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Sea que usted elija o no convertirse en la persona que cuida de su familiar o que esta tarea recaiga en usted debido a las circunstancias, su mayor responsabilidad radica en cuidar de usted mismo más allá del cuidado de su pariente enfermo o discapacitado.
Con demasiada frecuencia, los familiares que proporcionan cuidados se muestran reacios a “abandonar” a sus pacientes, incluso temporalmente, o confiarlos a terceros para que los atiendan. Sin embargo, una persona que prodiga cuidados no debería sentirse culpable de cuidar de la persona más importante.
El cuidado propio no es un acto egoísta. Es un acto esencial, pues una persona que brinda cuidados y acaba agotada, que se tensiona excesivamente, quedando exhausta o enferma, no puede ayudarle a nadie.
Quienes proporcionan cuidados tienen muchas formas de proteger su salud física y emocional, así como un número creciente de organizaciones que pueden ser de ayuda. A veces, lo único que se necesita es pedirlo.
EVITE EL AGOTAMIENTO
Si bien la gente que trabaja para ganarse la vida típicamente tiene descansos para el almuerzo, beber café y semanas de vacaciones, un familiar que cuida de otro no tiene respiro alguno incluido en su trabajo. Sin embargo, haría falta un súper humano para cubrir las exigencias de brindar cuidados las 24 horas del día, durante cualquier periodo de tiempo, sin terminar derrumbándose.
A continuación se incluyen algunas formas de protección en contra del agotamiento de la personas que cuidan de un familiar, incluidas sugerencias por parte de grupos como Fuerza para el Cuidado y la Alianza del Cuidado Familiar.
- Organice una salida en la noche o en la tarde una o más veces por semana. Pídale a un pariente o amigo que lo cubra. Si usted cuenta con un teléfono celular, siempre pueden localizarlo en caso que surgiera un problema que requiera de su experiencia.
- Si las salidas le resultan muy complicadas, invite gente a su casa para conversar, tejer, beber una taza de té, jugar canasta, adelantar un rompecabezas, leer una obra, discutir sobre algún libro: cualquier actividad que usted pudiera disfrutar y que se pueda hacer en casa.
- Consiéntase con un poco de tiempo para relajarse durante una pequeña parte de cada día. Tome un baño caliente, lea un buen libro, vea su programa favorito por televisión.
- Si hay alguien que pueda tomar el control para brindar cuidados durante un periodo más largo, o si usted puede darse el lujo de contratar a un empleado que lo sustituya, organice ocasionalmente una salida de fin de semana.
- Incluya el ejercicio regular en el cálculo de sus responsabilidades en el cuidado de un familiar, para así mantener su vigor físico y mental. Si usted no puede salir de la casa para ejercitarse, compre, pida prestado o alquile equipamiento para ejercicio en interiores o consiga videos de ejercicios y practíquelos frente al televisor.
- Consuma alimentos nutritivos con regularidad. Los abarrotes y comidas en restaurantes pueden ser ordenados por teléfono y entregados a su puerta. Prepare grandes recetas de sus platillos favoritos que puedan ser congelados en porciones individuales y recalentados. Piense en plato principal, sopas y estofados. Considere pedirles a sus amigos, vecinos o parientes que vivan cerca que suministren una comida por semana o, si no hay suficientes cocineros en la vecindad, una comida al mes.
- Tenga bocadillos saludables y bebidas a la mano, como fruta fresca y seca, yogur, nueces y cremas de cacahuate o cremas para untar, vegetales picados, queso bajo en grasa, zumos y jugos vegetales.
- No duerma menos de lo que necesita. Si la persona que usted cuida lo despierta o lo mantiene en vela por la noche, asegúrese de tomar siestas cuando lo haga el paciente. Si la ansiedad interrumpe su sueño, pregúntele a su médico si hay fármacos que le puedan ayudar a tener el descanso que usted necesita. O puede intentar con un remedio que no necesite de receta médica, como la melatonina o la valeriana o un vaso de leche tibia antes de irse a la cama.
- No descuide el cuidado de su propia salud, incluidas vacunas contra la influenza, revisiones y limpiezas dentales, mamografías y exámenes físicos de rutina. Si tiene dificultades para recordar la hora en que debe tomar se medicina y suplementos, use un contenedor de píldoras de “lunes a domingo” o márquelo en una lista. Si usted empieza a padecer algún síntoma preocupante, no posponga una visita al médico.
- Preste atención a las indicaciones de una depresión. Preste mucha atención si usted se vuelve indebidamente irritable, si llora ante frustraciones menores o por nada en absoluto, si se siente abrumado o impotente, pierde el apetito, deja de disfrutar actividades que solían darle placer, o si descubre que está durmiendo muy poco o demasiado. A veces, el solo hecho de platicar la situación con algún amigo en quien confíe -o alguien que también haya brindado cuidados a un pariente- puede brindarle alivio. Sin embargo, no tema buscar la ayuda de un profesional.
- Considere unirse a un grupo de apoyo para personas que cuidan de familiares. Si no hay uno en el área donde usted vive o no puede acudir a uno de ellos, pruebe con un grupo de apoyo en línea.
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