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Jardines comestibles en pleno centro urbano

 
 

Lunes | 05.05.2008

 
 
Por: Ana Cerrud
EFE-Reportajes

 
 
EFE
El casco antiguo de la ciudad de Panamá, segunda fundación de la capital del país, redescubierta por bohemios, artistas y extranjeros, se ha convertido en semillero de particulares jardines comestibles que prometen autosuficiencia alimenticia a unos y exotismo gourmet a otros.

Spencer Woodard, botánico autodidacta que trabaja con Island Planning Corporation, una empresa internacional de arquitectura paisajística, colabora en Panamá con Arco, compañía de bienes raíces, para incorporar estos jardines en los espacios verdes de sus construcciones.

La idea general es aprovechar las bondades del clima tropical y la rapidez de crecimiento de las plantas en estas latitudes para garantizar nutrientes a la población urbana.

En el Casco Viejo, antigua zona amurallada de 44 hectáreas, 14 calles y tres avenidas, conviven vecinos de renta vieja y casi precaristas, que invadieron las propiedades abandonadas de la ciudad a medida que la clase burguesa emigraba a edificaciones más modernas y nuevos pobladores de modernos estilos de vida.

Son estos últimos, entre los que se cuenta Woodard, quienes promueven programas de información para aprovechar mejor el reducido espacio que comparten todos, estimados en no más de 11 mil habitantes.

La mayoría de los vecinos tiene ya algún pote en los balcones y en todos los tejados hay plantas que crecen salvajes, explicó a Efe.

Su propuesta es sembrar inteligentemente y promover el consumo de lo que se siembra.

EFE
Entre propiedades restauradas y por restaurar, Woodard cuenta ya con unos seis viveros en los que cultiva especies tropicales comestibles, hojas, flores, frutos y raíces, de alto contenido nutricional.

En un año largo de trabajo ha conseguido adaptar con éxito cerca de un centenar de especies exógenas, pero de clima parecido al de Panamá, que además ha modificado para conseguir especímenes más compactos, apropiados para balcones y pequeños patios o jardines, y de cosechas más rápidas.

Este modelo de agricultura urbana se ofrece gratuitamente a los vecinos del barrio interesados, a quienes se aconseja, además, qué tipo de planta sembrar, sus cuidados, propiedades y formas de consumo.

Algunos de los exclusivos restaurantes que han apostado por el Casco Viejo como centro de encuentro de moda en la ciudad, declarado además patrimonio histórico por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), confían en Woodard como proveedor a corto plazo de las muchas especies exóticas que requieren sus cocinas.

Entre las más curiosas de las plantas que cultiva, Spencer Woodard destacó la moringa africana (Moringa estenopetala), una hoja rica en proteínas, vitaminas, minerales y carbohidratos de semillas oleaginosas que considera “todo un supermercado”, con al menos cuatro diferentes productos alimenticios, la raíz, las semillas, las hojas y los frutos.

Además, ofrece aceite combustible, lubricante, madera, tintes naturales y su semilla tiene la curiosa propiedad de purificar el agua de cualquier agente patógeno.

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En algunos lugares de África, aseguró, hay poblados completos que viven exclusivamente de la moringa.

Solo con este maravilloso arbusto, que puede crecer en cualquier jardín doméstico, se combate el hambre, la malnutrición, la pobreza, las enfermedades y la deforestación, dijo.
Otra de sus hierbas favoritas es el nim, Azadirata indica, de cuya raíz, con propiedades fungicidas y herbicidas, obtiene lo necesario para mantener sus viveros ecológicamente sanos.

El aceite del nim se usa además para hacer jabones, pasta de dientes y como base para cosméticos, industria en la que también podrían participar como proveedores los vecinos del Casco Viejo.

Más curiosa aún es la “fruta milagrosa” o Sinsepalum dulcificum, pequeñas bayas rojas que torna en dulce el sabor de cualquier alimento que se ingiera hasta dos horas después de haberla comido.

Según Woodard, la miraculina de la “fruta milagrosa” inhibe los receptores de los sabores ácidos y amargos, por lo que hasta el más agrio limón puede parecer un sabroso postre en la boca bajo sus efectos.

En el mercado internacional gastronómico se utiliza como endulzante natural.
La Artocarpus heterophilus, jack o jaca, por su parte, tiene el atributo de ofrecer frutos de hasta 30 libras de peso, ricos en vitaminas y con un exótico sabor entre piña y plátano.

La recomendación de Woodard es sembrar uno en cada casa, por el poco espacio que necesita para crecer y su fácil adaptación al medio.

Originario de India, la pulpa es rica en nutrientes, contiene entre 15% y 25% de carbohidratos, aporta vitamina A y B, calcio y fósforo.

La fruta madura es muy dulce y aun verde puede utilizarse para hacer harina y se come hervida o tostada y las hojas, con casi 20% de contenido proteico, se toman crudas, en ensaladas.

El árbol, muy flexible y de copa copiosa, da sombra y sirve de rompevientos.

En su catálogo botánico destaca también el Katuk, arbusto de pequeñas hojas verde profundo que ya se cultivaba en Borneo, donde, según se cree, los caníbales del área la acompañaban con carne humana.

Su sabor se parece al de los maníes y los guisantes verdes crudos.

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En Panamá, Woodard lo promueve como su planta preferida por su resistencia a las plagas, su fácil propagación, su crecimiento vertical, muy conveniente para el espacio urbano, y su consumo en crudo. “Voy a plantar tanto katuk como pueda”, anunció señalando los parques y espacios baldíos que se salpican por el barrio.

Otra de las plantas escogidas por el excéntrico botánico es la Portulaca oleracea o verdolaga común, que en la ciudad de Panamá crece literalmente entre los ladrillos y en los recodos de las aceras.

En Estados Unidos, indicó, es una apreciada hoja con más contenido de ácidos grasos Omega-3 que ningún otro vegetal comestible.

También es rica en vitamina C, vitamina B y carotenos, además de magnesio, calcio, potasio y hierro, minerales todos necesarios en una dieta completa, y potentes antioxidantes y los griegos la usaban como medicina para aliviar las inflamaciones del sistema urinario y como amuleto para ahuyentar los demonios.

En los jardines comestibles de Woodard hay sitio también para especies más normales, pero igualmente apreciadas, como el orégano, la menta, la albahaca, los autóctonos culantro y achiote y hasta un “bejuco de ajo” que, crudo, sabe como un suculento filete a la plancha.
 
 
     
 
 
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