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Tomar fármacos para mejorar el rendimiento no es cosa solo de deportistas. El consumo de sustancias ha llegado hasta los laboratorios y los despachos de los científicos y, al parecer, de una manera bastante extendida: un elevado número de investigadores reconoce que los toma para potenciar su instrumento de trabajo, el cerebro.
Así lo pone de manifiesto una encuesta realizada por la revista científica Nature entre sus lectores. Mil 427 investigadores de 60 países - la mayoría estadounidenses (994), seguidos de británicos, canadienses, alemanes y, a mucha distancia, franceses, finlandeses y españoles, entre otros- se han pronunciado sobre el consumo de medicamentos que potencian el rendimiento intelectual.
Las respuestas han sorprendido a los responsables de Nature: uno de cada cinco investigadores reconoce consumir (o haber consumido) fármacos para mejorar la concentración y potenciar la memoria. De estos, casi la mitad reconoce que los toma diaria o semanalmente.
La encuesta se ha centrado en tres fármacos potenciadores de la actividad cognitiva - aunque no son los únicos existentes-.
Un 34% de los investigadores reconoce haber recurrido a estos fármacos: un 14% por prescripción médica y un 20% para rendir más. El metilfenidato se ha revelado como el más utilizado.
Dado que las respuestas son voluntarias, sus resultados no son representativos de lo que ocurre en la comunidad científica sino orientativos. Pero el uso de fármacos para aumentar el rendimiento intelectual no se restringe a quienes contestaron a la encuesta: un 65.5% de los investigadores que toman estos fármacos respondieron con un sí a la pregunta: “¿Conoce a otros colegas que los consumen?”.
Al igual que ha ocurrido con la cirugía estética, el uso de potenciadores cognitivos aumentará a medida que se superen las reticencias bioéticas y psicológicas que pueda haber en la actualidad, predice Anjan Chatterjee, neurocientífico de la Universidad de Pensilvania en declaraciones a Nature. Además, la facilidad de conseguir los fármacos por Internet va a acelerar su utilización.
La misma opinión comparten Barbara Sahakian y Sharon Morein-Zamir, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), que en diciembre alertaron por primera vez del fenómeno y que han llevado a Nature a hacer la encuesta. “El consumo de fármacos es un reflejo de nuestra sociedad”, afirman, que “funciona 24 horas al día y siete días a la semana, en los límites de la resistencia humana”.
Casos
Sahakian y Morein-Zemir destacan que hay profesiones en que estos fármacos pueden ser incluso deseables, como controladores aéreos o cirujanos. Pero hay otros casos en que su uso es más debatible, como entre jóvenes estudiantes que se enfrentan a un examen.
En el caso de los menores de 16 años, un 86% de los investigadores que han participado en la encuesta de Nature son partidarios de restringirles su acceso. Pero un 34% admite que si otros niños tomaran estos fármacos para aumentar su rendimiento escolar, se sentirían presionados para dárselos también a sus hijos.
Los fármacos
La encuesta ha preguntado sobre tres fármacos:
Metilfenidato: Más conocido por los nombres comerciales Ritalin o Rubifen, es un estimulante del sistema nervioso indicado para el trastorno de déficit de atención e hiperactividad.
También se emplea a veces para la narcolepsia o el síndrome de fatiga crónica. Los efectos secundarios incluyen trastornos del sueño, gastrointestinales y cardiovasculares.
Modafinilo: Estimulante que se receta para tratar la narcolepsia. También para combatir la fatiga por falta de sueño, aunque no está aprobado para este uso.
Efectos secundarios: cefaleas y problemas cardiacos.
Betabloqueantes: Son fármacos recetados para las arritmias que también tienen un efecto de reducir la ansiedad. Pueden tener efectos secundarios cardiovasculares.
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