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La pregunta que surge con mayor frecuencia entre quienes me han leído desde hace ya largo tiempo y mis amistades, y quienes no he visto en un buen rato, es, “¿Cómo están tus rodillas?”.
Ellos recuerdan las columnas que escribí en febrero de 2005, tres meses después de haberme sometido al reemplazo de ambas rodillas, procedimiento en el cual describí el inesperado y prolongado dolor, amén de muy mal atendido, posterior a la operación, así como el periodo asombrosamente largo que tuvo que pasar antes de que yo regresara a mis actividades normales.
Quizá algunos lectores recuerden la columna de “un año después”, con respecto a mi regreso a largas caminatas y el patinaje sobre hielo, aunado a la capacidad de estar parada durante varias horas sin sentir dolor. Me alegra informar que he tenido otras mejorías.
Ya estoy bailando de nuevo, y fui a caminar a Tasmania en marzo de 2007, y también a lo largo de Sydney, subí y bajé cientos de escalones, durante varias horas cada día, sin dolor en las rodillas o las piernas.
En marzo pasado, recorrí Vietnam en bicicleta, andando hasta 55 kilómetros al día por caminos calientes y polvorientos, sin dolor alguno.
Pero, la verdad de las rodillas artificiales es que, si bien ciertamente constituyen una mejora respecto de las que presentan artritis severa, como en mi caso, no son como las rodillas normales y saludables.
Existen limitaciones inherentes en los aparatos y técnicas quirúrgicas que emplean la mayoría de los cirujanos. Si bien una gran mayoría de los pacientes termina saliendo muy bien, en algunos casos el aparato falla o existen heridas perdurables en tejidos internos.
Los estudios de cientos de pacientes con reemplazo total de rodilla revelan problemas en potencia que los cirujanos podrían no mencionar con anterioridad.
“Lo que nosotros, como profesionales de la salud, les decimos a los pacientes en el postoperatorio no siempre es lo que ellos necesitan saber”, comentó la doctora Ann F. Jacobson, perteneciente a la Facultad de Enfermería de la Universidad Estatal de Kent, en una entrevista.
Jacobson y sus colegas estudiaron las experiencias preoperatorias y postoperatorias en el corto plazo entre 27 pacientes, mismos que serían sometidos a reemplazo total de las rodillas. En un artículo publicado en el ejemplar de mayo de la Revista de Enfermería Estadounidense, ellos concluyeron: “Los pacientes necesitan estar mejor informados y contar con mejor respaldo antes y después de una cirugía de reemplazo de rodilla”.
Los investigadores descubrieron que muchas personas demoraban por meses la cirugía, incluso años, “pese al aumento del dolor y las limitaciones”, así como la dificultad de mantener su independencia en la vida cotidiana, aunado al tiempo que necesitaban para recuperar su independencia.
“Los pacientes realmente tenían problemas con respecto a la necesidad de molestar a otros”, comentó Jacobson. “Necesitan ayuda desde antes, para que aprendan a soltar temporalmente el control de su independencia y acepten el hecho de que van a necesitar ayuda después de la operación”.
Quizá el hallazgo de mayor importancia en este estudio es que, con frecuencia, a los pacientes les dicen que estarán en cierto nivel de la recuperación y en cierto periodo de tiempo, lo cual a menudo da origen a expectativas nada realistas, destacó Jacobson, agregando: “Todos sanan de manera diferente, y no hay un solo pronóstico que pueda aplicarse a todos los pacientes”.
Por ejemplo, me habían dicho que estaría manejando en cuatro semanas, cuando, en realidad, no podía hacerlo incluso después de ocho semanas.
Además, tuve necesidad de una potente medicación para combatir el dolor a lo largo de cuatro meses, a fin de cumplir con las exigencias de mi vida profesional y personal.
¿Qué hay de los resultados en el largo plazo, tras varios años de la cirugía?
A continuación, presento algunos hechos que, quizá, a los pacientes les gustaría conocer:
- Resulta problemático arrodillarse. Poner el peso sobre rodillas metálicas puede causar dolor, incluso sobre un cojín, lo cual convierte en todo un desafío actividades como la jardinería.
- Una caída sobre la rodilla artificial, incluso un golpe contra algún mueble o un maletín, puede doler mucho más y por más tiempo de lo que uno pudiera esperar.
- Puede ser difícil bajar escalones y pudiera tener que hacerlo lateralmente, con un pie. Una rodilla normal se dobla en un ángulo de aproximadamente 145 grados, pero las rodillas artificiales a menudo llegan apenas a 120 grados, si tiene buena suerte. Pudiera resultarle imposible estar sentado en el suelo con las piernas cruzadas.
- Con todo y el paso del tiempo y muchos meses de terapia física, pueden darse incomodidades residuales. Yo “siento” mis rodillas en cada rotación de los pedales de la bicicleta, aunque la sensación no es algo que llamaría dolor y no basta para impedirme montarla.
- La mayoría de las rodillas artificiales son de metal y hacen sonar la alarma en aeropuertos, lo cual requiere de una revisión con una “varita” detectora.
Quizá esto sea debatible una vez que haya nuevos escáneres del cuerpo en todos los aeropuertos.
- Algunos pacientes necesitan una revisión quirúrgica a los dos años de un reemplazo, debido a problemas técnicos como inestabilidad o alineación deficiente de la nueva articulación.
Con base en el informe de un cirujano en 2005, entre los pacientes sometidos a reemplazo de rodilla, 52% experimentaban límites funcionales, comparado con 22% entre otras personas de su edad.
Entre las limitaciones estaban problemas para arrodillarse, ponerse en cuclillas, movimientos laterales, giros y cambios de dirección bruscos, cargar cosas pesadas, estirarse, fortalecer las piernas, tener relaciones sexuales, jugar tenis, bailar y trabajar en jardinería.
En un estudio británico entre un total de 4 mil 677 reemplazos de rodilla, 10 años después del procedimiento quirúrgico los reemplazos habían cubierto las expectativas de 80% de los pacientes.
De cualquier forma, aún había 30% que tenía algún problema, en tanto 12% necesitaba una revisión en un plazo de 10 años y 22% sentía dolor constante o de manera regular, así como 13% sentía dolor severo.
En otro estudio, pero en Estados Unidos, entre pacientes que habían sido operados seis meses antes, tan solo 35% era capaz de hacer todo lo que quisiera y solamente 13% no tenía restricción alguna sobre actividades.
En otro estudio en este país, un tercio de los pacientes estaba insatisfecho con su operación de seis a 12 meses más tarde. En las palabras de un cirujano, Dr. Pieter H.J. Bullens, “Todo parece indicar que los cirujanos se sienten más satisfechos que los pacientes después de un reemplazo total de rodilla”.
Algunos cirujanos ortopédicos están usando nuevos equipos y técnicas que pueden mejorar el éxito de reemplazos de rodilla, así como reducir al mínimo el riesgo de sufrir complicaciones.
Un nuevo diseño, la rodilla Triatlón, da como resultado una recuperación y regreso a la función más rápidamente, con base en información de cirujanos que la han usado. Otros cirujanos usan computadoras para que les ayuden a colocar y alinear de manera apropiada la articulación artificial. Incluso otros, como el Dr. Peter M. Bonutti, quien dirige una clínica de ortopedia en Effingham, Illinois, y también es catedrático clínico adjunto en la Universidad de Arkansas, han adoptado una técnica menos invasiva. Requiere de instrumentos quirúrgicos de menor tamaño y crea una incisión menor, reduciendo el trauma a los tejidos suaves y evitando el movimiento de la patella o rótula, durante la operación.
Entre 24 pacientes que fueron sometidos a los dos reemplazos de rodilla con el uso de la nueva técnica, Bonutti informó que se había dado una ventaja inicial en que había menos dolor, mucha menor necesidad de narcóticos y un regreso más expedito a la función, incluso entre pacientes que presentaban sobrepeso o que estaban fuera de forma.
Un hombre de edad avanzada dijo que había ido a bailar el día que fue dado de alta del hospital y que, desde ese momento, ha seguido bailando.
En un estudio de seguimiento dos o más años más tarde entre 166 pacientes, de 41 a 94 años de edad, incluidos 25 con doble reemplazo de rodilla, ascendió a 97 el porcentaje de quienes estaban funcionalmente en excelente condición, informó Bonutti, en 2005.
Seis rodillas necesitaron manipulación menor bajo la anestesia, al tiempo que cinco pacientes requirieron de reoperaciones, lo cual ocurrió, dijo, “al comienzo de nuestra curva de aprendizaje”.
¿Cuál es mi propia conclusión? Mis nuevas rodillas son un considerable avance respecto de lo que yo solía tener. No lamento para nada haberme sometido a esta cirugía, y me alegra que no esperé hasta ser incapaz de caminar sin ayuda.
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