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Una forma de abuso de sustancias que es rampante en Estados Unidos se discute muy rara vez en público o en privado. Se relaciona con el abuso en el consumo de suplementos dietéticos vendidos legalmente -vitaminas, minerales, así como remedios herbales y homeopáticos-, todos los cuales se pueden vender sin necesidad de receta médica y sin la aprobación previa en cuanto a su seguridad y efectividad.
Si bien hubo mucha publicidad con respecto a los peligros de la efedra, empleada ampliamente en otra época como auxiliar para la pérdida de peso hasta que se descubrió que era letal, muchos de otros suplementos que se anuncian como productos dietéticos albergan el potencial de hacer daño; en particular, cuando se toman en grandes dosis o en varias combinaciones entre sí o con fármacos de prescripción médica.
Además, pueden surgir otros problemas cuando estos suplementos, escasamente regulados, son consumidos por la gente con problemas de salud conocidos u ocultos o cuando los pacientes no informan sobre su uso a los profesionales de salud que los atienden.
Por ejemplo, el Dr. Richard A. Nathan, cirujano dental en San Francisco, escribió en el mes de enero acerca de una paciente que necesitaba la extracción de un diente y una cirugía periodontal menor. Ella le dijo a Nathan que estaba consumiendo dos fármacos, para el colesterol y la presión arterial, ninguno de los cuales presentaría un problema para una cirugía segura y sanar normalmente.
De aquí que Nathan quedara perplejo cuando la paciente regresó después de cinco días, sin haber sanado, con un colgajo de tejido, sangrado severo y una infección.
“Con base en mis 30 años de experiencia, era como si la paciente presentara un caso de diabetes fuera de control o tuviera un sistema inmunológico severamente afectado”, dijo. “Nada de lo cual era el caso. Sin embargo, cuando le pregunté de nuevo a la paciente cuáles medicamentos estaba tomando, ella reconoció que estaba tomando varios -18 para ser exactos- suplementos que se venden sin receta médica, para un total de 43 pastillas y cápsulas al día”.
Es sabido que seis de ellas -té verde, semilla de toronja, ginko biloba, turmeric, aceite de salmón y vitamina E, dijo, “incrementan el sangrado debido a una inhibición en la agregación de plaquetas”, el primer paso en la formación de un coágulo. Luego de una semana de haber interrumpido todo suplemento, su boca empezó a sanar normalmente. Si bien esto pudiera representar un extremo, el problema no es, por ningún motivo, un caso aislado. Nadie sabe cuántos efectos adversos de este tipo afectan a los usuarios de suplementos, debido a que no ha existido sistema alguno para efectuar informes confiables.
Novedades
Una nueva ley federal en Estados Unidos les exige a los fabricantes de suplementos que informen de serios efectos adversos a la Administración de Alimento y Fármacos, la FDA, pero depende de los consumidores comunicarse para hablar sobre sus reacciones. Los expertos dicen que la mayoría de los consumidores muy probablemente no relacione problemas de salud con un suplemento que, suponen, es seguro, e incluso si efectivamente lo hacen, quizá se muestren reacios a informar sobre un efecto adverso a partir de una sustancia automedicada.
Ese no fue el caso de Michael Alexander, de San Francisco. En septiembre, le escribió a Kaiser Permanente que un suplemento vitamínico que él había comprado de manera regular de la farmacia Kaiser le había provocado calambres en las piernas durante varios años, para, con el tiempo, recibir un diagnóstico de un neurólogo que le informó de una neuropatía inducida por B6. El suplemento tenía 100 miligramos de B6, o 50 veces la cantidad diaria recomendada. El efecto de la enfermedad se desarrolló aun cuando Alexander cortaba cada tableta en cuatro partes y tomaba “solamente” 25 miligramos al día.
Conforme a un estudio de la firma Harris en 2002, 70% de los adultos en Estados Unidos toma vitaminas, minerales, hierbas u otros suplementos. Su uso de suplementos ha estado creciendo, alimentado por la creencia de que pueden lograr que la gente se sienta mejor, dándoles mayor energía, mejorando la salud y tanto previniendo como curando enfermedades. Si bien algunos suplementos rinden beneficios, otros pudieran hacerlo o no. Incluso otros pudieran ser llanamente peligrosos. De manera similar, hasta los denominados suplementos seguros pueden ser nocivos en cantidades demasiado grandes o en las combinaciones equivocadas.
Las vitaminas A, B6, B12, C, E y K; la niacina, el ácido fólico; calcio; magnesio; hierro; así como cinc, pueden ser nocivos cuando se combinan con diversos fármacos de prescripción y remedios vendidos sin receta médica. No obstante, con frecuencia los pacientes no mencionan el uso de dichos suplementos a los facultativos.
Inseguridad
“Los consumidores no se percatan de que existe una enorme diferencia entre suplementos dietéticos, remedios homeopáticos y medicamentos que no requieren de prescripción médica”, destacó David Schardt, prominente nutricionista por el Centro de Ciencia en el Interés Público, grupo de vigilancia en Washington, en una entrevista. “Todos se venden lado a lado en las tiendas. Sin embargo, existe una gran diferencia en la evidencia de seguridad y efectividad que los fabricantes deben tener para venderlas”.
Se tiene que demostrar la seguridad y efectividad de medicamentos que no requieren de receta médica como el ibuprofeno, inhaladores e inhibidores de reflujo antes que la FDA dé su autorización para que sean comercializados. Pero, gracias a la Ley de Salud y Educación de Suplementos Dietéticos de 1994, ni los suplementos ni los remedios homeopáticos deben presentar evidencia previa sobre su seguridad y efectividad antes de su salida al mercado.
A fin de remover un producto de este tipo del mercado, la FDA debe probar que es peligroso, lo cual es una tarea desafiante para la dependencia, que tiene poco personal y bajo presupuesto. Los remedios homeopáticos tienen un requisito incluso más bajo. Si bien los suplementos dietéticos solamente pueden presentar afirmaciones sobre la estructura y función, los productos etiquetados como homeopáticos - designación que es decidida por la industria, no la FDA- pueden afirmar efectos médicos, explicó Schardt. De aquí que el suplemento homeopático de cinc Cold-EEZE afirme que combate el resfrío, pero Cold-fX, que se vende como suplemento dietético de cinc, no puede exponer esas afirmaciones.
Los consumidores a menudo son influenciados por informes acerca de beneficios a la salud atribuidos a diversos suplementos, y dan por hecho que carecen de riesgos y pueden tomarse en cualquier cantidad. Si bien una pequeña dosis pudiera ser buena, no necesariamente es mejor. De hecho, pudiera ser nocivo. Las megadosis de vitaminas o minerales ya no actúan como nutrientes sino como drogas, o, en algunos casos, como agentes tóxicos.
Por ejemplo, estudios fundamentados en la observación de personas que consumen alimentos ricos en antioxidantes, como las vitaminas A y E y betacaroteno, han dejado entrever que estas sustancias mejoran la salud, sin embargo, pruebas clínicas bien diseñadas han encontrado tasas mayores de muerte entre personas que las toman como suplementos. Y si bien dosis bajas de vitamina C pueden eliminar a nocivos radicales libres, las dosis muy altas promueven su formación.
La promesa inicial en cuanto a que la vitamina E podría brindar protección en contra ataques cardiacos y cáncer no ha logrado resistir el escrutinio científico, mismo que más bien encontró que eso incrementaba el riesgo de padecer fallas del corazón.
Encabezados por testimonios y artículos en publicaciones de salud y en la internet, el consumidor también tiende a confundir las afirmaciones sobre estructura y función con beneficios médicos. No es lo mismo. Solo debido a que el betacaroteno que contienen las zanahorias ayuda a la visión normal no significa que pueda corregir la miopía. O una sustancia para la formación de glóbulos rojos no necesariamente será de utilidad en la prevención o tratamiento de una enfermedad de formación de tejido con plaquetas, como la leucemia.
Un panel del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos notó, en mayo de 2006: “La FDA no tiene los recursos suficientes ni la autoridad legislativa para exigir datos específicos de seguridad de los fabricantes o distribuidores de suplementos dietéticos antes o después que sus productos se pongan a disposición del consumidor. Las ataduras impuestas sobre la FDA dificultan la protección adecuada de la salud del pueblo estadounidense”.
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