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Ante la avalancha de rumores, Motorola ha admitido que entre las diversas soluciones que estudia para los problemas de su división de teléfonos móviles, se incluye la opción de segregarla como empresa satélite o, en última instancia, venderla.
Pese a su vaguedad, el anuncio marca un hito en la historia de la compañía que en el ya lejano año 1983 lanzó al mercado el primer teléfono móvil portátil, el DynaTAC.
Dos meses después de ser promovido al sillón de consejero delegado, Greg Brown ha tomado personalmente el mando de la problemática división, que genera la mayor parte de los ingresos de la compañía, pero es también la fuente de sus pérdidas.
En las manos de Brown está el salvarla o liquidarla. En el sector, pocos confían en la primera tesis y menos aún en la segunda. ¿Qué sería de Motorola si se amputara el 49% de su cifra de negocio?
Hay quien piensa que Brown ha movido una ficha táctica para tratar de desmontar la jugada del financiero Carl Icahn, que desde hace tiempo reclama la fragmentación del grupo en beneficio de sus accionistas.
Aunque no tiene la pinta de Michael Douglas, Icahn evoca el personaje de Gordon Gecko, que el actor encarnaba en el filme Wall Street. Su receta, que ya aplicó en otras empresas, es el despiece y venta de activos.
Durante más de un año, Icahn se enfrentó a Ed Zander, a la sazón consejero delegado de Motorola, hasta forzar su dimisión.
Tras un paréntesis, ha vuelto por donde solía: haciendo valer su 5% del capital, presiona para colocar cuatro representantes en el consejo. Brown pretende evitar el choque frontal y amaga con tomar la medida más drástica. La primera reacción de Icahn ha sido ésta: “Motorola se mueve en la buena dirección, pero le queda mucho camino por recorrer”.
Paradójicamente, las dificultades de hoy se originan en el mayor éxito de Motorola, su teléfono Razr, cuyas ventas arrasaron durante el año 2005 y parte de 2006.
En un mercado esencialmente voluble, ninguno de sus modelos posteriores tuvo un tirón comparable. La división se desgastó en un catálogo disperso de teléfonos y plataformas, y su cuota de mercado bajó del 23% al 12%. Perdió el segundo puesto de la tabla y está a punto de retroceder a la cuarta posición.
Motorola no puede permitirse que el tiempo corra. Al cierre de 2007, las ventas de su división de móviles descendieron un 33%, hasta acabar perdiendo 804 millones de euros.
De no tomar la iniciativa todo iría a peor y sus acciones, que llegaron la semana pasada a tener un repunte, volverían a hundirse.
Puede que sea demasiado tarde para segregar la división y sacarla a bolsa, como ya hizo en su día con la actual Freescale.
No obstante, salvaría de la quema las otras divisiones, éstas rentables. En particular, liberaría energías que dedicar a la firme apuesta de Motorola por la tecnología de redes Wimax.
Una alternativa, que otros han intentado para preservar sus marcas sin eclipsarse del todo, sería asociarse con un fabricante asiático con déficit identitario.
Es lo que hicieron Alcatel/ TCL y Siemens/BenQ, dejando malos recuerdos. También podría procurar una alianza como la que acertadamente forjó Ericsson con Sony (y, en Japón, Panasonic con NEC o Sanyo con Kyocera).
La dote que Motorola podría aportar sería su valioso 44% del mercado norteamericano, pero el espectro de la recesión estaría en la mente de cualquier candidato.
En el extremo de poner en venta la división de móviles, su precio rondaría la cifra de los 4 mil millones de euros (5 mil 874 dólares), según los analistas de Bear Stearns.
Mark Mc-Kechnie, de ATR, llega a decir que 5 mil millones “sería una oferta generosa”.
¿A quién podría interesar? De sus competidores directos, Nokia queda descartado; Samsung y LG se cargarían de problemas a cambio de reforzarse en Estados Unidos y América Latina.
El eventual interés de Sony Ericsson ha sido desmentido desde Estocolmo. Nuevos rumores apuntan a las firmas chinas Huawei y ZTE, que pacientemente comen mercado en los países emergentes. ¿Aprobaría el muy patriota Carl Icahn esta desnacionalización de Motorola? |