está desapareciendo. Sospecho que si (Helicobacter pylori) fuera totalmente nociva para nosotros, no habría estado ahí. Así que pienso que la desaparición tendrá consecuencias. Se puede comparar lo anterior con los cambios que ocurren en el ambiente del mundo: especies que pudieran ser vitales también están desapareciendo muy rápidamente”.

 
 
     
 
 
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