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Al igual que con los niveles de colesterol, el concepto de una presión arterial normal ha caído marcadamente a medida que los médicos aprenden lo que hace falta para mantener una buena salud. Varias décadas atrás, por ejemplo, quien tenía hipertensión arterial que rondaba cerca de 160/80 y 170/90, habría sido considerado normal.
A falta de buenos tratamientos para la hipertensión, ningún
médico se preocupó cuando la presión arterial del presidente Franklin D. Roosevelt llegó a 170/90, a sus 57 años de edad.
Así que la presión del Presidente aumentó inexorablemente a lo largo de los seis años siguientes y, el 12 de abril de 1945, a los 63 años y con una presión de 200/110, murió de una hemorragia cerebral ocasionada por la severa hipertensión.
Contando ahora con excelentes tratamientos, usados con mayor frecuencia en combinación, una presión alta puede ser reducida a la normalidad en la mayoría de la gente.
La hipertensión, conocida en otra época como el “asesino silencioso”, ya no es tan silenciosa hoy día. A través de campañas en las que se exhorta a los médicos a que revisen la presión arterial de los pacientes en cada visita, se ha detectado la mayoría de los casos. Aunque el tratamiento ha sido prescrito para casi toda la gente que registra de manera constante una presión arterial por arriba de 140/90, que ahora se conoce como el extremo superior de la normalidad, hasta la mitad de los pacientes aún tiene alta presión arterial.
¿Por qué? Debido a que los médicos no se muestran decisivos y creativos en la medida suficiente para atender el problema, muchos pacientes no siguen las órdenes del médico y dejan de reabastecer sus recetas u olvidan tomar la medicina a diario; asimismo, debido al creciente peso de los estadounidenses y su pasión por alimentos procesados con alto contenido de sal y preparados en restaurantes, lo que otrora era una presión arterial normal en mucha gente ha
aumentado a niveles que requieren de atención, a decir de los expertos.
Un nuevo informe por parte de la Asociación de Cardiología Estadounidense describe la hipertensión sin tratamiento como una tendencia que hoy día resulta en particular seria entre mujeres.
La obesidad de la sección media del cuerpo, lo cual es un importante factor de riesgo en la
hipertensión, se encuentra en 79% de las mujeres hipertensas, a diferencia de 64% de los varones. Aproximadamente un tercio de las mujeres hipertensas controla su presión arterial en niveles óptimos, 120/80 o más baja.
El problema particularmente común entre mujeres que toman anticonceptivos orales, cuyo riesgo de hipertensión es de dos a tres veces superior al de las mujeres de su edad que usan algún otro medio anticonceptivo o ninguno en lo absoluto.
La hipertensión es una de las enfermedades que amenazan la vida de mayor incidencia en Estados Unidos, que registra una incidencia general entre adultos de casi 30%, con base en datos extraídos en un sondeo entre 14 mil 600 personas entre 2003 y 2004. Además, casi 66% de las personas de 60 años o más presenta alta tensión arterial que amerita tratamiento, mostró el mismo sondeo. Con la edad, un aumento de la presión arterial solamente es común en países industrializados, en buena medida como consecuencia de una dieta rica y salada, sobrepeso y ejercicio
insuficiente.
En Estados Unidos, la alta incidencia de la hipertensión y su tratamiento insuficiente ha contribuido a eliminar una declinación de varias décadas en la mortalidad coronaria. Aparte de los paros cardiacos, cuando la
hipertensión no se atiende o se hace de manera insuficiente puede ocasionar embolias, fallo cardiaco congestivo, falla renal y diabetes.
Con base en datos de un informe emitido en mayo pasado en la Revista de Hipertensión Clínica, los mitos persisten. El año pasado, un sondeo nacional en línea entre mil 245 adultos con hipertensión encontró que
mucha gente aún pensaba que la hipertensión significaba estar tenso o ansioso, en tanto aproximadamente 30% de las personas creía que se podía curar perdiendo peso, informaron los doctores Marvin Moser de la Fundación de Educación sobre Hipertensión en Scarsdale, Nueva York, y Stanley S. Franklin de la Universidad de California, en Irvine.
Si bien la pérdida de peso y mejoras en los hábitos dietarios y en el ejercicio efectivamente pueden ayudar a la gente a reducir una presión arterial elevada, la mayoría de la gente “no puede ajustar su estilo de vida en la medida suficiente para normalizar su presión arterial”, dijo Moser en una entrevista.
“La mayoría de la gente necesita ayuda a través de la medicación, notablemente un diurético en combinación con uno u otros dos fármacos. La mayoría de los
pacientes no logra una reducción de su presión hasta niveles normales sin dicha combinación”.
Los médicos tienen más de 100 fármacos entre los cuales elegir. Si uno o dos ya no reducen la presión a la normalidad o provocan desagradables efectos
secundarios, los pacientes deben insistir en probar otros, destacó Moser. Los efectos secundarios de los medicamentos para combatir la hipertensión ya no son el problema que fueron en otra época, comentó el médico. “En las dosis empleadas hoy día, más de 90% de la gente experimenta muy
pocos efectos secundarios”.
Uno de los problemas en el enfoque exento de medicina es la dificultad que muchos pacientes enfrentan para adoptar y ceñirse a una dieta y programa de ejercicios que pueda reducir considerablemente su presión arterial. La información derivada del sondeo nacional de nutrición más reciente, explicados en el ejemplar del 11 de febrero de los Archivos de Medicina Interna, afirmaba que una dieta conocida como “DASH”, que reducía efectivamente la presión arterial, era seguida de manera muy deficiente por gente que padecía hipertensión.
Esta dieta es rica en fruta, verdura y productos lácteos de bajo contenido graso, mezcla que suministra excelentes fuentes de fibra, potasio, magnesio y calcio. La dieta resulta más efectiva si también se reduce la sal, con un consumo de sodio de aproximadamente mil 500 miligramos al día.
El valor ampliamente publicitado de la dieta DASH fue demostrado en un importante estudio que patrocinó el Gobierno estadounidense y fue publicado en 1997. Sin embargo, el nuevo
informe encontró que en el año que había pasado, en vez de mejorar, la calidad de la dieta entre personas con hipertensión había disminuido.
“Los estudios han demostrado que incluso una modesta reducción de la presión arterial es beneficiosa para la gente de edad avanzada, pues reduce su riesgo de sufrir embolias, ataques al
corazón, fallas cardiacas y la muerte”', dijo Moser. Además, un nuevo estudio sobre los muy viejos, personas de 80 años de edad o más, mostró que el tratamiento de la “hipertensión reduce el riesgo general de muerte”.
“En todos los grupos de edades, la inercia del facultativo es uno de los principales problemas”, destacó, agregando: “En 30% de los pacientes cuya presión arterial se mantiene alta pese al tratamiento, no se hace nada por cambiar el medicamento”.
Moser exhortó a las personas cuya presión arterial sea mayor a 140/90 que le pregunten a su médico: “¿Acaso no deberíamos estar haciendo algo más al respecto?”. Las siguientes son las categorías principales de medicamentos empleados actualmente a fin de reducir la hipertensión arterial. Dos o más tipos de fármacos son usados típicamente en combinación para lograr una presión óptima de 120/80 o menos.
Diuréticos. Estos tratamientos de primera línea para la hipertensión lavan la sal extra o el sodio del organismo y permiten que los vasos sanguíneos se dilaten, lo cual reduce la presión arterial. Entre ellos están Esidrix, Hydrodiuril y Zaroxolyn.
Inhibidores ACE. Fármacos como Aceon, Lotensin, Monopril y Vasotec actúan al impedir la producción del químico esterasa acetil colina, misma que ocasiona una constricción de los vasos sanguíneos.
ARB. Conocidos también por su nombre completo, bloqueadores de receptores de angiotensina,
estos fármacos afectan al mismo químico que los inhibidores ACE (enzima convertidora de la angiotensina), pero en una ubicación diferente. Entre ellos están Diovan, Benicar y Avapro.
Bloqueadores del canal de calcio. Medicamentos como Norvasc, Procardia XL y DynaCirc CR contribuyen a dilatar las arterias al impedir que el calcio entre a los muros de vasos sanguíneos o el músculo cardiaco.
Betabloqueadores. Lopressor,
Tenormin y Toprol XL reducen los efectos de la adrenalina. Además, reducen el trabajo del
corazón desacelerando el ritmo cardiaco y reduciendo su fuerza al momento de contraerse,
reduciendo, por lo tanto, la presión arterial.
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