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Señales para detectar cánceres hereditarios

 
 

Lunes | 02.06.2008

 
 
Por: Jane E. Brody
The New York Times News Service

 
 
MCT/Direct
Todos los cánceres tienen origen genético. Cuando los genes funcionan de manera apropiada, el crecimiento celular es regulado estrictamente, como si un semáforo indicara a las células que se dividieran tan solo cierto número de veces y nada más.

Un cáncer ocurre cuando algo ocasiona una mutación en los genes que limitan el crecimiento de las células o que reparan el daño al ADN.

Lo anterior es cierto, incluso si el cancerígeno está en el ambiente, como el humo del cigarrillo o el radón, o si la causa es viral, como el Helicobacter pylori o el virus del herpes papiloma.

Los agentes cancerígenos inducen el cáncer al ocasionar mutaciones que les permiten a las células escapar a los controles normales.

La mayoría de los cánceres surge de esta manera, esporádicamente en un individuo, y pudieran relacionarse con varias mutaciones.
Pero, a veces, se hereda una sola y potente mutación que provoca el cáncer y puede ser transmitido de una generación a la siguiente. Se estima que entre 5% a 10% de los cánceres tiene una firme base genética; en tanto 20% a 30% presenta un fundamento hereditario más débil, comentó el doctor Kenneth Offit, jefe de genética clínica en el Centro Memorial Sloan-Kettering para el Combate del Cáncer, en Nueva York (Estados Unidos).

PROBABILIDADES GENÉTICAS

MCT/Direct

En el cáncer hereditario, el gen mutado puede ser transmitido a través del óvulo o el esperma a los hijos, en tanto cada uno enfrentaría probabilidades de 50% de heredar el gen defectuoso si uno de los padres es portador, así como probabilidades de 75% si ambos padres son portadores del mismo defecto.

Las mutaciones BRCA1 y BRCA2 están firmemente vinculadas con el cáncer de mama y ovarios en la mujer y un tanto menos vigorosamente con el cáncer de próstata en los varones.

Una mujer con la mutación BRCA enfrenta probabilidades de entre 56% y 87% de padecer cáncer de mama, así como probabilidades de 10% a 40% de sufrir cáncer ovárico.

Algunos riesgos son incluso mayores. Un niño que hereda la denominada mutación RET enfrenta probabilidades de 100% de padecer una forma particularmente letal de cáncer tiroideo.

Además, el riesgo de cáncer en el estómago se aproxima a 100% entre quienes tienen una mutación CDH, dijo Daniel G. Coit, cirujano del Memorial Sloan-Kettering, en una reunión efectuada en fecha reciente.

Megan Harlan, prominente asesor genético en el Sloan-Kettering, dijo que los siguientes son focos de alarma que dejan entrever la posibilidad de que el cáncer sea hereditario.

- Un diagnóstico de cáncer a una edad considerablemente menor que cuando suele ocurrir.

- Cuando se presenta el mismo cáncer en más de una generación de una familia.

- Cuando dos o más cánceres se dan en el mismo paciente o en parientes consanguíneos.

Por ejemplo, una mujer con la mutación BRCA enfrenta un alto riesgo de sufrir tanto cáncer de mama como ovárico.

Una mutación para reparaciones que no coincide, conocida como MMR, eleva considerablemente el riesgo de padecer cáncer de colon y los cánceres uterino y ovárico en cierta medida. De aquí que la incidencia de estos cánceres entre parientes consanguíneos sugiera que la familia pudiera ser portadora de la mutación MMR.

ACCIONES PREVENTIVAS

MCT/Direct

Si el individuo sabe que tiene una mutación genética que produce un alto riesgo de cáncer, tiene la oportunidad de emprender acciones preventivas como la programación de revisiones frecuentes, empezando a corta edad o extirpando el órgano que esté en riesgo.

Si bien la cirugía claramente es una drástica forma de prevención del cáncer, en el futuro quizás los fármacos sean capaces de impedir el desarrollo de cánceres entre personas con alto riesgo, comentó Offit.
Una tercera posibilidad, cuando un gen del cáncer está presente en una familia, está en la fertilización in vitro y el análisis genético a fin de identificar embriones afectados e implantar los que carezcan del gen defectuoso.

Harlan sugirió que una mujer con BRCA debería empezar a temprana edad con el propósito de efectuarse el autoexamen del seno cada mes, así como someterse a revisiones médicas del seno de dos a cuatro veces al año.

Ella también aconsejó una alternación entre mamografías y pruebas de resonancia magnética del seno cada seis a 12 meses, empezando a partir de los 25 años de edad. De manera similar, las normas sugieren que un portador de un gen hereditario de cáncer de colon debería empezar a someterse a colonoscopías cada año o cada seis meses a partir de los 20 a 25 años de edad (o 10 años antes del primer diagnóstico en la familia, si es una fecha anterior).

Una mujer con la mutación de cáncer uterino debería someterse a revisiones con sonogramas y biopsias endometriales cada año, y, agregó Offit, debería considerar la extirpación de su útero una vez que ella ya no desee tener hijos.

Hay cada vez más mujeres con mutaciones BRCA que están optando por mastectomías profilácticas y, en algunos casos, ooforectomías, o la remoción de los ovarios. Eso reduce su riesgo de padecer cáncer de mama u ovárico en 75%.

Coit describió a una familia en la cual el padre y su padre habían desarrollado un cáncer tiroideo vinculado con la mutación RET. El hijo de seis años del hombre menor fue sometido a exámenes y se descubrió que era portador del mismo gen dañado. Debido a que el menor seguramente desarrollaría el cáncer tiroideo, muy probablemente a una corta edad, se extirpó su tiroides. Si bien el muchacho necesitará tomar la hormona tiroidea durante el resto de su vida, la cirugía redujo a cero sus probabilidades de padecer este cáncer, a menudo fatal.

Coit también informó sobre una mujer de 33 años de edad que era portadora de la mutación CDH, asociada con un cáncer estomacal altamente mortífero. Su estómago fue removido y se descubrió que contenía tres sitios microscópicos de cáncer, lo cual hizo que su cirugía preventiva también fuera curativa. Ella es una de 131 pacientes que tienen la mutación y cuyos estómagos fueron extirpados para luego recibir una bolsa con forma de estómago, creada a partir del intestino delgado.

El médico reconoció que la cirugía era una medida drástica, con una tasa de mortandad de 1.5% y una tasa de complicación de 53%. La mayoría de los pacientes no puede comer tanto como solían después de la cirugía.

Adquieren intolerancias alimentarias y pierden peso, pero, con el tiempo, sí logran adaptarse a su nuevo sistema digestivo, notó Coit.

 
 
     
 
 
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