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¡Qué bueno consumir pescado!
 
 

Miércoles | 10.09.2008

 
 
Por: Jean-Arsène Yao.
EFE-Reportajes
 
 
LA PRENSA/Archivo
Puede parecer un tópico, pero una dieta sana y equilibrada, capaz de reportar efectos positivos sobre la salud, no puede prescindir del pescado, cuyos beneficios nutricionales y dietéticos son suficientemente conocidos.

No en vano sus ácidos grasos Omega-3 han sido asociados a un sinfín de refuerzos alimenticios saludables.

Así, el consumo de pescado azul puede ser bueno para aliviar los síntomas de enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide, gracias a las prostaglandinas, unas sustancias antiinflamatorias contenidas en los Omega-3.

Estudios como el realizado por el Instituto Paterson de Investigación contra el Cáncer de la Universidad de Manchester (Inglaterra) y publicado por el British Journal of Cancer, relacionan también el consumo de Omega-3 con un menor riesgo de padecer algunos tipos de cánceres, como pueden ser el cáncer de mama, páncreas, colon y próstata.

Según los investigadores, mientras las células cancerígenas utilizan las grasas Omega-6 como fuente de energía para seguir creciendo, las grasas Omega-3, por el contrario, obstaculizan este proceso.

Se aconseja también la ingesta de pescado en el embarazo, la lactancia y la infancia, ya que los ácidos grasos Omega-3 forman parte de las membranas celulares, el sistema nervioso y la retina.

Además, el feto necesita entre 50 y 60 miligramos por día de estos ácidos durante el tercer y último trimestre, periodo en el que se acumulan en los tejidos, especialmente en el sistema nervioso.

Las propiedades nutritivas del pescado otorgan a este alimento otros efectos beneficiosos para la salud. El contenido calórico de los pescados es relativamente bajo y oscila entre 70-80 kilocalorías por 100 gramos en los pescados blancos y 120-200 kilocalorías por 100 gramos en los azules. De ahí que constituyan una buena opción para formar parte de la alimentación de personas con exceso de peso.

Y para reforzar sus huesos, les conviene consumir algo de pescado, cuyas raspas también se comen, como es el caso de las sardinas o anchoas, porque es una fuente alimenticia de calcio. Como ejemplo, el contenido en calcio de 70 gramos de sardinas, es de 210 miligramos, similar a los 200 mililitros que aporta un vaso de leche.

A esto, se suma el hecho de que el pescado presenta un contenido vitamínico bastante interesante. Posee vitamina B1, necesaria para la transformación de azúcares y la conducción de los impulsos nerviosos. La vitamina B2 favorece la absorción de las proteínas, grasas y carbohidratos, y la B12, útil para el crecimiento y funcionamiento del sistema nervioso.

Contiene también vitaminas liposolubles entre las que destacan la vitamina A y E, con acción antioxidante, es decir, constituyen un factor protector frente a ciertas enfermedades degenerativas, y la D que actúa en el intestino favoreciendo la absorción de calcio y fosfato.

PROTEGE EL CORAZÓN

LA PRENSA/Archivo
Hace cinco años, un informe de la agencia estadounidense del medicamento (la FDA), publicado en el diario norteamericano The Washington Post desaconsejaba el consumo de atún por su relativamente alto contenido de mercurio.

Pues bien, un estudio realizado por científicos de Finlandia y publicado por la revista estadounidense Neurolgy consolida al producto estrella de la industria conservera como uno de los pescados más beneficiosos para combatir el riesgo de infartos cerebrales.

El atún, incluso en conserva, el salmón, las sardinas, la caballa y, demás pescados blancos o azules, contienen ácidos eicosapentaenoicos (EPA) que dilatan los vasos sanguíneos, impiden la formación de coágulos o trombos, contribuyen a reducir los lípidos sanguíneos (colesterol y triglicéridos) y regulan la presión arterial.

La investigación basada en el análisis de la dieta de 3 mil 360 pacientes menores de 65 años, durante dos años, ha revelado que aquellos que consumían pescado al menos tres veces por semana tenían menos daños cerebrales asociados con cuadros de hemorragias encefálicas, en comparación con los que solo lo ingerían una vez al mes. El estudio recoge que “cada ración semanal de atún u otro tipo de pescado reduce el riesgo de sufrir una anomalía cardiovascular en un 7%”.

Que nadie se sorprenda de que haya una menor incidencia de infartos y derrames cerebrales en los países mediterráneos, Japón o Groenlandia, donde el pescado está muy presente en la alimentación, que en regiones como Estados Unidos o Europa Central, donde se consume más carne.
 
 
     
 
 
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