ACTUALIDAD
  Reportaje especial
  Tecnología
  Bebés
  Salud
  Mascotas
  Psicología
  Hogar
  Psicología sexual
 
  ENTRETENIMIENTO
  Discos
  Cine
  Farándula
  Libros
 
  EL IMPRESO
  Hoy por hoy
  Panorama
  Nacionales
  Opinión
  Perspectiva
  Deportes
  Mundo
  Economía y Negocios
  Vivir +
  Reseña
    Sociales
    Horóscopo
 
  SUPLEMENTOS
  Ellas Virtual
  Martes Financiero
  Aprendo Web
  Reseña Empresarial
    Pulso de la Nación
 
  TIEMPO LIBRE
  Turismo
  De interés
  Cine
  De noche
 
  SERVICIOS
  Contáctenos
  ¿Quiénes somos?
 
 
 
 
Un cerebro llamado Toshiba
 
Sábado | 03.11.2007
 

Por: Ignacio Orovio


 
 
AP/Emilio Naranjo
El pasado miércoles, el tribunal de la Audiencia Nacional española que juzgó del 15 de febrero al 2 de julio los atentados islamistas del 11-M emitió su sentencia, en la que absolvió a siete de los 28 procesados.
Barcelona (España) - El cerebro del 11-M no es marroquí ni tunecino ni saudí. Es japonés y responde por Toshiba; en concreto, por Toshiba 328H0581T.
Esa es la numeración del ordenador de Jamal Ahmidan, el Chino, uno de los siete suicidas de Leganés, donde se almacenó la doctrina que guió al grupo.

Un disco muy duro

El aparato saltó por los aires cuando el grupo se suicidó el 3 de abril en Leganés, pero los trocitos fueron recompuestos y analizados.

Su disco duro contenía decenas de documentos recogidos en internet en los que se justificaba la yihad, se explicaba cómo debe actuar un comando terrorista y hasta cómo montar bombas. Lo mismo se encontró en seis memorias USB que había en el piso.

Doctrina desde Irak

Uno de los textos del comando, redactado por la resistencia iraquí, liderada por Abu Musab Al Zarqaui, era extremadamente detallado acerca de la situación política española y auguraba que el gobierno español no soportaría más de "dos o tres golpes".

Una de las primeras decisiones del gobierno de Zapatero fue la retirada de las tropas de Irak (cosa que había prometido de antemano). Ahmidan y Serhane ben Abdelmajid, el Tunecino, pasaban muchas horas en internet, según han desvelado las investigaciones.

Nuevos métodos

El comando no necesitaba estrictamente un ideólogo que les dijera qué hacer: el 11-M estrena un sistema de trabajo del yihadismo radical, que consiste en que el guía espiritual (Osama bin Laden) lanza por internet o televisión (el 17 de octubre de 2003) una amenaza concreta contra algunos países (España y otros cinco en este caso) y a partir de ahí los radicales asentados en dichos países (Ahmidan y su grupo de narcos y desarraigados, bajo el influjo religioso del Tunecino) se ponen manos a la obra. En este caso, a acelerar unos trabajos que ya habían comenzado.

Seis meses de trabajo

El Chino y el Tunecino están en el proyecto al menos desde el 1 de octubre de 2003, casi seis meses antes del atentado. Ese día son vistos en la terraza de la mezquita de la M-30. Ambos llevaban años en España.

El primero es un narco y adicto a drogas varias que expiará sus culpas dedicando dinero a cascadas y su propia vida al yihadismo; el segundo es un estudiante de economía que se va encerrando en sí mismo y radicalizando bajo el influjo, sobre todo, del marroquí - huido- Amer Azizi.

REUTERS
Hassan El Haski.
Corrientes y fuentes

¿Tenían un líder ideológico, alguien que les dijera por qué debían hacerlo? No estrictamente, aunque el Tunecino era un intelectual, un tipo leído, resentido con Occidente, con el objetivo vital de dejar este mundo llevándose unos cuantos por delante, que jugó en buena parte ese papel.

El grupo bebió de diversas fuentes y se empapó de diversas corrientes, pero no tuvo un ideólogo en el sentido clásico del concepto.

Una de las principales influencias, y a la que la sentencia otorga importancia, es la de Hassan el Haski, al que condena a quince años por pertenencia a organización terrorista y con galones de dirigente.

La importancia de El Haski

La sentencia otorga credibilidad a las declaraciones policiales de los radicales Bachir Goumid, Yousef M. Saad y Attila Turk, que tildaron a El Haski de jefe del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM). En el juicio, Turk se retractó de lo dicho, que había declarado espontáneamente, dice la sentencia.

Aparte de incriminar a El Haski hasta las cejas, aquellas declaraciones conllevan otras dos consecuencias fundamentales: El Haski decía que Jamal Zougam era “el que hizo los atentados” y El Haski es, entonces, jefe del grupo que considerará a Europa como “tierra de guerra”.

Una preposición nefasta

Jamal Zougam fue el primer detenido, el 13 de marzo de 2004. El miércoles, se consideró probado que tomó el último de los trenes para depositar en él un artefacto.

Tres pasajeros le reconocen y, aunque inicialmente se le ubicó en dos vagones distintos, el tribunal no tiene ninguna duda de que fue uno de los asesinos.

Es más, su hermanastro y su madre aseguran, detalla la sentencia, que el 11-M a las 9:45 p.m. dormía, pero no aseguran que a la hora de partida del tren estuviera en la cama.

Una cuestión de preposición, si se quiere: no dijeron que durmió “hasta” las 9:45 p.m., sino que “a” esa hora lo hacía. Resultado: una condena de 43 mil años como autor material del atentado.

REUTERS/Emilio Naranjo
En total, 21 de los 28 acusados fueron convictos de delitos que oscilaron desde el tráfico de armas a la pertenencia de una organización terrorista y el homicidio.
Europa, tierra de guerra

El GICM, cuyo liderazgo es asumido por El Haski - dijo Turk a la policía- es el organizador de una cumbre en Estambul, en febrero de 2002, en la que se establece la que será una de las bases de actuación del comando del 11-M: la yihad debe hacerse donde se pueda.

Resulta que Estados Unidos acaba de invadir Afganistán y cientos de combatientes buscan trabajo. La cumbre no elige Estambul por casualidad.

Esta ciudad es el cruce de caminos por donde, en esa época, y en los años anteriores, pasan todos los yihadistas que quieren viajar a Afganistán a entrenar y a combatir; también es la ruta de entrada de entre 40 mil y 90 mil inmigrantes ilegales hacia Europa, un verdadero camuflaje para terroristas.

Cómo camuflar un ‘e-mail’

La sentencia detalla cómo El Haski -que se declara analfabeto cibernético- camufla sus mensajes.
Los escribe en el borrador de su e-mail babana12002, en Yahoo y Hotmail, y ahí los leen los interesados. No se envían. Son indetectables.

Los autores materiales


Una de las sorpresas de la sentencia es que se considera autores materiales a Ahmidan y a Ben Abdelmajid.

La investigación policial no estaba en esta tesis. Consideraba, por su perfil psicológico y por experiencias vitales narradas por su entorno, que probablemente ambos líderes se habían retirado en el momento cumbre o “de acción”.

AP
El 11 de marzo de 2004, los atentados terroristas en la red ferroviaria madrileña de cercanías mató a 191 personas e hirió a más de mil 850.
El tribunal estima que los siete suicidas, más una octava persona no identificada, además de los condenados esta semana, Jamal Zougam y Othman el Gnaoui son los autores materiales de la matanza.

Al menos estos 10 hombres pusieron las 13 bombas, dice el tribunal. La policía consideraba que fueron nueve los que las transportaron; tres de ellos habrían colocado otras tantas junto a la puerta - donde estallaron las cuatro primeras depositadas en los vagones- y habrían regresado a los coches a por más bolsas.

Pesquisa amenazada

Zougam fue la clave en la investigación porque una de las tres bombas que no explotaron llevaba una tarjeta telefónica vendida en su locutorio.

El rastreo de ese elemento llevó a Chinchón -donde se montaron las bombas- gracias a las antenas de las compañías telefónicas.

Ese rastreo fue posible gracias a la activación de un sistema de control y registro de las llamadas telefónicas -sólo la señal que dejan, no el contenido- que el gobierno del Partido Popular había diseñado pero no se había atrevido a poner en funcionamiento de forma oficial.

Lo hizo el 11-M y esta fue la clave para desarticular al comando. Este sistema de control fue recurrido por una asociación de internautas ante el Tribunal Supremo.

Con el juicio en curso, el análisis jurídico del asunto fue pospuesto. Ninguna defensa alegó nada durante el juicio, de modo que es difícil que tenga ningún efecto sobre la sentencia, según valoran fuentes de la fiscalía de Madrid.

La sentencia explica que el jefe de seguridad de Amena facilitó a la policía la primera información sobre el punto de venta de la tarjeta, una información “que no está protegida por derecho fundamental alguno, ni su obtención sujeta a previa autorización judicial”. “Y, posteriormente, cuando sitúa el registro de esa tarjeta en la BTS de Morata de Tajuña, ordena que se guarden los datos, pero no los facilita a la policía hasta el día siguiente, cuando ya tiene un auto judicial autorizándolo”.

La sentencia tacha de “irreprochable” la actuación del jefe de seguridad de dicha empresa.

El misterio

AP
Abdelmajid Bouchar.
Azizi, el gran ausente: El gran ausente en el caso es aún Amer Azizi, marroquí de gran influjo en el Tunecino y que no aparece ni citado en la sentencia de la Audiencia Nacional.

Se supone que Azizi puede ser el referente ideológico, aún en la distancia, de Ben Abdelmajid, a través de internet y desde, quizás, los alrededores de Osama bin Laden.

Juicio inacabado

Moutaz y Hriz, sólo procesados: La sentencia del pasado miércoles tiene valor de antecedente para dos procesados que fueron detenidos en el extranjero y no han sido juzgados.

Abdelillah Hriz, preso en Marruecos (que no quiere extraditarlo), dejó sus huellas en escenarios de la matanza, mientras que Moutaz Almallah Dabas, supuesto ideólogo, fue enviado desde Londres en marzo.
 
 
¡ESCRÍBENOS TUS COMENTARIOS AQUÍ!
   
     
 
 
Publicidad
 
© Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá