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Para bajarle al exceso de alcohol, se requiere esfuerzo grupal
 
 

Jueves | 25.09.2008

 
 
Por: Jane E. Brody
The New York Times News Service
 
 
MCT DIRECT
De todos los consejos que los padres les dan a los hijos cuando se dirigen a la universidad, las advertencias acerca del alcohol ─y particularmente acerca del abuso de alcohol─ pudieran ser las de mayor importancia.

En la mayoría de las universidades, el hecho que los alumnos sean capaces de beber ─y cuánto beban─ puede marcar una enorme diferencia, no sólo en lo bien que les vaya en la facultad, sino incluso si ellos viven o mueren.

Cada estado tiene un límite mínimo para beber de 21 años, y la amplia mayoría de los estudiantes universitarios son menores de dicha edad.

Sin embargo, el consumo de bebidas alcohólicas, y en particular beber para emborracharse, sigue siendo uno de los principales problemas sociales y de salud en los campus.

Choques de automóviles y otras lesiones accidentales, ataques sexuales, peleas, violencia en la comunidad, fracaso académico y muertes a raíz de una sobredosis de alcohol están entre las consecuencias.

Los alumnos universitarios gastan aproximadamente 5 mil 500 millones de dólares al año en alcohol, lo cual equivale a más de lo que ellos gastan en libros, bebidas gaseosas y otras bebidas combinadas. Cada año, el alcohol es uno de los factores a considerar en las muertes de aproximadamente mil 700 alumnos universitarios.

Las consecuencias pueden ser particularmente severas cuando la gente bebe alcohol en exceso, patrón de bebida que adoptan 44% de los alumnos universitarios, han demostrado encuestas en el ámbito nacional de Estados Unidos.

La bebida en cantidades excesivas se define como el consumo de cuatro o más bebidas para hombres o cuatro o más al hilo para mujeres, normalmente en un lapso de dos horas.

"La mayor parte de los daños relacionados con alcohol que experimentan los estudiantes universitarios ocurren entre bebedores capturados por el consumo de esta medida de cuatro o cinco tragos", escribió Henry Wechsler de la Facultad de Salud Pública en Harvard.

Una petición que circula entre presidentes universitarios busca reducir la edad para beber alcohol a 18 años, con base en la teoría que eso reduciría el número de estudiantes que abusan de la bebida fuera de los límites de los campus universitarios.

No obstante, quien se oponen dicen que no existe evidencia sólida de esta creencia y que un mejor plan sería una modificación de la cultura de la bebida en las universidades.

Aproximadamente la mitad de las alumnos que beben con exceso llegan al campus habiendo participado en conductas similares en el bachillerato; un número igual adquiere esta conducta en la facultad, informa Elissa R. Weitzman, también de Harvard, y otros colegas.

Cada año, decenas de miles de estudiantes universitarios terminan en salas de emergencia sufriendo de los efectos de la intoxican por alcohol, que son una amenazan la vida.

Y cada año, aproximadamente 12 estudiantes, incluidos algunos de los mejores y más brillantes y de mayor talento atlético, mueren por envenenamiento agudo de alcohol.

En un estudio de alumnos que sufrieron lesiones relacionadas con el alcohol, se informó que 21% había consumido ocho o más bebidas al hilo.

Aunque las casas griegas, que tienen las mayores tasas de consumo excesivo de alcohol, tienen mala fama por una cultura en la que el alcohol fluye con libertad, algunos estudios han encontrado que estudiantes atletas e hinchas en deportes también están entre los que mas abusan de la bebida, reuniéndose con frecuencia a beber hasta el olvido después de un evento atlético.

ENFOQUE COMUNITARIO

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Se ha llevado a cabo un esfuerzo concertado en la última década por definir los factores que promueven el consumo excesivo de alcohol en los campus y crear métodos efectivos para combatirlo.

Lo que se ha vuelto cada vez más claro para los investigadores es que las universidades no pueden lograrlo por cuenta propia. "Esencialmente, contar con programas enfocados a la reducción del abuso etílico en campus universitarios en la ausencia de intervenciones con amplias bases comunitarias para hacerlo así pudiera ser un poco como reordenar los camastros de la cubierta en el Titanic", dijo el Dr. Timothy S. Naimi, de los Centros para Control y Prevención de Enfermedades.

El Estudio del Alcohol por la Facultad de Salud Pública de Harvard, que comenzó en 1993, ha identificado varios factores ambientales y de la comunidad que promueven el consumo excesivo de alcohol.

Wechsler, quien dirigió el estudio, dijo en una entrevista que la venta de alcohol de alta graduación, por ejemplo, y promociones en bares en los alrededores de campus fomentan que se beba en exceso.

"Algunos venden alcohol en grandes contenedores, peceras y jarras", dijo.

"Hay ofertas especiales: las noches para mujeres es cuando ellas pueden beber gratis; o las cervezas a 25 centavos de dólar; dos bebidas por el precio de una; y la de los ‘revienta-tripas’, en los cuales la gente puede beber todo lo que quiera por un mismo precio, hasta que tengan que ir al baño. Los sitios con estos tipos de promociones presentan mayor abuso de bebidas alcohólicas”

"El precio es un problema", agregó. "Puede ser más barato emborracharse el fin de semana que ir al cine a ver una película".

Si bien es el deber de la escuela educar al estudiante con respecto a los efectos del alcohol y los riesgos de beber en exceso, "la educación por sí sola no funciona", destacó Wechsler. "Se debe atacar tanto el lado de la oferta como el de la demanda".

Más de la mitad de los establecimientos que venden alcohol alrededor de las universidades y participaron en el estudio de Harvard ofrecieron promociones con descuentos de precios, al tiempo que casi tres cuartas partes de los que sirvieron alcohol en las inmediaciones tenían descuentos de precios durante los fines de semana.

Dicho estudio encontró que los sitios que registraban el mayor consumo entre universitarios eran los bares frente al campus y las fiestas fuera de las instalaciones y en casas de fraternidades y hermandades.

LAS ESTRATEGIAS DURAS SÍ FUNCIONAN

Entre los factores asociados con menores niveles de consumo alcohólico estaban firmes políticas estatales y locales sobre el manejo en estado de ebriedad enfocadas a jóvenes y adultos jóvenes, así como políticas estatales sobre control de alcohol como el registro de barriles de cerveza y leyes que restringen las "horas felices", los contenedores abiertos en lugares públicos, la venta de cerveza en jarras y las vallas o espectaculares y otros tipos de publicidad del alcohol.

"Los eventos deportivos en universidades no deberían ser patrocinados por proveedores de alcohol", dijo Wechsler.

Las medidas de la comunidad que contribuyeron a reducir el consumo excesivo de alcohol durante el curso del estudio de ocho años incluyó un límite sobre los establecimientos expendedores de bebidas alcohólicas, entrenamiento obligatorio para quienes sirven bebidas, una severa represión en contra de la venta de alcohol sin licencia y mayor vigilancia de los locales que venden alcohol para que reduzcan el consumo por parte de menores y el consumo excesivo de quienes beben legalmente.

Las prácticas en campus universitarios que arrojaron pequeñas, aunque considerables, reducciones en el consumo excesivo de alcohol incluyeron mayor supervisión sobre fraternidades y hermandades, así como requisitos de acreditación más exigentes para casas de griego, políticas enfocadas a notificarles a los padres de familia cuando los estudiantes tienen problemas con el alcohol, un aumento en salones de residencia libres de sustancia y mas actividades exentas de alcohol como ver películas y el baile, particularmente en las noches de fin de semana.

No obstante, dijo Wechsler, "los presidentes universitarios no pueden hacerlo solos. Ellos necesitan la ayuda de líderes legislativos y de la comunidad. El alcohol se vende y se consume en la comunidad. Los residentes necesitan unirse para poner la situación bajo control.

LO QUE PUEDEN HACER LOS PADRES

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Wechsler exhortó a los padres de familia a que "ejerzan presión sobre las escuelas". Ellos deberían preguntarles a funcionarios de las escuelas a las que asisten sus hijos, o planean hacerlo, qué están haciendo para controlar la bebida; particularmente el consumo excesivo de alcohol.

Cuando visiten escuelas, los padres deberían revisar la calidad de vida en los dormitorios. Si detectan problemas que sugieren abuso etílico, como ruido excesivo o vómito en los baños, "ellos deberían exigir que se encuentre solución a estos problemas", destacó.

Por supuesto, agregó, "los padres deberían hablar con sus hijos acerca del consumo de alcohol. Los padres de familia no deberían pensar que si se trata de una cerveza ─y no una droga─, no hay problema. “La cerveza mata a más gente que las drogas”.

De manera similar, los padres deberían dejarle en claro a los estudiantes que se espera de ellos un desempeño admirable tanto fuera como dentro del aula.

Algunos estudios han demostrado que los alumnos preocupados por sus calificaciones beben menos, pero también los que están participando en trabajo voluntario y en otras actividades tanto dentro como fuera del campus.

 
 
     
 
 
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