La preocupación medioambiental crece, pero este interés no siempre produce sistemas que identifiquen los productos fabricados bajo criterios verdes, que consumen poca energía o que son fácilmente reciclables al final de su vida.
La industria de la electrónica de consumo y la informática son un ejemplo del problema y ahora mismo resulta muy difícil identificar con garantías los productos más ecológicos.
Abundan las señalizaciones confusas y faltan etiquetas genéricas, asumidas por toda la industria, que informen imparcialmente.
Quien busque la pista ecológica en el enorme catálogo de artículos tecnológicos, como televisores, reproductores de mp3 o móviles, tiene muchos números para finalmente acabar confundido.
La manufactura totalmente ecológica de los productos tecnológicos es, hoy por hoy, imposible. Pero, admitido el dato, se echan en falta etiquetas oficiales y obligatorias que informen sobre la realidad de cada aparato.
“No existe ninguna etiqueta que explique claramente al consumidor el nivel verde de la fabricación en cada producto. No es un tema sencillo, pero habrá que abordarlo si queremos un consumo más responsable”, explica Gemma Molins, profesora de Ingeniería Química y especialista en Medio Ambiente de la Universitat Politècnica de Catalunya.
Lo más cercano a este concepto informativo son etiquetas como la Ecolabel y otras.
El problema es que son de uso voluntario, que cada una tiene un nivel de exigencia diferente y que no están muy implantadas, porque cumplirlas y obtener el certificado acarrea costos extra para las empresas.
En su sustitución, muchas firmas utilizan etiquetas propias que, por ejemplo, avisan que las pantallas o las soldaduras están libres de plomo.
Son mensajes valiosos, pero que no están contrastados por organismos independientes. Asimismo, algunos fabricantes publicitan que cumplen la norma ISO 14.001, de gestión medioambiental. Es una buena tarjeta de presentación general de la empresa, pero no presupone que sus productos sean verdes.
El consumo energético es un apartado en el que hay más información, aunque globalmente también resulta insuficiente para organizar una compra respetuosa con el medio ambiente. Se está imponiendo el referente Energy Star para algunos productos informáticos, pero no hay un indicativo común para la mayoría de gadgets.
Ni tan solo para los televisores planos, que son un caso interesante por sus ventas -en España en los tres últimos años se han vendido seis millones de estos aparatos- y porque de entrada han supuesto un mayor gasto de energía, ya que emplean pantallas mucho mayores que los aparatos de tubo.
Albert Sanz, responsable de comunicación de Panasonic, explica las dificultades para unificar criterios. “Como la medición del gasto de energía puede hacerse aplicando diferentes estándares y métodos, cada fabricante adopta los que le benefician más. Se está trabajando para unificar criterios que permitan informar mejor, pero llevará tiempo”.
La etiqueta Energy Star, que indica un ahorro energético, empieza a verse en ordenadores, impresoras y similares. "Es una norma muy útil y que el usuario debe tener en cuenta al comprar. La Energy Star analiza los productos en funcionamiento y también cuando están en standby, algo que debe valorarse porque hay aparatos que se pasan muchas horas así y también consumen”, indica Anna Navarro, directora de atención al cliente de Epson.
Reciclado. Otro apartado confuso. Existe un símbolo genérico, el cubo de basura tachado, que aparece en casi todos los gadgets, aunque sólo indica que se trata de productos de recogida selectiva. El usuario, a la hora de deshacerse del aparato, está obligado a llevarlo a un punto verde o a la tienda en la que ha comprado el recambio. A partir de ahí el producto será reciclado en un operativo en el que intervienen entidades de gestión de residuos como Tragamóvil o ECOLEC. Es un símbolo de uso gratuito por parte de la industria y que no implica ninguna obligación para los fabricantes o importadores.
Según Íñigo Núñez, portavoz de la fundación ECOLEC, “cualquiera puede utilizarlo y no indica que el fabricante que estampa este dibujo en su gadget asume la responsabilidad económica del reciclado, como determina la ley. Algunos lo hacen y otros no. Existen empresas e importadores que utilizan siempre el símbolo y sistemáticamente rehúyen esta obligación”. |